Kathryn Stockett: «Ojalá tuviera excusa de por qué he tardado 17 años en publicar un nuevo libro después de 'Criadas y señoras'»
CULTURA
Uno de los regresos más esperados. Después del éxito cosechado con Aibileen y Skeeter, la autora vuelve con una nueva tanda de personajes cautivadores en su nuevo libro «El club de las indomables»
14 jun 2026 . Actualizado a las 10:18 h.Hace 17 años, más de quince millones de lectores en todo el mundo se enamoraron perdidamente de las revolucionarias historias de las criadas Minny y Aibileen y de las señoras Skeeter o Celia Foote. Personajes que llevaron a Kathryn Stockett (Misisipi, 1969) a lo más alto de las listas de éxitos literarios de todo el mundo. Allí permaneció meses. Pero de ese Olimpo pasó directamente al infierno de la página en blanco. Un calvario que le llevó incluso a rescindir su contrato con la editorial con la que estaba: «Cuando llevaba siete años escribiendo mi nueva novela, me echaron. Fue un golpe del que tardé seis meses en recuperarme. Pero luego resurgí de las cenizas». Y lo hizo más fuerte que nunca con El club de las indomables, un esperado regreso de casi 900 páginas que le permite volver a reivindicar el papel en la historia que tuvieron mujeres olvidadas y maltratadas por el sistema. De la pluma de Stockett vuelven a salir, una vez más, unos personajes que encandilan, temas más importantes que nunca (como el racismo o el sexismo) y unas tramas que conmueven desde el primer momento.
—No puedo evitar preguntarle por su relación con «Criadas y señoras». ¿Qué tenía que tener esta historia para convencerla de que había llegado el momento de volver a publicar una novela? ¿Hubo otros proyectos que descartó antes de encontrar esta historia?
—Ojalá tuviera una excusa para decir que tenía tantas cosas entre manos y tantos proyectos en la cabeza que por eso he tardado 17 años. Tuve claro desde el principio que quería focalizarme en esto. Me costó un poquito arrancar, encontrar la chispa que acabó desencadenando El club de las indomables. Incluso cuando ya llevaba unos siete años escribiéndola me echaron de la editorial. Y fue un golpe. Pero si tengo algo, es que soy cabezota.
—El libro está inspirado en hechos reales relacionados con las esterilizaciones forzadas y las políticas eugenésicas. ¿Cómo descubrió este episodio histórico?
—Di con esta ley mientras me documentaba sobre todas las limitaciones con las que tenían que lidiar las mujeres y las personas negras en 1933 en Misisipi. Por ejemplo, había leyes que impedían el mestizaje, que las personas blancas y negras se casaran o incluso que tuvieran relaciones. Y di también con una ley que legalizaba la esterilización para personas declaradas mentalmente débiles. Era una limpieza de la sociedad. A mediados de la década de los 30, Hitler llegó a contactar con el jefe de la Sociedad de Eugenesia de California para que lo visitara en Alemania y le informara sobre cómo procedían ellos… Y me di cuenta de que todo esto había sentado los cimientos del nazismo en Europa. Además, la mayoría de las personas a las que aplicaban esta esterilización eran mujeres que, normalmente, no estaban muy bien económicamente y que no se podían defender. Mujeres que habían tenido hijos fuera del matrimonio o las que se consideraban promiscuas. A partir de ahí, el libro cobra vida.
—Reúne en su novela a mujeres muy distintas que terminan formando una familia alternativa. ¿Le interesaba explorar esa sororidad femenina que salvó a tantas?
—Es que esto es algo que nos pasa a muchos. Si no te sientes cerca de tu familia de sangre porque no compartes ideales o por lo que sea, te tienes que arropar en tu familia encontrada. Mi familia es muy conservadora y yo soy sumamente liberal. Personajes como Birdie, Meg o Flossie lo que están buscando es ver cómo encajan en este mundo. Y eso es algo con lo que nos podemos identificar la gran mayoría de nosotros.
—Aunque la novela transcurre en 1933, muchas de las cuestiones que plantea (el control sobre el cuerpo femenino, la desigualdad económica, la estigmatización de las mujeres), desgraciadamente siguen siendo muy actuales. ¿Era importante para usted establecer ese diálogo con el presente?
—Al escribir sobre el pasado, que claramente es donde me siento más cómoda, es natural encontrar similitudes con la época contemporánea a medida que vas explorando. En Criadas y señoras me pasó y me ha pasado también en El club de las indomables. Es la prueba, una vez más, de que la historia se repite. Una se plantea quiénes eran nuestras madres o nuestras abuelas, y escuchamos siempre eso de: «Bueno, es que eran otros tiempos, vivían en otra época». Pero es que al final eran mujeres, como tú y como yo, luchando por lo mismo y viviendo casi nuestras mismas vidas: amando a sus hijos e intentando crear un hogar seguro para toda la familia. Seguimos buscando nuestra independencia y nos encontramos con que al final estamos luchando por lo mismo.
—Si pudiera sentarse en una mesa con las protagonistas de este libro, ¿qué cree que le dirían sobre el mundo que hemos construido?
— Birdie se reiría viendo los roles de género que todavía arrastramos, esos roles tan marcados por cuestiones de género o de religión. Meg se impresionaría por poder acceder a un montón de libros. Eudora Welty es una de mis autoras favoritas y ella cuenta que cuando nació, en 1909, en su casa solo había cuatro o cinco libros. Les resultaría increíble a esas mujeres pensar que pueden tener una estantería llena. Y Charlie se sentiría aliviada por poder vivir tranquilamente siendo madre soltera.