El 23 de abril de 1976 se publicó uno de los discos más influyentes de la historia del rock que fracasó comercialmente pero lo revolucionó todo
23 abr 2026 . Actualizado a las 08:28 h.Cierto es que hubo precedentes como MC5, Iggy Pop y New York Dolls, pero el disco homónimo que los Ramones lanzaron tal día como hoy en 1976 supuso el kilómetro cero del movimiento que iba a cambiar la historia de la música popular. Como si todo volviera al origen, el grupo de Queens se enfrentó a un rock que cada vez resultaba más ampuloso y adulto. En su lugar, ofreció un sonido urgente y juvenil que colocaba el pop de chicas de los años sesenta dentro del magma guitarrero de The Stooges. Fracasó comercialmente, pero lo revolucionó todo.
Sin este elepé, Sex Pistols y The Clash —que cambiaron su sonido tras verlos en directo— serían muy diferentes. Green Day y Blink-182 directamente no existirían. Y formaciones como Metallica o Nirvana carecerían del empujón que necesitaron para emprender su camino. En España, su rastro se detecta en grupos tan dispares como Los Nikis, Siniestro Total, El Canto del Loco y Carolina Durante. Todos ellos cayeron rendidos al «Hey! Ho! Let's Go!», verso que abre el disco, y a todo el festival de melodías y electricidad que lo sigue.
Son 14 temas brevísimos (el más extenso, 2.38 minutos) tan directos que en muchas ocasiones usaban en su título la fórmula «I wanna...» o «I don't wanna...» para mostrar la frustración de unos jóvenes apartados de todo y sin posibilidades de nada. «Ahora quiero esnifar pegamento / ahora quiero tener algo que hacer», canta Joey Ramone reflejando el hastío con la precisión quirúrgica del bisturí de la sencillez pop.
En la portada, con esa imagen clásica de chupas de cuero estudiada en la mente del implacable Johnny Ramone, se mostraban duros. Pero también había algo de vulnerabilidad en sus rostros que se transmitía en las canciones. Porque en piezas como I Wanna Be Your Boyfriend («¿Me quieres tanto como yo a ti? ¿Me vas a hacer llorar?») y Listen To My Heart («Estoy cansado del sufrimiento / estoy cansado de llorar») aparecen unos parias con el corazón magullado, incapaces de gustar al sexo opuesto y rabiosos con lo que les ha tocado vivir. La adolescencia en estado puro —y crudo —servida en un puñado de temas gloriosos. Los que llevan cinco décadas siendo el espejo de todos aquellos que, al encontrase mal, necesitan un certero calambre de punk-rock.