Cumbres y valles. Impunidad y colapso


Redacción

Finalizada la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o Cumbre del Clima - COP25, celebrada en Madrid, aun constatada la evidencia y la urgencia para corregir la trayectoria autodestructiva de esta civilización, nuestro futuro ha quedado, una vez más, supeditado a los intereses de los cárteles político-financieros. Particularmente saboteadores, los de los países más contaminantes y con gobiernos más «contaminados»: Estados Unidos, China, Rusia, India, Brasil, Arabia Saudí, entre otros. No en balde, han sido multinacionales poco ejemplares las que han patrocinado el evento para vestir de preocupación sus intenciones.

Sin embargo, a pesar de la previsible victoria del lobby financiero-industrial, el diputado nacional de Foro Asturias, Isidro Martínez Oblanca, denuncia que la COP25 ha sido «el escaparate de los lobbies del ecologismo radical que olvidan el paro y la pobreza y nos devuelven a las cuevas del Sidrón y de Altamira». Cómo explicarle que la vida en un futuro no muy lejano no será mucho mejor que la que teníamos en la prehistoria si seguimos devastando el planeta con la voraz inercia iniciada en los años 50 del siglo pasado.

Se le podría admitir el calificativo de «radical» si entendemos que la intención de la mayoría de las organizaciones ecologistas es ir a la raíz del problema que amenaza nuestra subsistencia. Pero es obvio que el propósito de un partido como «Foro» no es comprender y proponer soluciones a problemas complejos de amplio alcance social y temporal, sino reproducir el discurso de coacción neoliberal. A saber: si no se permite el lucro indiscriminado, es decir, desregulado e inherentemente abusivo con las personas y el medio ambiente, seguirá habiendo paro y pobreza. El epítome del capitalismo suicida para el que no encontramos remedio, entre otras razones, porque los referentes de esta avaricia negligente han comprado tanta impunidad que consiguen desmotivar la movilización social masiva ante el colapso que anuncian los referentes de la ciencia.

Veamos.

Diferentes disciplinas tratan de revelar los mecanismos que expliquen esta indolencia institucional que aboca a las sociedades a resignarse a una decadencia anunciada. A partir de la investigación del comportamiento económico por parte de los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky, integrando psicología y economía, se ha ido desarrollando el estudio de la «economía conductual”. Kahneman obtuvo en 2002 el Premio Nobel de Economía por su teoría de las perspectivas.

Los experimentos de esta disciplina incorporan, también, modelos matemáticos de la Teoría de Juegos como el «dilema del prisionero». Así, experimentos como los de los «juegos de bienes públicos» tratan de analizar las condiciones que nos mueven a la cooperación (bien común) o al egoísmo (bien individual), y acaban constatando que la «mano invisible» de Adam Smith, símbolo de la racionalidad y el egoísmo individual, no es verosímil. El neoliberalismo pretende, a pesar de su inverosimilitud, la justificación teórica del acaparamiento y la desigualdad, aberrantes tiempo ha. Recordemos que somos una especie eminentemente social y que tenemos en la cooperación una estrategia de supervivencia crucial.

En el juego de los bienes públicos las personas participantes cuentan con una cantidad determinada de dinero que pueden asignar libremente a una cuenta pública y/o a una privada. Cuantas más personas, y más dinero, aporten a la cuenta pública, mayor es el beneficio común; aunque solo será superior a la cantidad aportada si la aportación colectiva supera una cantidad determinada. Pero se obtiene un mayor beneficio individual si se aporta solo a la cuenta privada mientras la mayoría aporta a la pública, porque recupera su aportación privada además de la parte proporcional de la cuenta pública. Es decir, es lo que pasa en la vida real cuando quienes practican la elusión fiscal, además de su dinero en guaridas fiscales, tienen el mismo derecho a los servicios públicos que las personas que contribuyen honradamente a la hacienda pública.

Volvamos a los experimentos. Inicialmente la mayoría opta por cooperar y contribuir al bien común aportando entre un cuarenta y un sesenta por ciento a la cuenta pública. Sin embargo, cuando observan que una minoría obtiene un beneficio mayor no contribuyendo a la cuenta pública, se da un paulatino cambio de estrategia de la cooperación al egoísmo, aunque suponga una reducción de las ganancias totales.

Hasta aquí podríamos concluir que:

- Si algo nos define mejor como humanes es la cooperación, no el egoísmo. Aunque, obviamente, no toda la humanidad se comporta igual; hay variabilidad conductual entre ambas estrategias de supervivencia.

- La disposición hacia una u otra estrategia está condicionada por el entorno. Por ejemplo mediante el control de las expectativas a través del discurso (cultura).

Esta última conclusión explica que los acaparadores utilicen buena parte de su botín en financiar la implantación del discurso económico «ortodoxo», no solo para favorecer la desregulación, tan rentable para ellos, sino para evitar la penalización de los abusos inherentes al neoliberal lucro indiscriminado. Porque la élite financiera también conoce la evidencia experimental del efecto que tiene la penalización de las prácticas egoístas negligentes. Evidencias como las que Ernst Fehr y Simon Gächter publicaron en 2000 a partir de los resultados de su variación del juego de los bienes públicos.

La modificación introducida por estos economistas austriacos (nótese la ironía histórica) en el juego permitía penalizar las conductas no cooperativas. E incluso cuando el castigo tenía un coste para quien decidía llevarlo a cabo, el resultado era un aumento progresivo de las aportaciones a la cuenta pública.

Corolario. La impunidad avalada en cumbres como la del clima, llevará el colapso a los valles de lágrimas en los que habitamos la mayoría. Porque el modelo de economía neoliberal desregulada favorece no solo que los egoístas con menos escrúpulos abusen del resto de la comunidad, sino que, además, sean admirados por sus «éxitos».

Y un ejemplo: la evolución de los mercados laboral e inmobiliario en España hace que si alguien menor de 30 años quiere emanciparse y vivir solo, deberá dedicar más del 94 por ciento de su sueldo al alquiler de la vivienda. En 2008 era algo menos del 56 por ciento. ¿Quién se beneficia del discurso que demoniza la regulación del precio del alquiler? Follow the money.

¿Y la próxima semana? La próxima semana hablaremos del gobierno.

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