Saúl Craviotto: «Aunque yo lograse seis medallas, Cal seguiría siendo el más grande»

«No sé si la cabeza será mi clave, pero tiene mucho que ver. En cualquier prueba es lo más importante»


Saúl Craviotto (Lérida, 1984) ya luce la púrpura de elegidos como las nadadoras Mireia Belmonte y Andrea Fuentes, el pistard Joan Llaneras, y la tenista Arantxa Sánchez Vicario. Pero entiende que un futuro salto de sus cuatro a las cinco medallas no cambiaría nada en la jerarquía del olimpismo español. «El récord de infalibilidad lo tiene David Cal, con cinco de cinco. Él es un extraterrestre, el mejor deportista que yo he conocido y posiblemente conozca. Yo no pienso en récords ni en nada. Yo pienso en lo mío y la verdad es que soy muy feliz porque no contaba con esta medalla».

-Apunta su compañero Cristian Toro que además del físico y el trabajo, le diferencia una cabeza al estilo de la de Rafa Nadal.

-Bueno, compararme con gente como Rafa Nadal me parece desorbitado. Él es el número uno, respetado por todos, admirado por todos, y por mí el primero. No sé la cabeza será mi clave también, pero tiene mucho que ver. En cualquier prueba la cabeza es lo más importante.

-Culmina seis meses durísimos. Porque ha tenido que ponerse en forma tres veces: el selectivo de marzo, el preolímpico de mayo y los Juegos ahora.

-Sí. Psicológicamente ha sido muy duro. Hemos luchado muchísimo para llegar a los Juegos. Llegamos, rendimos, estuvimos a la altura y ha sido increíble.

-Su entrenador, Miguel García, recuerda el bajón tan duro que tuvo después de ganar la Copa del Mundo de Duisburgo. Porque decayó mucho más de lo habitual.

-Me duró demasiado el bajón en la puesta a punto de estos Juegos. En junio estuve dos o tres semanas hasta desmotivado. No tenía ni ganas de entrenar porque estaba muy cansado todo el día. La piragua no andaba. De cabeza me vine muy abajo. Es algo que forma parte de la puesta a punto, pero resultó exagerado.

-¿Y quién le levantó ahí?

-Miguel. Es el que siempre tiene una paciencia increíble, el que está ahí y me ha ayudado a llegar.

-Entre Miguel y Toro quieren convencerlo para ir a Tokio.

-Bueno, ahora mismo quiero pensar en vacaciones, en estar con la familia y desconectar. Luego ya hablaremos de futuro.

-¿Se le hace ya duro pensar a cuatro años vista?

-Y más hoy, que acabo de terminar los Juegos. Cambian las distancias y ponen la de K4 500, que a mí me viene de maravilla. Porque tengo 30 años y soy relativamente joven para ella. Y si veo que el proyecto es apetecible y que los tripulantes del K4 500 podemos dar la talla, posiblemente esté motivado para seguir. Si conseguimos unas buenas piezas, yo creo que podemos lograr algo en el K4 500 en Tokio. Con la edad, la teoría dice que vas perdiendo la explosividad y hoy -por ayer- se ha visto. Estoy mejor en el segundo 100 que en el primero. No tengo tanta chispa como otros, pero en el segundo 100 empiezo a engranar, a coger vueltas. Y en 500 mucho mejor.

-¿Para quién es esta medalla?

-Para mi hija, mi familia, mi mujer y para toda España. Mi hija tiene año y medio y todavía no se entera. Ella está liada con los gusanitos y nada... (ríe).

-Antes habló de David Cal como un extraterrestre. Usted es kayakista y él era canoísta, pero ¿ve algún paralelismo entre ambos?

-No lo sé. Quizá en los deportes de élite lo que más influya sea la cabeza. Y David Cal ha demostrado que cada cuatro años el tío siempre estaba aquí. En los Juegos es donde tenía que aparecer y aparecía. Y eso de cabeza es muy muy duro. Lo que ha hecho él es increíble.

-Pero solo le queda medalla una para alcanzarlo. ¿Es un sueño?

-No, no. Yo no sueño con eso. No tengo ninguna ambición de superar a David ni muchísimo menos. Y aunque yo consiguiera cinco o seis medallas, David seguiría siendo el más grande. Fue el primero, el que rompió el hielo con las medallas. David es dios en la federación.

«Cristian Toro es el tío más noble que he conocido y el futuro K1 200 español»

Craviotto celebra el bronce después de un carrusel de emociones. «Salí delante, cometí un fallo, me vi atrás y volví a remontar. Así que los 200 metros se me hicieron como un maratón, se me hicieron larguísimos».

-¿Qué tiene de distinta esta medalla frente a las otras tres?

-La actitud de esta medalla ha sido lo que ha marcado la diferencia. Ha sido la que he ganado gracias a la cabeza porque me he visto atrás y he luchado hasta el final, y eso también es como para sentirme orgulloso.

-Afrontó el programa olímpico confiado en que cuatro días sobre 200 metros serían asumibles Pero la fatiga le ha influido mucho.

-Sí, ha sido muy duro. Los cuatro días se me han hecho muy largos. Hoy ya me levanté por la mañana y estaba reventado. Se lo dije a Miguel cuando fui a hacer el precalentamiento antes de la final. Bajé de la piragua diciendo que estaba muy cansado. Pero bueno, al final he sacado fuerzas de donde no las había. Son cuatro días de 200 metros a las 9 de la mañana, con luego todo el día para descansar, pero la fatiga es mental, sobre todo. Estar concentrado, venir a precalentar, estirar, fisio... Cuatro días con mucha tensión. Ha sido duro.

-Cristian ha estado magnífico.

-Cristian ha sido un compañero excepcional. Lo admiro muchísimo y es el tío más noble que he conocido, muy buena persona. Ha estado a la altura y me ha demostrado todo el año que estaba preparado de sobra para esto.

-Toro ya se plantea pasar a un barco individual.

-Yo ya se lo llevo diciendo muchos meses, desde que montamos el K2. Yo creo que él es el futuro K1 200 español. Entrenando estos meses, Toro me ha servido de esparrin. Hemos estado dándonos palos los dos en K1 y me daba estopa, la verdad. Estaba ahí a la par e incluso me ganaba ya en alguna serie. Así que él es el futuro, segurísimo.

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