La ansiedad por ver novedades baja la audiencia de las segundas temporadas

p. vilasoa / b.p. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Steve Carell y Kerri Kenney-Silver, en «Las cuatro estaciones».
Steve Carell y Kerri Kenney-Silver, en «Las cuatro estaciones». NETFLIX

Muchas de las series de Netflix han perdido la mitad de sus espectadores en su regreso con nuevos capítulos

19 jul 2026 . Actualizado a las 10:05 h.

A Netflix se le atragantan las segundas temporadas de sus nuevas series. La ansiedad del espectador por las novedades constantes y la baja consolidación de los recuerdos por el consumo en atracón son algunos de los factores que están detrás de esta poca fidelidad a las historias que continúan. Lejos de aquellos éxitos como Stranger Things, Emily in Paris o Los Bridgerton, que han seguido gozando de buena salud temporada tras temporada, las nuevas apuestas están teniendo muchas más dificultades para retener a su audiencia cuando regresan. Ha sido el caso de Avatar: The Last Airbender, uno de los mayores éxitos del 2024, que tuvo un 60 % de espectadores menos en la semana de estreno de su segunda temporada. Un batacazo importante, pero ni mucho menos un caso aislado en la plataforma. Se lleva la palma Asesinato para principiantes, que pasó de más de 7 millones de visualizaciones en su estreno a solo 1,8 millones en su segunda parte, una bajada de casi el 80 %. Pero también es el caso de Las cuatro estaciones, con un 63 % menos; The Sandman, con un 60 %, o ese fenómeno que fue Miércoles, que cayó un pronunciado 42,6 %. La única que se salvó (y ni eso) fue One Piece, que aun así perdió el 30 % de su audiencia.

Son datos, analizados por Bloomberg en uno de sus últimos boletines sobre televisión, que contrastan con sus rivales, que incluso en las ficciones que pierden audiencia lo hacen con datos mucho más moderados. La exigente La casa del dragón, por ejemplo, ha bajado en su nueva temporada, pero un imperceptible 8 %.

El análisis de las causas no resulta sencillo. Y aunque lo fácil sería achacarlo a la calidad, ese diagnóstico simplista no se sostiene. Tampoco por la tan comentada larga espera entre temporadas, ya que muchos ejemplos sirven de contraargumento: Una nueva jugada regresó a Netflix solo un año después y su desplome fue semejante, de un 50 %; mientras que en la competencia existen casos que demuestran lo contrario. En HBO, The Last of Us tardó dos años entre temporadas, y logró 600.000 espectadores más en el lanzamiento de su segunda entrega. The White Lotus no para de subir su audiencia temporada a temporada, con un 60 % más con cada nueva tanda de episodios.

Precisamente la ficción de Mike White evita justificar el pronunciado descenso del 58 % de la segunda temporada de Bronca (Beef) por su condición de serie antológica.

Las razones parecen venir de una concatenación de variables. De un lado, existen factores psicológicos que hacen que en los neurotransmisores no se produzca la misma descarga que en la primera temporada. El principal es la dependencia de la novedad. «Los circuitos de dopamina se activan por la novedad. Las segundas temporadas a veces aparecen dos años después y ya no te acuerdas. Si habías hecho un visionado rápido, esto supone un sobreesfuerzo que nos lleva a dejarlo para más adelante, porque no nos engancha o no despierta la atención inicial», afirma Juan Luis García Fernández, neuropsicólogo profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador del grupo NeuroADaS Lab. Si transcurrido el tiempo entre temporadas hay otra serie del momento que acapara la conversación social suele ser más fácil engancharse a esta que retomar una continuación.

Las perspectivas excesivas después de un final fascinante son otra de las claves que pueden explicar la alta tasa de abandono. «Puede ocurrir que tengamos un nivel de expectativas muy alto y a medida que vamos viendo los primeros capítulos no se produce ese nivel de satisfacción que esperábamos y por eso abandonamos», explica el experto. El haberla consumido antes en modo maratón, en un breve espacio de tiempo, no ayuda a favorecer la memoria, razón por la que Juan Luis García Fernández recomienda revisar el último capítulo emitido antes de empezar una nueva remesa.

Los capítulos de golpe

El periodista Stuart Heritage, de The Guardian, explica que la empresa de Sarandos podría haberse visto devorada por el monstruo que ha creado. Su fórmula de éxito para convertirse en la plataforma reina del streaming fue plantearse como alternativa a la televisión con el estreno de todos los capítulos de golpe, rompiendo con el ritual del estreno semanal y favoreciendo el atracón. Pero también tiene inconvenientes. En una sociedad cada vez más esclava de la inmediatez, la conversación sobre la mayoría de sus series dura un suspiro; irrumpe con la misma fuerza con la que se desvanece. Y los usuarios van a diferentes ritmos, lo que reduce las oportunidades de crear una comunidad que comparta teorías o reacciones a cada giro en la trama, como sucede en otras como Solo asesinatos en el edificio, The Pitt, La casa del dragón o incluso la animada X-Men'97.

«Con el estreno en maratón, los programas se asientan menos en la memoria», explica Elena Neira, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que aun así destaca que el estreno semanal, con sus ventajas, también tiene problemas, ya que expone a la serie a un escrutinio constante, lo que puede desinflar la temporada por mala recepción, como le sucedió a lo último de Euphoria, o por campañas en contra, como The Last of Us.

Pero la experta gallega también cree que ha sido su propia estrategia la que ha llevado a esta situación, aunque más bien por sus estrenos constantes de cara a generar nuevas suscripciones. Esto provoca que Netflix, tras un lanzamiento, pase inmediatamente a promocionar el siguiente. «Termina devorado por todo ese aluvión de estrenos que tiene toda la semana, lo que hace más difícil generar expectación», reflexiona Neira, que aun así no cree que el bajón entre entregas sea un grave problema para sus prioridades: «Les viene bien tener series de pocas temporadas, porque los costes aumentan con cada nueva entrega y es difícil que ese programa genere después nuevos fans».

La compañía le da la razón a este análisis, ya que Jinny Howe, jefa de series dramáticas originales para EE. UU. y Canadá, ha salido al paso de la sangría de audiencia para minimizar su importancia. Asegura que comparar las semanas de estreno no da la imagen completa, ya que muchas ficciones exitosas generan espectadores a largo plazo. «Hemos conseguido hacer crecer las temporadas posteriores de muchas series», destaca. Y pone como justificación la renovación de varias producciones protagonistas del bajón.

El tiempo dirá si consigue superar el bache, aunque la señal de alarma no podría haber llegado en peor momento, con la crisis de credibilidad entre sus inversores por una proyección de negocio más modesta de la esperada y el golpe de la frustrada compra de Warner Bros.