José López Antuña: «La dignidad, la conciencia y la memoria es la gran revolución pacífica pendiente del siglo XXI»

J.C. REDACCIÓN

CULTURA

José López Antuña
José López Antuña

El escritor publica «Milenios, Cien Vidas, de Dignidad», una novela histórica, filosófica y social que recorre miles de años de civilización humana

18 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

José López Antuña (Avilés, 1966) es licenciado en Ciencias del Trabajo, Graduado Social, posgraduado en Relaciones Industriales y experto en Administración General. Jefe de Unidad de Pensiones del Principado de Asturias y colaborador habitual de La Voz de Asturias, publica ahora «Milenios, Cien Vidas, de Dignidad», una novela histórica, filosófica y social que recorre miles de años de civilización humana para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra especie.

—¿Qué es exactamente «Milenios, Cien Vidas, de Dignidad»?

—Es una novela, pero también un viaje por la historia de la humanidad. El lector acompaña a un protagonista misterioso que atraviesa distintas épocas observando cómo cambian las sociedades, los imperios, las ideologías y las tecnologías, mientras ciertos problemas siguen repitiéndose: el abuso de poder, la desigualdad, el fanatismo, la manipulación o la pérdida de valores.

—¿Qué hace diferente a esta novela?

—Que no es únicamente una novela histórica ni filosófica. Es una conversación con toda la humanidad. El lector se encuentra con Sócrates, Platón, Aristóteles, Cervantes, Marx, Nietzsche, Orwell, Hannah Arendt, Saramago o Chomsky, pero también con Don Quijote, Shakira, Juan Carlos I, Felipe VI, Adolfo Suárez, Felipe González, Aznar, Rajoy, Pedro Sánchez, Rajoy, Feijóo, Pablo Iglesias, debates entre economistas, animalista vs torero, y numerosas figuras históricas, políticas, sociales y culturales.

La novela analiza guerras, revoluciones, pandemias, crisis económicas, movimientos sociales, corrupción, inteligencia artificial, nacionalismos, conflictos territoriales, terrorismo, manipulación mediática y los grandes dilemas de nuestro tiempo. Es, en definitiva, un viaje por las ideas y acontecimientos que han construido nuestro mundo.

—¿Cuál es la gran pregunta que plantea la novela?

—La pregunta es sencilla: ¿Puede la humanidad aprender de su propia historia? Porque conocemos los errores del pasado y, sin embargo, seguimos tropezando con muchos de ellos.

—¿Por qué decidió escribir esta obra?

—Porque vivimos una época de enorme confusión. Tenemos más información que nunca, pero no necesariamente más conocimiento. Más tecnología, pero no siempre más sabiduría. Más comunicación, pero no siempre más diálogo. Sentí la necesidad de escribir una defensa de la dignidad humana.

—¿Por qué considera que esta novela es necesaria precisamente ahora?

—Porque vivimos una época en la que la mentira se presenta como verdad, el fanatismo como compromiso, la propaganda como información y la polarización como identidad. La historia nos enseña que las sociedades pueden perder el rumbo cuando renuncian al pensamiento crítico y a la memoria.

La novela intenta recordar algo esencial: que la dignidad humana debe situarse por encima de ideologías, intereses partidistas, extremismos, nacionalismos excluyentes o fanatismos de cualquier signo. 

—¿Qué significa para usted la dignidad?

—Es el valor que posee toda persona por el simple hecho de existir. Es el fundamento de los derechos humanos. Y también una brújula moral. Cuando una sociedad pierde la dignidad, termina justificando cualquier cosa.

—La novela recorre miles de años. ¿Qué etapas destacaría?

La Prehistoria, Egipto, Grecia, Roma, la Edad Media, el Renacimiento, la Revolución Industrial, las guerras mundiales, la Guerra Civil española, el franquismo, la Transición, el Estado del Bienestar, la sociedad contemporánea y también el futuro. Cada época sirve para reflexionar sobre una cuestión distinta de la condición humana.

—¿Tiene contenido político?

Tiene reflexión política. Pero no es propaganda. La novela analiza críticamente ideas, decisiones, sistemas y comportamientos de todas las corrientes ideológicas cuando se alejan de la dignidad humana.

—Uno de los elementos más originales parece ser el llamado Foro de las Ideas.

Probablemente sea una de las partes más singulares de la obra. El protagonista dialoga con filósofos, escritores, científicos, economistas y líderes políticos de distintas épocas para abordar cuestiones como la libertad, la democracia, la justicia social, la igualdad, la verdad, el poder o el futuro de la humanidad. No pretende dar respuestas definitivas, sino invitar al lector a reflexionar.

—La novela también aborda cuestiones muy actuales.

—Sí. Habla de la inteligencia artificial, de las redes sociales, de la manipulación informativa, de las nuevas formas de poder, de las guerras contemporáneas, de las crisis económicas, del conflicto territorial, de la corrupción o de los desafíos medioambientales. La idea es conectar continuamente el pasado con los problemas del presente.

—También hay espacio para el amor.

—Mucho. La novela habla de política, filosofía e historia, pero también de sentimientos. Hay romances, pérdidas, reencuentros, erotismo elegante, pasiones imposibles y relaciones que atraviesan distintas épocas. Porque la historia de la humanidad también es la historia de las emociones humanas.

—¿Quién es realmente el protagonista?

Esa es una de las grandes incógnitas de la novela. El lector debe descubrir si se encuentra ante un hombre extraordinario, una conciencia colectiva, una anomalía del tiempo, una forma de memoria cuántica de la humanidad o una metáfora de lo mejor que puede llegar a ser el ser humano.

—¿Qué representa el Defensor Eterno de la Justicia Social?

—Representa la conciencia crítica. Esa voz que aparece en todas las épocas para recordar que el poder debe tener límites, que la verdad importa y que la dignidad humana no puede negociarse. No pertenece a ningún partido ni a ninguna ideología. Pertenece a la humanidad.

—La obra termina en el futuro. ¿Cómo es ese futuro?

—Es un futuro mejor. No perfecto. Pero sí más libre, más justo y más humano. Un mundo donde la tecnología está al servicio de las personas, donde la inteligencia artificial contribuye al conocimiento, donde la democracia es más participativa y donde la dignidad humana vuelve a ocupar el centro de las decisiones colectivas. La novela plantea una idea esperanzadora: que la humanidad puede evolucionar moralmente si aprende de su historia.  

—Si tuviera que convencer a alguien para leer «Milenios, Cien Vidas, de Dignidad» con una sola frase, ¿qué le diría?

—Le diría que para construir el futuro primero debemos comprender quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes todavía podemos llegar a ser.

—¿Qué le gustaría que sintiera el lector al cerrar la última página?

—Que la dignidad no es una palabra. Es una responsabilidad. Que piense, que cuestione, que se interese por la historia, que valore la democracia, que defienda la verdad frente a la manipulación y que comprenda que las grandes transformaciones no empiezan en los gobiernos ni en los parlamentos. Empiezan en la conciencia de cada persona. Porque Milenios no pretende decirle al lector qué debe pensar. Pretende recordarle que debe pensar por sí mismo.