«Los nombres», el debut que suena a libro del año

CULTURA

En su primera novela, la británica Florence Knapp explora tres posibles respuestas a la clásica pregunta «¿qué hubiera pasado si...?»

17 mar 2026 . Actualizado a las 08:42 h.

Todos nos hemos planteado alguna vez la pregunta. Fantasear con los mil caminos no caminados que traza el clásico «¿qué hubiera pasado si...?» es algo cotidiano y universal. Un juego divertido que, en Los nombres, se eleva a categoría literaria. El debut de la británica Florence Knapp —un superventas en Reino Unido que se traducirá a veinticinco idiomas— fantasea con las tres vidas paralelas que podría llevar un bebé en función del nombre que su madre elija para él. Así empieza todo. Cora, con su hija mayor en una mano y el carrito de su recién nacido en la otra, se planta en el registro civil. Su marido quiere que el retoño se llame Gordon, como él y como el abuelo, pero ella teme que transmitir el nombre familiar a una nueva generación implique también transmitir la ira y la violencia de los hombres de su estirpe. Su hija quiere ponerle a su hermanito Bear —oso, en inglés— porque suena «tierno, pero valiente». Y Cora había pensado en Julian, solución intermedia para romper la furia heredada sin despertar a la bestia...

Surgen entonces, como tres ramas del mismo árbol, las tres vidas de Gordon/Bear/Julian y toda su familia. Vamos dando saltos a lo largo de las décadas para conocer, de manera intercalada, las tres versiones de lo que pudo ser. Mismo tiempo, mismos personajes, distintas realidades.

Entremezclar las tres es un acierto. Al acabar cada capítulo dedicado a uno de los personajes quieres saltar directamente a su próxima aparición. Sin embargo, aunque puede que cada lector se interese más por una historia que por otra, todas cumplen su función de contrapunto dramático o ligero según el momento. Así que, a menos que quieran hundirse en la miseria, no se recomienda la lectura a la carta, a lo Rayuela.

Más allá del fresco formato, Knapp ha escrito una novela durísima sobre la violencia machista en el núcleo familiar y todas las capas por las que consigue filtrarse. ¿Por qué es tan importante nuestro nombre, si tan solo es una palabra? La británica deja claro que los grandes eventos y las grandes decisiones —un accidente, una oferta de trabajo...— te cambian la vida, pero son las palabras —las buenas, las malas y las que no decimos— las que dejan una huella imborrable y forjan nuestro carácter. Lo saben los padres, que siempre van con pies de plomo porque los niños son como esponjas. Resulta que todos somos un poco esponjas por dentro.