La investigación sobre la lectura del ADN de Mayer, Klenerman y Balasubramanian ha acercado a las personas las soluciones reales que hace poco eran casi ciencia ficción
19 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Leer el ADN en horas y no en meses. Esa diferencia explica por qué el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica ha distinguido al biofísico francés Pascal Mayer y los químicos británicos David Klenerman y Shankar Balasubramanian. Los tres están detrás de equipos de grandes científicos que han desarrollado tecnologías de secuenciación de nueva generación que cambiaron la forma de estudiar el genoma.
A finales del siglo XX, los dos británicos fundaron la compañía Solexa, posteriormente integrada en Illumina, y desarrollaron un sistema capaz de leer millones de fragmentos de ADN en paralelo, rápido y barato. Mayer aportó una pieza decisiva, un método de amplificación superficial del ADN. El resultado fue una revolución: secuenciar un genoma humano completo puede hacerse hoy en apenas un día y por menos de mil euros, una fracción de lo que costaba hace sólo dos década.
Es un salto decisivo para la ciencia, y no es solo cuestión de velocidad. Al leer millones de fragmentos simultáneamente, la genética se ha convertido en una herramienta esencial de la investigación. Estas técnicas permiten estudiar cánceres, enfermedades raras e infecciones, investigar el microbioma y mejorar el diagnóstico, e incluso han transformado la medicina forense y hasta la ecología.
La pandemia de covid-19 mostró con claridad el valor de esta tecnología. El virus pudo ser identificado y secuenciado con enorme rapidez, lo que facilitó seguir sus variantes y contribuyó al desarrollo de vacunas de gran eficacia. El premio reconoce además trayectorias que siguen ampliando aquellas fronteras. Klenerman investiga la microscopía de alta resolución y las acumulaciones de proteínas relacionadas con el alzhéimer y el párkinson. Balasubramanian trabaja en la química de los ácidos nucleicos y la epigenética. Mayer aplica inteligencia artificial a la búsqueda de sustancias terapéuticas.
Para la ciencia, la distinción simboliza el valor de una tecnología que convirtió la información genética en un recurso masivo y accesible. Para el ciudadano significa algo más concreto: diagnósticos más precisos, mejor vigilancia de enfermedades y nuevas posibilidades para tratamientos. El ADN, invisible y microscópico, empieza así a tener consecuencias visibles en la vida diaria cada vez más.