Gana el título de dobles con Marc López y remonta ante el brasileño Bellucci en individuales
13 ago 2016 . Actualizado a las 09:56 h.Rafa Nadal vale su peso en oro. Ya tiene su primer título en los Juegos de Río de Janeiro como un superviviente. Su titánico desafío, tocado de la muñeca, sin competir desde mayo, con dos pruebas al mismo tiempo y sin apenas días de descanso, se cobró una primera cumbre con su victoria en dobles junto a su íntimo amigo Marc López. Derrotaron a los rumanos Mergea y Tecau por 6-2, 3-6 y 6-4 en la final olímpica de dobles masculinos. Pese a su desgaste de tantos partidos, Nadal ejerció, de largo, como el mejor de los cuatro tenistas sobre la pista. Y persigue hoy (18.30) una segunda medalla en el cuadro individual. En su particular tour de force, le aguarda en semifinales un gigante, el argentino Juan Martín del Potro, que eliminó al español Roberto Bautista por 7-5 y 7-6.
El campeón de 14 grand slams encontró otro obstáculo añadido a su particular epopeya. Se enfrentó al brasileño Thomaz Bellucci en la pista central de Bara de Tijuca, un estadio abarrotado de fanáticos brasileños. Y aunque el magnetismo que transmite la garra del español alcanza allí donde juega, por todo el globo, esta vez el encuentro se vuelve casi como un cruce de Copa Davis, con una afición entregada al jugador local por encima de los límites de la deportividad. Todavía no juega Nadal como en sus mejores días, cuando la derecha empuja con tanto efecto al rival que lo manda a los confines de la pista. Por eso Bellucci, como en octavos hizo el francés Gilles Simon, planta cara de entrada. Pero a medida que la película avanza, el español sabe elegir los cambios de estrategia necesarios para llevar el desenlace a su terreno. Pega con más potencia, saca de sus zonas de confort al rival, asoma dentro de la pista para terminar puntos en la red. Y remonta. Y silencia la grada. Y gana por 2-6, 6-4 y 6-2. Entonces flota desatado de felicidad el campeón olímpico de Pekín 2008, que persigue su segundo oro en los Juegos. Ahora ya convierte los aplausos a Bellucci en una ovación a su favor. Agradece el calor de la grada y empieza a empatarse de la atmósfera de la victoria ante el caliente público brasileño. Se cambia de camiseta, y lanza una, dos y hasta tres pelotas a la gente. Disfruta como un niño antes de pararse a hacer fotos.
Nadal, que siempre había ganado a Bellucci, se reencuentra con un zurdo habilidoso. Con dos solitarios golpes ganadores en todo el primer set frente a diez errores no forzados. Todavía no es el tenista que debe para aspirar a una medalla individual. Y mientras se va encogiendo poco a poco, la grada grita más alto y canta con mayor alegría.
Pero conforme avanza el partido, Nadal se va haciendo cada vez más reconocible. Recuerda al jugador que fue cuando llega el segundo set, el decisivo para sofocar la revuelta del brasileño. Con un lenguaje corporal que anuncia algo grande. Y hace magia en el tercero, valiente para buscar la red, habilidoso para regalar jugadas a bote pronto tanto de derecha como de revés a dos manos... Hasta nueve puntos los termina en la volea en la manga decisiva, todo un síntoma de su valentía y su confianza. Un break rápido allana el camino. Así que cuando se ve con 5-2 a su favor, se levanta corriendo de su banco para sentenciar cuanto antes. En ese juego decisivo, como en la víspera a sus rivales canadienses del doble, Nadal impone y Bellucci regala una doble falta clave. La derecha del titán funciona y termina puntos en la red. Ya en semifinales, un triunfo le basta para asegurar otra medalla.
«No me olvidé de jugar. Quizá no es el momento de enterrarme», reivindicó tras ganar a Bellucci y sumar 800 victorias como profesional. Solo siete tenistas tienen más: Connors (1,256), Federer (1.080), Lendl (1.068), Vilas (929), McEnroe (877), Agassi (870) y Edberg (801).