Victoria Martín, cómica y guionista: «Disfruto mucho de la vergüenza ajena, es lo que más me gusta del mundo»

CULTURA

Victoria Martín
Victoria Martín ANDRÉS GARCÍA LUJÁN

Confiesa que la crisis de los 30 le pegó «muy fuerte», que le gusta pasar tiempo sola y que su única manía de «diva» es escoger hoteles donde las camas estén bien. A base de humor negro y sinceridad, así ve la vida la creadora de «Se tiene que morir mucha gente»

13 jun 2026 . Actualizado a las 10:04 h.

Victoria Martín de la Cova, —que no Berrocal— vino al mundo en 1989. Para poder sobrevivir en él, la madrileña se aferró a la ironía y al humor. Por suerte, le funcionó y consiguió conquistar a muchos con sus movidas y sus pódcast, donde tras años estirando el chicle junto a Carolina Iglesias, convirtió a sus seguidores en malas personas. Entre guiones y micrófonos, por el camino, la cómica también tuvo tiempo para escribir una novela llena de chistes ácidos y momentos de vergüenza ajena bajo el título de Se tiene que morir mucha gente. Ahora, la historia de Bárbara, Maca y Elena ha llegado a Movistar+ para mostrarle al mundo que la amistad femenina puede ser —y es— complicada.

—Tu nombre real es María Victoria Olaya Martín de la Cova. ¿Eso entra en el DNI?

—Olaya no, pero es mi nombre de bautismo. Mi padre es gallego, de A Coruña, y le hacía ilusión ponérmelo. Es curioso, porque mi hermana se llama Paula, que es un nombre cortísimo, y podría haberse llamado María Paula. En cambio, yo me llevé los tres por goleada: María, Victoria y Olaya.

—¿Crees que esta etapa de promoción de tu serie te ha ayudado a mejorar tu batería social o a empeorarla?

—¡Ostras! No sé. Desde luego, me ha dado más práctica, pero tenía unas ganas de estar en mi casa ya... Lo que me queda, como es por teléfono, no me perturba. Pero lo de estar presente en todos los programas creo que ha sido demasiado para mí y hasta para cualquiera.

—La serie se llama «Se tiene que morir mucha gente». ¿Cómo te gustaría que fuese tu funeral?

—Me gustaría que la gente llorara muchísimo. Nada de fiestas. Una buena lágrima, que lo pasaran mal. Aunque yo creo que va a ser todo lo contrario, porque dirán: «¡Por fin!» [Risas].

—La trama gira alrededor de Bárbara, Elena y Maca. Viéndolas, te planteas qué tienen en común para ser amigas, porque discuten constantemente...

—El problema es ese, que llega un punto en el que cuando creces, te das cuenta de que son amigas de la infancia a las que quieres mucho porque son como parte de tu familia, pero no tienes nada en común con ellas. Me venía a la cabeza la peli de Almas en pena, basada en dos amigos donde uno le dice al otro que ya no quiere continuar con la amistad y el otro no lo comprende. La amistad es algo muy importante para nosotros como especie. Creo que ellas, a pesar de todo, se quieren mucho y Bárbara las acepta, aprendiendo que existen diferentes puntos de vista y no tiene la verdad absoluta sobre todo. Pienso que tener amigos con los que tengas todo en común te hace estar en una burbuja muy peligrosa.

«Cuando creces, te das cuenta de que son tus amigas de la infancia a las que quieres mucho, pero no tienes nada en común con ellas»

—Aunque en la historia cualquier parecido con la realidad es «pura coincidencia», ¿te ha llamado alguna amiga para echarte la bronca?

—Bueno, ha habido cosas... [Risas]. Tengo una amiga que es muy Elena. Lo bueno que tiene ese personaje es que no es consciente de que es así. Es este tipo de gente que tapa todo y se muestra incluso desde un lugar más estúpido, pero no lo son en absoluto, simplemente son supervivientes. Mi amiga estaba viendo la serie y me mandó un mensaje riéndose que ponía: «Que hija de...». Pero sí que se vio en ella. Desde luego, sin ninguna maldad, pero, al final, también escribes un poco de lo que sabes. No voy a escribir Star Trek, pero conozco mucho a mis amigas.

—También abres un gran melón: cuando una amiga se echa pareja y en su mundo tú ya no existes, pero después se deja y vuelve a estar contigo como si no hubiera pasado nada...

—Eso ocurre todo el rato y, además, te peleas con ellas. A mí me ha pasado mucho lo de estas amigas que, de pronto, se mimetizan con su pareja. Es un poco lo que le pasa al personaje de Maca, que se echa novia y se peina igual que ella y hasta habla en plural. Siempre me ha dado una rabia horrible. Pero creo que en la serie, Bárbara también aprende a entender cómo funciona la cabeza de su amiga.

«A mí me ha pasado mucho lo de estas amigas que, de pronto, se mimetizan con su pareja. Siempre me ha dado una rabia horrible»

—¿La gente no cambia?

—No. Un poco el propósito de la serie es reflejar eso, que simplemente puedes aceptar que eres así y vivir con más honestidad a partir de ahí. Esto de los viajes del héroe que da un giro de 180 grados para darse cuenta de que puede ser mejor persona... ¿A quién le pasa? Creo que si eres dependiente, podrás gestionar cosas mejor o peor, pero probablemente sigas siendo de esa forma en todas tus relaciones. Maca no es que no quiera a sus amigas, sino que es una fuerza mucho más grande la que siente cuando conoce a alguien que le gusta.

—Al público le ha sorprendido mucho Sofía Otero, que interpreta a esa niña interior que le habla a Bárbara...

—He visto que hay mucha expectación con ella, pero es que es brutal. Es una niña increíble, muy inteligente y muy divertida. Yo me lo he pasado genial en el rodaje, ha sido como un soplo de aire fresco, me vacilaba un huevo.

—Su personaje es especial...

—Sí, porque partíamos de algo que no conocíamos y que no sabíamos cómo iba a funcionar, ya que era un personaje que no existía, solo estaba en la mente de la protagonista y representaba parte de sus argumentos y obsesiones. Nos parecía que era muy original hacerlo de este modo. En el rodaje, grabábamos todo dos veces y Anna [Castillo] hacía todos los planos con y sin ella. Así podíamos elegir dónde la metíamos.

Victoria Martín en el rodaje junto a Sofía Otero y Nacho Pardo
Victoria Martín en el rodaje junto a Sofía Otero y Nacho Pardo Sara Virumbrales / MOVISTAR +

—Y refleja los pensamientos intrusivos...

—Sí. También un poco por mis vivencias, cómo siento y los retos que uno tiene con su salud mental, que, por cierto, se ha desvirtuado mucho desde que los influencers hablan sobre ello. Es esta cosa de que los pensamientos intrusivos que te vienen no puedes frenarlos y están ahí, que te hacen ser peor persona y odiarte a ti mismo y a tu entorno, lo que le pasa un poco a Bárbara. Ella está tan metida en ellos y tan peleada consigo misma, que tiene una mirada túnel brutal. Es lo que te pasa cuando estás muy rota y no eres capaz de ver la realidad, solo lo que tú quieres.

—Estudiaste en un colegio del Opus. ¿Por qué piensas que genera tanto interés saber lo que hay ahí dentro?

—Supongo que porque ha habido mucha opacidad con respecto a eso. Yo no vengo de un cole del Opus así de élite, sino de uno concertado. Son distintos, porque en este veías la precariedad de muchas familias con muchísimos hijos y hermanos. Yo tenía compañeras que las pasaban... Es una comunidad muy curiosa. Todo lo que tenga que ver con ese tipo de cosas es algo con lo que no conecto para nada. Además, ahora se ha puesto súper de moda todo esto de la religión. Por supuesto, respetando la fe de todo el mundo, pero la realidad es que para las mujeres la religión es sin precedentes lo peor.

—¿Consideras que tu humor lo has heredado o que lo has construido como una barrera para protegerte?

—Creo que las dos cosas. En mi familia no somos muy ñoños, somos lo contrario y siempre nos hemos comunicado desde el humor y la comedia. Mi abuela es muy graciosa y mi madre también. Mi padre me rebotaba mucho la comedia con Woody Allen y de pequeña me ponía pelis de los hermanos Marx. Supongo que me viene mucho de ahí, creo que toda mi familia es muy irónica en la forma en la que habla. Mi hermana menos, porque es así muy buena persona, la más empática, es psicóloga... Ella es como mi faro cuando me pierdo un poco.

—Y algo de la retranca gallega...

—Cien por cien. Además a mí me gusta especialmente, me parece muy inteligente y muy divertida esa forma de comunicarse.

—¿Te tienes que trabajar más un chiste siendo mujer que hombre?

—Yo creo que sí. Depende del perfil, pero lo he dicho muchas veces: si vas más de patosa, de «soy inocente» y de torpe, vas a entrar mucho mejor que quizá de otra forma. Evidentemente, se dan pasos para que las cosas sean distintas, lo que pasa es que nos ha costado mucho que haya mujeres teniendo un late night como tiene Henar [Álvarez] ahora. ¿Por qué no se habla de que ha pasado mucho tiempo y que ha sido mucho trabajo por parte de ella llegar a tenerlo? ¿Por qué le restamos la importancia que tiene el hecho de que lo haya conseguido? Me da rabia porque no ha sido fácil, ya que antes no había ninguna.

«Si eres mujer, entras mejor con un chiste si vas de patosa, de "soy inocente" y de torpe que quizá de otra forma»

—¿Cómo fue trabajar en la serie con Nacho, tu pareja?

—Nosotros llevamos mucho tiempo trabajando juntos, incluso desde antes de ser pareja. Sí que hay que tener bastante disciplina para separar las cosas, pero siento que el hecho de que él esté detrás también es guay, porque los dos no somos mediáticos y también se puede gestionar mucho mejor. Es tener a alguien que sabe que siempre vamos a ir en la misma sintonía. Me gustaría decir que me costó mucho, pero hay momentos en los que como cualquier otro compañero creativo tienes diferencias y otras veces todo sale más fácil. No en exceso, porque aunque yo soy muy insoportable... [risas], los dos somos muy perfeccionistas y objetivos.

—¿Y plantearle a tu suegra que saliera desnuda en una escena?

—Se lo planteó Nacho. La escena era genial por el hecho de hablar y de enseñar cuerpos de mujeres que no fueran iguales, de la misma edad o sexualizados, que es lo que vemos siempre. Mi suegra entró a muerte y con el resto de actrices hicieron una piña. Fue de los días de rodaje que más me gustaron.

—¿Has llegado a plantarte y dejar un empleo como lo hace Bárbara en la serie?

—Sí. No haciendo un calvo como ella, que es lo que me hubiera gustado [risas]. Aunque luego te arrepientas, porque, en realidad, necesitas ese trabajo. En la serie no lo vemos porque se termina ahí, pero ella se arrepentiría. Creo que a veces está bien, porque a pesar de que Bárbara dice que no tiene sueños, da pasos para estar mejor y eso me parece bien a pesar de que te equivoques. ¿De qué va la vida si no es de equivocarse mil veces?

—¿Te afectó la crisis de los 30?

—Muchísimo, porque te das cuenta de que la vida no es lo que tú creías que era, y, sobre todo, porque el mundo cambia muy deprisa. Todo lo que vamos aprendiendo, de repente se queda obsoleto. Eso lo ha vivido mucho nuestra generación, nunca hemos pasado por un período de estabilidad de 10 años. Creo que hemos tenido que aprender a ser muy supervivientes. También nos hemos dado cuenta de que todo lo que nos decían sobre tener hijos, una casa... Ni siquiera era posible. Son sueños que no están, la mayoría de la gente no puede permitírselos. Entonces piensas: «¿A qué me agarro? Salvo mis amigas, no hay nada más real a lo que me pueda agarrar.

«Nuestra generación nunca ha pasado por un período de estabilidad de 10 años. Hemos tenido que aprender a ser muy supervivientes»

—Como cuando te cortaste el flequillo tú sola...

— Por supuesto, eso ya fue el delirio. Pero sí, me pegó muy fuerte todo. Como el hecho de que crees que puedes tener hijos y luego la reserva ovárica no la tienes bien... Así que dices: «Voy a dejar de exigirme tanto».

—¿Nos han vendido la moto con el tema del autocuidado?

—Cien por cien. Todo se ha capitalizado: el feminismo, la salud mental... Para ser personas aún más individualistas y narcisistas. Normalmente, la gente que dice: «Voy a priorizarme». Es como: «¡Pero si tú ya eras egoísta de antes!». Hay un punto en el que se ha entendido mal. El autocuidado está bien, ¿pero quién se lo está aplicando y puede permitírselo? Es una cosa absolutamente privilegiada. Tengo una amiga que es madre soltera y no tiene tiempo para ello. Para tenerlo, como dicen las influencers, e irte a un spa un martes, debes tener la posición económica para eso. No son conscientes de que el resto de la gente no vive como ellos.

—¿Qué es peor: los «coaches», el horóscopo o los «influencers»?

—Las tres cosas me parecen lo mismo, pero el horóscopo es tan antifeminista... Aunque una vez leí un comentario que me escribió una chica que me hizo mucha gracia. Decía: «No es tan antifeminista en teoría, porque es la única cosa que a los hombres no les interesa y podemos hablar nosotras de ello». Me fastidió que solo nosotras podamos hablar de esto y que a ellos no les interese porque están preocupados haciendo otras cosas [risas]. El horóscopo, si te lo tomas como una cosa divertida, me parece genial. Tomártelo en serio y que verdaderamente tenga algún tipo de relevancia social o cultural... A mí no me lo parece. Respeto a todo el mundo, pero no creo que seas pobre por tener la luna en acuario.

—También decidiste aparecer en un capítulo haciendo de embarazada, y, cómo no, de pija...

—Me hizo gracia porque colgaron un reel que decía algo así: «No nos esperábamos ver a Martín de pija». Y fue como: «¡Por el amor de Dios! ¿Quién no se lo esperaba?». Yo sí, porque es lo que llevo haciendo años y también porque he formado parte de esa movida. No porque mi familia lo fuera, pero sí que conozco muy bien su hábitat natural, siempre me ha interesado el delirio en el que viven. De hecho, la chaqueta que llevo en esa escena es la que tenía Victoria Federica en un post de Instagram. Se la pedí a los de vestuario y consiguieron una igual, pero nosotros no le quitamos la etiqueta porque era muy cara.

«Conozco muy bien el hábitat natural de los pijos. Siempre me ha interesado el delirio en el que viven»

—Además de los pijos, te gusta hablar del «divismo». ¿Tienes alguna manía de diva?

—Sí, una cuando viajo. Yo duermo muy mal en cualquier sitio. A mí me gusta dormir en mi casa porque soy muy casera. Cuando hacemos la producción de Estirando el chicle y nos toca ir por ahí, siempre miro los comentarios de cómo son las camas de los hoteles. Si alguien pone un comentario diciendo que son malas, buscamos otro donde estén bien. Lo demás no me importa. A Carol [Iglesias], por ejemplo, sí que le importa mucho el desayuno y se muere por bajar al bufé. Yo siempre me quedo durmiendo.

—Intuyo que buscar que los espectadores sintiéramos vergüenza ajena con los personajes es algo que querías...

—¡Por supuesto! Eso lo que más me gusta del mundo. De hecho, series como The Office o Arrested Development hay quien no las puede ni ver y se tapa los ojos. A mí me encantan. Incluso en la vida real, he vivido momentos de muchísima vergüenza, tanto ajena como propia, y lo disfruto. Algunos deciden irse en esos instantes y yo decido quedarme a mirar.

—¿Puedes contarme alguno?

—Por ejemplo, en el pódcast, que conoces a personas de distintos perfiles... Artistas que, de repente, dicen cosas que ellos piensan que son increíbles y, en realidad, está siendo completamente horrible, fascista o lo que sea. Pero esta autoconciencia que se reivindica... Yo no estoy tan de acuerdo. A mí me gusta mucho esa gente que no está en el mismo plano que tú y no es consciente de nada ni de las barbaridades que dice. Me parece mucho más interesante y divertido.

«A mí me gusta mucho esa gente que no está en el mismo plano que tú y no es consciente de nada ni de las barbaridades que dice. Es más interesante y divertido»

—¿Te ha pasado eso de llevar a un invitado que después te haya decepcionado?

—No tanto decepción. Al final, todo el mundo puede tener días malos y no es responsabilidad del invitado que tu programa funcione. Pero sí que me ha pasado que, por ejemplo, venga una invitada que me encantara y después verla diciendo que el cáncer se cura introduciendo cuarzos por el recto. Entonces dices: «Uy, esta persona no era así cuando la conocí. ¿Qué le pasa a la gente?».

—¿Qué opinas del exceso de pódcast?

—Me parece bien que cada uno haga lo que quiera. Prefiero que la gente haga pódcast a que haga el mal, aunque hay muchos que hacen pódcast y el mal al mismo tiempo [risas]. También te digo que hubo un momento que yo me saturé y me fui un poco de ese mundo para escuchar otras cosas. Ahora estoy volviendo y me encanta el de Influ-realismo mágico o el de No es el fin del mundo, que se los curran una auténtica barbaridad.

«Prefiero que la gente haga pódcast a que haga el mal, aunque hay muchos que hacen pódcast y el mal al mismo tiempo»

—¿Cómo titularía esta entrevista tu niña interior? Sin que sea cruel, por favor...

—La verdad es que me ha gustado mucho. Si hay una niña diciendo lo contrario, no soy yo. Mi niña interior se metería conmigo y diría que soy una ridícula absoluta, pero de ti seguro que no diría nada. O, bueno, no sé... [Risas].