Concha de Oro formidable para Mike Leigh en su definitiva despedida del cine
CULTURA
El cineurgo británico recibe también el premio a su guion y a la actriz protagonista, Kate O'Flynn por su esencial «Tender Loving Care»; Javier Cámara, mejor actor de reparto por «5 minutos más», único reconocimiento al cine español en concurso.
27 sep 2026 . Actualizado a las 10:41 h.Esta 74.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián podría haber sido una más. Ni siquiera cabía que se albergara en el recuerdo por el triunfo del cine español, como sí sucedió en los tres años anteriores. Pero la Concha de Oro que ha recibido en ella el cineasta británico Mike Leigh por su excelsa Tender Loving Care, en el momento en el que Leigh acaba de anunciar su retirada definitiva del cine, elevará el palmarés y el recuerdo de estos días como aquellos en los cuales un festival escribió en letras áureas el legado de uno de los autores sin los cuales no se entendería lo que fue el cine más combativo frente a las primeras oleadas de crueldad del neoliberalismo. Leigh asistió a estos embates en una de sus cunas, la Gran Bretaña de Margaret Thatcher. Y respondió a aquellas políticas de recortes o semidestrucción del estado del bienestar con títulos que son hoy leyendas en torno a la (im)piedad o al clima de despojamiento de las redes asistenciales como Grandes esperanzas, Naked, Secretos y mentiras, Career Girls y Todo o nada.
Se enfrentó Mike Leigh a aquella kermesse social con mucha mayor sutileza que el trotskista y siempre bienintencionado Ken Loach. Quizás por eso, la popularidad de Loach fue mayor. Porque las maneras en las cuales los personajes de Leigh afrontaban el desconsuelo vital no ofrecían respuestas, sino más bien un sincero y desgarrador nihilismo. En cualquier caso, tuvo el privilegio de ganar la Palma de Oro en Cannes en 1996. Y tras un par de décadas de menor impacto artístico, había anunciado hace unas semanas que la película que concursaba en San Sebastián sería su despedida del cine por sufrir mielosis, una enfermedad que incapacitaba la movilidad que requiere un rodaje. De hecho, sus intervenciones, también en la gala, fueron por videoconferencia.
Lo que quizás no todos esperaban es que, en este recodo del camino, en el último de sus pasos, Mike Leigh recuperase la mayor de sus vitalidades para volcarla en una película que es bellísima y medida elegía por los personajes que siempre tuvo en el epicentro de su obra: los humillados y ofendidos. Porque en Tender Loving Care se habla de la crisis de la atención domiciliaria en la que trabajan sus dos mujeres protagonistas. Pero, como si la edad y el pulso de tantas batallas aceradas hubiera invitado a Leigh a abrir espacios para la ternura y el humor, aquí la familia —tantas veces entorno de tragedias o desmoronamientos— se siente como un manto de afectos y de empatías intergeneracionales, un lugar donde antes de despedirse un anciano puede cantar en compañía de los suyos su balada favorita (The Great Pretender) y así se construye otra balada, esta de carne y hueso, la de la dignidad para los que ya desfallecen. Toda la veracidad que desprenden las imágenes de Tender Loving Care y sus primeros planos no se explicaría sin el trabajo de Leigh con sus actores —cómplices durante décadas— en estos tranches de vie que hacen latir tras ensayar sin guion previo. Ese naturalismo de las dos amigas que beben o bailan y la pantalla y la sala de butacas se impregnan de bullicio compartido.
Por eso es tan relevante que el jurado presidido por el norteamericano Ira Sachs y con creadoras tan sensibles dentro como las actrices Patricia López Arnaiz y Alice Braga no hayan limitado el reconocimiento a Tender Loving Care a la Concha de Oro. Amplían esa necesaria valía a su actriz Kate O’Flynn, quien es una de las dos trabajadoras sociales sometidas a los recortes del estado o a la privatización. Y también se laurea al guion, lo cual es premiar ese trabajo de Leigh que no se asienta en libretos repensados sino en improvisaciones que generan los niveles de alquimia de este canto del cisne con el cual se despide de todos nosotros. En su plano final, que se te queda grabado a fuego, un anciano al que en la primera secuencia hemos visto atendido en un hospital, ocupa toda la pantalla. Está recostado sobre unos cartones en una escalera de la calle. Es un sin-hogar con gran parecido físico al ahora convaleciente Leigh. Y mira muy fijamente al espectador. Y es la mirada del No Future con el que el director quiere que recordemos que vivió y llegó hasta donde pudo —que fue lejísimos— siempre con las botas puestas.
La Concha de Oro, el premio de interpretación principal y el del guion explicitan hasta qué punto el jurado ha hallado en Tender Loving Care el núcleo del cine imperecedero visto en este festival. No tenían otra salida. Cualquiera otra dirección los habría envilecido. Tal vez por eso, porque todo lo en verdad relevante está en Mike Leigh y el canto del cisne de su película, creo que hay algunos desajustes en el resto de los premios.
Encuentro que otorgar el Gran Premio del Jurado a la película de Hong-Kong Border es de una generosidad poco explicable. Su acción en un territorio en medio de la nada entre China y Mongolia, su existencialismo en torno a un minero y a una misteriosa mujer parecería querer leerse como un cruce del cine de incomunicación de Antonioni y el sexo como motor de lo inexplicable de Kim Ki-duk. El onanismo de Border y su director Ah Biao no es ni siquiera placentero. Es la película como diferente, la avant-garde del petting sex para mí vacía y seca, muy seca.
Tampoco comparto que la sueca Amanda Kernell se lleve algo así como el bronce del festival, como mejor directora por su western nórdico de renos Brace Your Heart. Es cine vistoso, con la carga feminista de la joven heroína que es capaz de denunciar una violación en una sociedad tan patriarcal como nevada. Pero es todo olvidable. Pasó el segundo día de competición y solo rememoro los barrocos cuernos de los animales que tiraban de los trineos.
La película noruega Growth of the Soil es un muy singular survival que prescinde de todas las alharacas habituales de este género en Hollywood. La lucha titánica de un hombre y una mujer contra las borrascas, las avalanchas de nieve o la tempestad no están imbuida del ritmo frenético de —por ejemplo— el show de Brad Pitt y su perro visto en el festival esta semana. Su tempo está servido a fuego lento, de la misma forma que su épica es la del curso de las estaciones. Es cine muy notable el de este filme del veterano Hans Petter Molland. Por eso hay que valorar como muy ajustados sus dos premios: el de mejor interpretación principal que su protagonista, Asta Kamma August, comparte ex-aequo con la de Tender Loving Care, y el de fotografía, que preside el rigor de esta aventura genuina.
El premio como mejor actor de reparto al Javier Cámara de 5 minutos más (esa idea para un corto de ciencia ficción que Berto Romero estira hasta el hastío) hay que entenderlo como el detalle del jurado de no dejar al cine español, que es tan buen huésped, irse de vacío. Y sí se echa en falta alguna presencia en el palmarés es la de The Debut, el musical de Jesse Eisenberg o, cuando menos, de su actriz y cantante, la irrepetible Julianne Moore.
No hay, con todo, espacio para las quejas. Es la noche y el gran tributo al legado de Mike Leigh. Y esto sí es para el festival y para cualquier alma sensible al cine, un enorme happy ending.
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