El rastro de los eclipses en la cultura: Kubrick, Pink Floyd, Bonnie Tyler, Stephen King, Frida Kahlo o Tintín inmortalizaron el fenómeno

LA VOZ / EUROPA PRESS EUROPA PRESS

CULTURA

Escena de a «Apocalypto»
Escena de a «Apocalypto»

La ocultación del sol ha sido una fuente de inspiración para novelas, pinturas, música y películas, como «Barrabás», que se rodó durante un eclipse total real

10 ago 2026 . Actualizado a las 08:29 h.

El 12 de agosto España se convertirá en el mejor lugar del mundo para disfrutar de un histórico eclipse solar total, el primero de estas características en la Península Ibérica desde hace más de 100 años, en concreto en 1912. En cualquier caso, en la cultura, este fenómeno ha sido protagonista de la ficción, la literatura, la pintura o la música.

Más allá del interés científico, la desaparición momentánea del Sol ha servido a Stephen King, Stanley Kubrick, Virginia Woolf o Pink Floyd, entre otros, como motor narrativo para salvar vidas, cometer crímenes impunes o articular metáforas sobre la condición humana y el paso del tiempo.

En la literatura clásica, Mark Twain convirtió el fenómeno en una truco de supervivencia en Un yanqui en la corte del rey Arturo, donde su protagonista evita la hoguera al simular que controla el Sol gracias a su conocimiento previo del evento astronómico.

Esta misma premisa de usar la astronomía como recurso de salvación la adoptó el autor belga Hergé en el cómic Las aventuras de Tintín: El templo del Sol, donde el célebre reportero libra a sus compañeros de ser sacrificados por una tribu inca.

Viñetas de «El templo del sol»
Viñetas de «El templo del sol» Editorial Juventud

Este fenómeno también ha servido para enmarcar historias más oscuras, como la del escritor estadounidense Stephen King en su novela Dolores Claiborne, donde la protagonista aprovecha la penumbra y la confusión de un eclipse solar para librarse de su marido maltratador. Conectada con esta novela, King publicó también El juego de Gerald, en el que la protagonista experimenta una visión traumática que ocurre exactamente durante el eclipse solar de 1963.

El periodismo literario y el ensayo tampoco han sido ajenos a este evento. De hecho, la autora Virginia Woolf inmortalizó en sus diarios la vivencia del eclipse de 1927 en Yorkshire, que inspiró también su famoso ensayo de 1928, El sol y los peces.

Mientras, la ganadora del Premio Pulitzer Annie Dillard abordó esta temática en la crónica Eclipse Total en 1982, un ensayo en el que narra el viaje que realizó junto a su esposo en febrero de 1979 hacia el valle de Yakima, en el centro del estado de Washington, el único lugar de Estados Unidos donde se pudo apreciar de forma total aquel eclipse solar.

En el ámbito cinematográfico, una de las imágenes más icónicas de la historia del cine pertenece Stanley Kubrick con Una odisea del espacio (1968), donde una alineación cósmica entre el Sol, la Luna y la Tierra marca un momento clave en la evolución humana.

Quizás uno de los más famosos de la historia sea el de la película Barrabás, para la que el director Richard Fleischer se empeñó en filmar la Crucifixión de Jesús durante un eclipse total solar real ocurrido el 15 de febrero de 1961, de cara a conseguir captar el irrepetible efecto. Requirió una planificación milimétrica que se cumplió a rajatabla, con un resultado espectacular.

En el terreno musical, el álbum The Dark Side of the Moon (1973), de la banda británica Pink Floyd, se convirtió en un hito al cerrar su repertorio con el tema Eclipse, una reflexión sobre la armonía del universo ensombrecida por la Luna. Además, Bonnie Tyler, fallecida hace apenas unas semanas, publicó Total Eclipse of the Heart, mientras que Carly Simon en You're So Vain (1972), evocaba el viaje en avión privado para contemplar la totalidad.

Precisamente, Blackstar, el último álbum de estudio publicado por David Bowie antes de su fallecimiento utiliza la iconografía del eclipse total en sus vídeos musicales y arte conceptual como símbolo de tránsito, fin de ciclo y misterio existencial.

En el siglo XXI, la cultura audiovisual moderna sigue encontrando en el eclipse solar un catalizador de misterio, como demostró la serie de televisión Héroes (2006) o la novela de terror La cepa (2009), de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, donde la sombra sirvió de cobertura para una invasión vampírica. También Del Toro hizo del eclipse protagonista en Hellboy 2: El Ejército Dorado, en la que el fenómeno astronómico se convierte en el momento exacto para obligar al protagonista a abrir las puertas del infierno.

También el director Paco Plaza hizo referencia al eclipse total de sol que se vio en el Pacífico y varios países americanos en 1991 para marcar el contexto temporal de Verónica, basada en la historia real de Estefanía Gutiérrez Lázaro, conocida por el Expediente Vallecas, único caso policial en España que documentó fenómenos paranormales.

También en Apocalypto, de Mel Gibson, un eclipse total de sol se convierte en un elemento narrativo fundamental en el clímax de la película, al provocar que los sacerdotes mayas le perdonen la vida al protagonista de la cinta.

Aunque no de manera tan directa, la saga Crepúsculo o el universo de Juego de Tronos se han valido de este fenómeno astronómico para configurar las películas y series.

El impacto visual de los eclipses en la pintura

En la historia del arte, la pintura también ha capturado el impacto visual de los eclipses a lo largo de los siglos. Durante el Barroco, artistas como Peter Paul Rubens incorporaron el fenómeno como recurso de iluminación en obras de temática sacra como La elevación de la cruz (1610) o El milagro de San Ignacio de Loyola (1617), donde la penumbra celestial refuerza el dramatismo de la escena.

También en el siglo XX el fenómeno fue abordado desde corrientes como el surrealismo y el expresionismo y, de hecho, Frida Kahlo incluyó la alineación del Sol y la Luna en su obra Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932) tras presenciar el eclipse de ese año en Detroit, mientras que la artista afroamericana Alma Thomas dedicó en 1970 su lienzo abstracto The Eclipse a explorar el evento dentro de su serie de obras sobre la exploración espacial.

Por su parte, el pintor y arquitecto alemán Cosmas Damian Asam dejó en La visión de San Benito (1735) una de las primeras representaciones pictóricas documentadas de la corona solar tras presenciar un eclipse total en 1706.

Posteriormente, en el siglo XIX, el paisajista italiano Ippolito Caffi impregnó con el efecto de la sombra lunar su arquitectura urbana en su óleo Eclipse de Sol en Venecia (1842).