Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias: «Si pudiera sentar en la mesa a tres premiados, elegiría a Mandela, Gorbachov y Suárez»
CULTURA
Una mirada al legado, los valores y la capacidad de inspirar a las nuevas generaciones a través de cuatro décadas de excelencia
18 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.—Si pudiera añadir hoy un nuevo Premio Princesa de Asturias, ¿a qué ámbito se lo dedicaría y por qué?
—Una de las señas de identidad de la Fundación Princesa de Asturias es que mantenemos una actitud abierta y una reflexión constante sobre nuestra labor, asegurando siempre la vigencia y la relevancia de los Premios dentro de su marco de actuación. Precisamente por eso, no añadiría una nueva categoría. Considero que las ocho categorías actuales son lo suficientemente amplias y flexibles como para reconocer cualquier iniciativa humana que merezca ser reconocida y premiada.
—¿Qué persona que nunca ha recibido un Premio Princesa de Asturias cree que merecería estar entre los premiados?
—Hay personas que, en mi opinión, habrían merecido recibir un Premio Princesa de Asturias en los últimos años. Personalmente, he lamentado el fallecimiento de figuras muy destacadas, como el maestro Abbado, Javier Marías, Rita Levi-Montalcini o Aretha Franklin, entre otros muchos. Me habría encantado verlos recibiendo este reconocimiento en el escenario del Teatro Campoamor, por la extraordinaria contribución que hicieron en sus respectivos ámbitos.
—¿Hay alguna decisión de la Fundación de la que se sienta especialmente orgullosa y que el público conozca poco?
—Más que una decisión en concreto, valoro especialmente la trayectoria que ha seguido la Fundación y haber sido capaces de mantener el foco en su misión fundacional a lo largo de las décadas. Además, y en ese sentido, considero que iniciativas como el programa educativo «Toma la Palabra», así como la apertura de la Semana de los Premios a la ciudadanía mediante una amplia programación cultural han contribuido de forma significativa a generar valor e impacto social, acercando la Fundación y sus actividades a públicos cada vez más amplios.
—¿Qué es más difícil: encontrar a personas extraordinarias o convencer al mundo de que lo son?
—Desde mi punto de vista hay muchas personas extraordinarias. Algunas son muy conocidas, otras no tanto, y la experiencia me ha enseñado que no se trata tanto de convencer, como de fijar la atención de la sociedad en esos perfiles menos conocidos. Dar a conocer sus trayectorias de tal forma que el reconocimiento se produce de una forma natural, espontánea .
—Cuando termina una ceremonia y se apagan los focos, ¿qué cree que permanece realmente de los Premios?
—Una vez termina la ceremonia y se apagan los focos, lo que realmente permanece es el valor del ejemplo. Los Premios Princesa de Asturias ponen de relieve trayectorias que inspiran, que transmiten esperanza en el futuro y refuerzan la confianza en la capacidad del ser humano.
—¿Qué le gustaría que un joven asturiano, o de cualquier otro punto de España, pensara al escuchar «Premios Princesa de Asturias»?
—Me gustaría que pensara en el valor de los premiados, en la importancia de su ejemplo y en el valor de sus trayectorias. Nuestros Premios reconocen a personas e instituciones que contribuyen a mejorar la sociedad y a ampliar nuestro conocimiento y quiero creer que, en ellos, los jóvenes encuentran una fuente de inspiración para entender la necesidad de construir juntos un futuro mejor.
—Si pudiera sentar en una misma mesa a tres premiados de distintas ediciones, ¿a quiénes elegiría y qué les preguntaría?
—Elegiría sentar en la misma mesa a Nelson Mandela, Mijaíl Gorbachov y Adolfo Suárez. Son tres figuras que desempeñaron un papel decisivo en momentos históricos marcados por la negociación y el diálogo, así que les preguntaría qué camino debemos seguir hoy en día para fortalecer la concordia, el entendimiento y los principios que sustentan la democracia y los valores europeos.
—¿Alguna vez un candidato o un premiado le ha cambiado personalmente la forma de entender un problema?
—Más que cambiar la forma de entender un problema, lo que han hecho ha sido ayudarme a comprender mejor cuestiones de gran complejidad. Todos ellos comparten valores realmente inspiradores: la perseverancia, el esfuerzo y el compromiso. En una sociedad donde prima la inmediatez, nuestros premiados nos recuerdan la importancia de la visión a largo plazo y del trabajo constante. Realmente la propia Fundación es, en esencia, el mejor ejemplo para eso, con sus más de cuatro décadas desarrollando su misión institucional.
—En un mundo obsesionado con lo inmediato, ¿cómo se reivindica desde la Fundación el valor de los logros que necesitan décadas para dar sus frutos?
—No se trata tanto de ensalzar los logros o el tiempo que puede implicar conseguirlos, si no de observar una realidad evidente; muchas de las cuestiones más importante de la vida requieren tiempo. La educación, el estudio, la investigación o el desarrollo de una carrera profesional son procesos cuyos resultados no son inmediatos. Lo mismo sucede en el ámbito personal, por ejemplo, con una relación de amistad, que necesita años para construirse y consolidarse. En la Fundación Princesa de Asturias entendemos que los proyectos con verdadero impacto suelen ser aquellos que se cultivan con paciencia y constancia.
—¿Qué cree que dice de Asturias el hecho de que tantas figuras internacionales quieran formar parte de estos Premios?
—Aquí se refleja una vez más la importancia del trabajo constante, coherente y sostenido a lo largo de las décadas. Cada vez que una persona recibe el premio, una de las primeras cosas que suele hacer es interesarse por quiénes lo han recibido anteriormente. Esos nombres, acumulados con el paso del tiempo, han construido un prestigio excepcional. A ello habría que sumar, además, la experiencia que viven los galardonados durante su estancia en Asturias, gracias en gran medida al cariño y a la acogida de la ciudadanía asturiana. Esa combinación de excelencia, trayectoria y cercanía constituye una de nuestras principales señas de identidad.
—¿Existe algún Premio Princesa de Asturias que, visto con perspectiva, haya adquirido un significado completamente distinto al que tenía cuando se concedió?
—No creo que haya un Premio Princesa de Asturias que haya adquirido un significado completamente distinto con el tiempo. No obstante, algunos galardonados, o sus aportaciones, han alcanzado posteriormente una dimensión y una influencia extraordinarias, difíciles de prever en el momento de la concesión del galardón. Es el caso de los «padres» de Internet —Tim Berners-Lee, Vinton Cerf, Robert Kahn y Lawrence Roberts—, premiados en 2002; o más recientemente, los grandes impulsores de la inteligencia artificial —Geoffrey Hinton, Yann LeCun, Yoshua Bengio y Demis Hassabis—, reconocidos en 2022. El tiempo ha puesto de manifiesto la trascendencia de su trabajo que, aunque ya se intuía por el valor de sus investigaciones, nadie podía imaginar hasta qué punto transformaría nuestras vidas.
—Si mañana desaparecieran las redes sociales y los medios durante una semana, ¿qué historia de los Premios le gustaría contar personalmente para explicar por qué siguen siendo importantes?
—Probablemente me centraría en hablar sobre el impacto que los Premios han tenido durante todos estos años en el ámbito educativo. Han sido miles los estudiantes que han podido conocer, analizar e investigar la trayectoria y el legado de nuestros galardonados. Ese acercamiento a figuras excepcionales de ámbitos muy distintos les ha ayudado a comprender mejor el mundo, a descubrir referentes, a fijarse metas y, en definitiva, a desarrollarse como personas. Esa capacidad de inspirar a las nuevas generaciones es, para mí, una de las razones más profundas por las que los Premios siguen siendo tan importantes hoy.
—¿Qué cualidad busca la Fundación en una persona premiada que no aparece en ningún currículum?
—Como he tenido ocasión de comentar a lo largo de estos años, la constancia, la voluntad y el esfuerzo continuado son denominadores comunes en la trayectoria de la gran mayoría de nuestros premiados. Son cualidades que rara vez pueden reflejarse de forma evidente en un currículum, pero que resultan esenciales para alcanzar logros extraordinarios y para mantener, durante décadas, el compromiso con una vocación o una causa.
—¿Qué le gustaría que dentro de 50 años se dijera de la Fundación Princesa de Asturias?
—Me gustaría que se dijera que la Fundación ha seguido siendo una institución sólida, fiel a sus principios y comprometida con los fines que inspiraron su creación. Que ha sabido adaptarse a los cambios sin perder su esencia y que ha continuado aportando valor a la sociedad a través de la promoción de la cultura, el conocimiento, la ciencia y los valores humanos. Y, sobre todo, que sigue mirando al futuro con la misma vocación de servicio y con muchos años de trayectoria por delante.