Graciela Iturbide: «La fotografía es el arte que desafía, fija y a veces mata el tiempo»
CULTURA
La mexicana, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, ha asegurado que su cámara ha sido «un pretexto para conocer el mundo y sus culturas» y una vía para comprender lo que ve y lo que siente
24 oct 2025 . Actualizado a las 19:16 h.La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, ha reivindicado este viernes en Oviedo la fotografía como «una interpretación de la realidad y no la verdad misma», y ha defendido el arte como una forma de conocimiento, de poesía y de libertad frente a las fronteras.
«He pasado más de medio siglo mirando al mundo por una ventanita de apenas unos centímetros cuadrados. ¿No resulta paradójico que me otorguen un premio tan prestigioso por una hazaña tan circunscrita?», ha comenzado su discurso la artista, entre la ironía y la gratitud, durante la ceremonia celebrada en el Teatro Campoamor ante los reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía.
Iturbide, considerada una de las grandes figuras de la fotografía latinoamericana, ha asegurado que su cámara ha sido «un pretexto para conocer el mundo y sus culturas» y una vía para comprender lo que ve y lo que siente. «La fotografía no es la verdad, sino la interpretación de una realidad que el artista aprehende con sus emociones, sus sueños y su intuición», ha afirmado, citando al maestro Brassaï: «La vida no puede ser captada ni por el realismo ni por el naturalismo, sino solamente por el sueño, el símbolo o la imaginación».
La artista, de 83 años, ha recordado que buena parte de su obra se centra en el mundo indígena de México, «donde sobreviven y resisten las comunidades apartadas y desfavorecidas». Ha explicado que ese trabajo le permitió recorrer su país y comprender su propio mestizaje: «Soy el resultado de la fusión de dos culturas, dos visiones del mundo casi siempre encontradas. La historia de México es la del sincretismo que me habita».
En su intervención, ha tenido también palabras de reconocimiento para los intelectuales y artistas españoles exiliados tras la Guerra Civil que enriquecieron la vida cultural de México. «No puedo olvidarlos en un momento como éste», ha afirmado.
Iturbide ha rechazado las etiquetas que califican su obra de mágica: «Más me interesa que haya una dosis de poesía en ella». Y ha reflexionado sobre la naturaleza del arte fotográfico, que a su juicio «devela un fragmento de realidad para volver a velarlo y no dilapidar el misterio que recoge». «Nunca he construido ninguna imagen —ha precisado—; todas han sido fruto del azar o del encuentro».
Recordando a su maestro Manuel Álvarez Bravo, ha evocado el consejo que marcó su carrera: «No hay que apresurarse, hay tiempo». «La fotografía —ha dicho— es el arte que lidia con el tiempo, que lo desafía, lo fija y, a veces, también lo mata».
En la parte final de su discurso, Iturbide ha reivindicado la vocación universal del arte: «Más allá del sincretismo que me constituye, me considero una ciudadana del mundo. El arte fotográfico no conoce fronteras, ni tiene pasaporte, ni necesita visas, por más que algunos hombres poderosos pretendan limitar el libre tránsito entre los países y coartar la libertad de pensar y de crear».