Adrián Roma, vocalista de Marlon: «Somos poco pijos para pedir cosas en el camerino»

CULTURA

Adrián Roma, en el centro de la foto, junto a Juan Fernández (a la izquierda) y Jorge Diéguez (a la derecha).
Adrián Roma, en el centro de la foto, junto a Juan Fernández (a la izquierda) y Jorge Diéguez (a la derecha). -

Lleva mal dormir fuera de casa y también vivir lejos del mar. El asturiano se abre ahora en canal con «Hipersensible», su nuevo disco. «Es el álbum que más hemos pensado para nosotros y menos para la gente», confiesa

02 sep 2026 . Actualizado a las 10:42 h.

Juraba cosas de noche que nunca cumplía de día, pero ahora muestra su lado más «hipersensible» al mundo gritando las letras del nuevo disco de su banda. Adrián Roma (Asturias, 1988) lleva una década poniendo voz a las canciones de Marlon. El de Salinas, que se considera amante del mar, de sus perros y, sobre todo, dueño de una cabeza que «no para de darle vueltas» a las cosas, vuelve estos días al Recorda Fest y a Galicia, uno de sus lugares favoritos.

—Si no calculo mal, esta será vuestra tercera vez en el «Recorda Fest»...

— Pues si no calculo mal yo también, creo que sí [risas]. Muchas veces hacemos algunos festivales porque conectamos con ellos. Paramos un año y al siguiente volvemos.

—¿Firmaríais un contrato vitalicio?

—Sí, pero con huecos de por medio. Cuando un grupo abusa mucho de un festival continuamente, la gente también se cansa. Tenemos que dejarnos respirar unos a otros.

—Entiendo que para vosotros Galicia es como vuestra segunda casa...

—Sí, además este año es donde más hemos tocado. Todo lo que nos coincida por allí, genial. Siendo asturianos, Galicia es una de las tierras que más nos gustan y a la que más nos apetece ir. Hay muchos sitios que ver y planes para hacer: vamos a la playa, a cenar, salimos...

—El tema del surf también lo domináis, ¿no?

—Siempre nos ha gustado, lo que pasa que llevamos muchos años en Madrid y eso está difícil. Cuando vivíamos en Asturias, patinábamos, hacíamos surf... Aquí lo dejas de hacer y después es muy difícil recuperar.

—¿Lo peor de Madrid es no tener el mar cerca?

—Sin duda. Un asturiano lo sufre mucho, sobre todo, en verano. Por las redes ves a todo el mundo en la playa y parece que eres el único que te quedas en Madrid con este calor y dices: «¿Por qué estoy aquí y todos los demás allí?».

—En el festival vais a coincidir con Hombres G, con los que habéis colaborado...

—Sí, ya no solo con ellos, sino con Álvaro [de Luna], Taburete, Hey Kid... Dentro del cartel nos conocemos todos. Parece que va a ser el cumpleaños de alguien porque coincidimos el mismo día [risas].

—Con los miembros de Taburete no teníais muy buen rollo y ahora sois amigos. Dicen que las mejores amistades nacen de un: «Tú antes me caías mal»...

—La verdad es que sí. Ahora son íntimos: vienen a casa a comer, hacemos planes juntos... A veces lo recordamos y nos reímos. Creo que nos ha pasado a todos esto de prejuzgar, sobre todo, cuando empiezas en este mundillo y eres joven. Tú haces tu música y piensas una cosa de uno porque otro te dijo no sé qué o porque viste no sé cuánto. Te metes en esa burbuja y nosotros éramos un poco cerrados. Pienso que en Asturias somos así y no somos tan abiertos, quizá por timidez o por poner un escudo. Los años nos han dado madurez y experiencia para conocer más a la gente antes de hablar de ella.

—De los gallegos también dicen que somos muy desconfiados...

—Somos bastante parecidos los del norte. Los seres humanos tenemos esa fea costumbre de prejuzgar a la gente y a los grupos simplemente por lo que nos han dicho o lo que nos parece a la vista. Y eso todavía es peor. No es que estemos arrepentidos, pero es un aprendizaje que lleva tiempo. El cruzarse con gente y no poner etiquetas e intentar pelear contra eso.

—Cuando comenzasteis, muchos titulares sobre vosotros como grupo solo hablaban de vuestra vida personal. ¿Crees que os prejuzgaron mucho?

—A saco. Siempre se prejuzga a la gente y, sobre todo, se prejuzga por el miedo a que esa gente tenga éxito. Sale un grupo y empieza a funcionar, ahí entra mucho hate: «Es porque son guapos o feos», «es porque sus novias son conocidas»... Lo único que tienes en tus manos es trabajar y demostrar. Lo que hicimos nosotros fue meternos en la cueva a hacer canciones, a pelear por ello y a conseguir que esos titulares cayeran en un saco roto. No creo que la gente que viniera a vernos y que le gustasen nuestras canciones fuera por nuestras chicas o por lo que se hablaba. Llevamos diez años aquí y hemos demostrado que somos un grupo de confianza y seguimos con esas mismas reglas.

«Al principio dormíamos con nuestras parejas, pero con la edad me he vuelto más exquisito», dijiste en una entrevista. ¿Es solo los días de concierto?

—Sí, en casa duermo con ella, pero cuando giramos, duermo solo en el hotel. Es una de las cosas que menos me gusta de este trabajo. Al final se echa mucho de menos dormir en casa. No me estoy quejando ni mucho menos, pero me gustaría poder teletransportarme al acabar.

—¿Tienes alguna manía de «divo» que puedas confesar? Como pedir algo concreto en el camerino...

—La verdad es que somos poco «pijos» para eso. Conozco mucha gente que pide cosas muy raras y nosotros solo que haya sidra asturiana.

—Estudiaste Joyería. ¿Cómo terminas siendo cantante?

—Mis padres se han dedicado a la hostelería toda la vida y yo les he ayudado de camarero, pero quise hacer algo por mi cuenta. Siempre he sentido que estaba arrastrado un poco por ellos y la marea me había llevado a un lugar que yo no quería. Necesitaba salirme de ese redil y generar mis cosas. En el colegio fui muy mal estudiante, pero Dibujo y Plástica se me daban muy bien, me gustaban las manualidades. También las joyas, por eso me puse a estudiar Joyería. Al mismo tiempo, mi cabeza pensaba en la música y en ir por ahí. Empecé tocando la batería, le daba mucho la murga a los vecinos. Me aburría hacer solo eso y acabé cogiendo la guitarra de mi padre. Lo que sentí es que tenía cosas dentro para sacar, que quería escribir y desde entonces hasta hoy. La joyería la dejé de lado, nunca la utilicé para nada. Solo para comprarla.

—«Hipersensible» es vuestro último disco. ¿Cómo descubres que tienes TDAH mientras lo escribes?

—Muchas veces, el ser humano tiene como una especie de memoria guardada que empieza a trabajar sobre ella y no se da cuenta de lo que está escribiendo, lo que quiere decir o a dónde quiere llegar hasta que pasa un tiempo. Con Hipersensible nos ha pasado algo así. Nosotros llevábamos mucho tute. Cuando estás metido en la rueda de tocar, sacar discos, hacer colaboraciones... pierdes un poco la perspectiva de lo que a ti te gusta y de lo que quieres después de tantos años. Nos dimos un tiempo para pensar, para saber qué queríamos hacer y empezamos a escribirlo. Yo iba a terapia con una psicóloga y al acabarlo, fui descubriendo muchas cosas de mí al escucharlo. Después, analizándolo con ella, llegamos a este lugar y fue una mezcla de sensaciones: por un lado de susto, pero también de gusto. Estuve muchísimos años pensando en que yo era el único que hacía ciertas cosas, que estaba loco o que tenía un montón de problemas que los demás no tenían. Poder ponerle nombre e intentar autoayudarte de alguna manera, cuando estás en ese proceso... Para mí el disco ya tenía otro sentido cuando lo hicimos, pero ahora más porque, cuando lo canto, entiendo muchas cosas.

—¿Es con el que más os habéis abierto?

—Sin duda. Se dice con todos los discos que vas sacando, pero creo que este ha sido el que más hemos pensado para nosotros y menos para la gente. Quizás por eso al público le está costando más abrazarlo, pero también ese es el riesgo que queríamos correr. Hemos hecho una evolución bastante importante con respecto al anterior.

—¿Cómo sobrevive alguien altamente sensible a un mundo que va tan rápido?

—Difícilmente, con la cabeza dando vueltas todo el rato. No sé cómo se verá desde fuera, pero desde dentro es muy jodido. Es querer que vaya todo tranquilo, que la gente tenga tiempo para todo y ahora nadie se para a escuchar o ver algo. No se le da el valor suficiente a las cosas, se cambia muy rápido de camiseta, equipo... Antes escuchabas a una banda por su música, te enganchabas e ibas con ella a muerte. Ahora escuchas a un grupo cuando hay dos canciones que te gustan y, a los cuatro días, sale otra banda nueva con otras dos canciones y a la anterior ya la dejas más de lado. Hay muchos estímulos y eso hace que se pierda el romanticismo por las cosas, de engancharse a algo para siempre y de viajar con ese algo siempre a tu lado.

—Haciendo referencia a una de vuestras canciones, ¿se te ha «gripado el motor » alguna vez?

—¡Casi todos los días! [Risas]. Entre las cosas que traigo ya de serie y lo de insistir en esta vida para permanecer en los sitios... Todo eso siempre asusta..