Renato Sanches ilumina Portugal

El joven centrocampista es la gran aparición en un campeonato muy plano


redacción / la voz

Portugal es cuna de grandes jugadores que han marcado época. Eusebio, Chalana, Futre o Figo, ya retirados, son algunos de ellos. En la última década el gran nombre propio del fútbol luso es Cristiano Ronaldo. En la próxima, incluso en los venideros tres lustros, Renato Sanches acaparará protagonismo a poco que no se estropee o lo estropeen, porque cualidades le sobran. Y pinta que va por el buen camino.

Hace un año estaba en las categorías inferiores del Benfica. Con la temporada ya iniciada, Rui Vitoria lo subió al primer equipo y el 25 de noviembre del 2015 lo hizo debutar en Champions ante el Astaná. Desde entonces no ha parado de crecer. E hizo crecer al colectivo. Cuando dio el salto a la primera plantilla, el plantel era sexto en la liga, a ocho puntos del liderato. Al final, el Benfica se proclamó campeón.

En los cuartos de final de la Eurocopa ya estrenó titularidad en la selección portuguesa y jugará el próximo curso en el Bayern de Múnich. Los bávaros han pagado cerca de cuarenta millones de euros por su traspaso, a los que irá añadiendo variables que podrían llegar a duplicar el coste. No obstante, en Alemania están encantados con la operación. Y todo esto le está acaeciendo a Renato Sanches con 18 años. 

De la calle a la élite

Comparte con muchos de los grandes nombres propios que ha dado el balompié, como los casos de Maradona, Zidane, Ronaldo, Figo o Cruyff un origen familiar muy humilde. Al fin y al cabo, la calle siempre ha sido mejor escuela de fútbol que el laboratorio, afila mejor el instinto. Porque hay cosas que no se pueden aprender por mucho que se expliquen. Se tienen o no.

Empezó a jugar en Musgueira, un barrio periférico de Lisboa de esos a los que se les pone la etiqueta de problemáticos. Lo reclutó para el equipo de las Águias el presidente, Antonio Quadros. Despuntó desde el primer día. De hecho, siempre jugó con compañeros mayores en edad. Y, con solo once años, hizo una prueba con el Benfica. Tal y como relata el propio Quadros en un reportaje del diario Deporto, «solo necesitó 15 minutos para convencer a los técnicos». De haberse concretado el traspaso un año más tarde, con los doce cumplidos, el Águias se hubiese llevado ahora un pequeño porcentaje del dinero pagado por el Bayern, en concepto de formación. En su momento, pactó 750 euros y veinticinco balones para el club que no está claro si terminaron llegando.

El joven y dinámico centrocampista, con su fútbol atrevido y refrescante, se ha convertido ya en la gran aparición de una Eurocopa muy plana y decepcionante en nivel de juego. Y está iluminando Portugal como ningún otro, con su desparpajo y su capacidad de arrastre. Como evidenciaron los entrenadores del Benfica cuando lo captaron, no hace falta mucho tiempo para ver que es un futbolista distinto y muy completo, de largo recorrido, capaz de llevar el balón pegado al pie, buen pasador tanto en grandes distancias como en espacios saturados. Y, tal y como se pudo comprobar en los cuartos de final ante Polonia, un chutador que no necesita mucho para armar el tiro.

Por su fortaleza física y su apariencia lo comparan con dos centrocampistas holandeses, Edgar Davis y Clarence Seedorf. Tiene cosas de los dos, aunque quizás se parezca más al segundo, ya que se le observa una tendencia a jugar más cerca del área rival que de la propia. En la Eurocopa empezó como suplente, ante Polonia Santos ya lo incluyó en el once inicial y fue escogido como el jugador del partido. Semeja poco probable que el seleccionador, por más que sea conservador en su propuesta, lo devuelva al banquillo.

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