El gallego Lucas Vázquez renueva hasta 2021

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández A CORUÑA / LA VOZ

DEPORTES

JAVIER BARBANCHO | Reuters

El extremo de Curtis se ha convertido en una pieza importante para Zidane y el club blanco se asegurado su continuidad

27 oct 2016 . Actualizado a las 12:51 h.

La imagen de la renovación de Lucas es la de Celestino, su padre, chupando lluvia en el campo de Feáns. Sin perderse un minuto del entrenamiento del chaval, antes y después de compartir con él sesenta kilómetros de coche entre Curtis y el campo donde se ejercita el Ural. Ayer era 2006 para Lucas; y mañana, el 2021, fecha en la que concluirá el contrato con el Real Madrid que hoy se dispone a ampliar. De por medio ha habido de todo; canchas de tierra, de hierba buena y de césped artificial; banquillo, cesiones y éxito; gente que lo vio venir y otra que pensó que el Móstoles sería el techo futbolístico del internacional.

Entre estos últimos confiesa encontrarse Jorge Cabanas, técnico del Ural juvenil, desde el que Lucas dio el salto a la capital. «¿Cómo vas a imaginarte que iba a acabar así? Ninguno de los de entonces lo pensamos. Iba para el Madrid sin siquiera pasar por el Deportivo», reconoce el entrenador. Él le hizo dar su primer salto de categoría, arrebatándoselo en ocasiones al cadete de Javier Bardanca para hacerlo jugar con chicos por encima de su edad. «Iba sobrado. A ellos los ascendió y a nosotros también nos ayudó en la fase de ascenso, en una época difícil para el club -apunta Cabanas-. Era un espectáculo, pero lo más llamativo en él eran sus ganas de aprender. Prestaba muchísima atención y todo lo que decías se lo tomaba bien. Seguro que eso ha sido clave para llegar donde está».

Lo corrobora Manolo Díaz, el míster que lo exprimió en los equipos C y B del club blanco. El de Tercera fue el primero que pisó Lucas tras concluir su etapa de formación. Un conjunto extinto que motiva la siguiente reflexión en quien lo guio: «Es una lástima que ya no exista porque permitía a los chavales madurar poco a poco, sin abandonar la casa. Por allí pasaron también Nacho, Morata o Cheryshev. Habría que preguntarse dónde estarían si no llegan a haber tenido esa opción». Díaz explica que aquella campaña (la 2010-2011) le sirvió al de Curtis para espabilar. «Juegas en campos de todo tipo, contra gente muy veterana. Quizá no aporte mucho a nivel técnico y táctico, pero ayuda a formar la personalidad», argumenta.

La del actual 17 blanco es la de «alguien transparente, alegre y trabajador. No engaña a nadie, va de frente y es un placer trabajar con él. En el campo esa forma de ser se traduce en su descaro con el balón, su alegría al jugar». Felicidad que viene acompañada, según el técnico, de «unas cualidades innatas. Habilidad, velocidad, desborde... Y a eso hay que sumarle su esfuerzo enorme en defensa para ayudar al lateral. Ya entonces tenía hechuras de jugador de Primera». Díaz así se lo hizo saber.

Después se lo recalcaría cuando asumió la dirección del filial tras el despido de Toril. Allí, en el 2013-2014, Lucas peleaba por la plaza de titular. Antes se la había arrebatado Juanfran, pero la salida al Betis del actual jugador del Dépor abarataba la pelea por el puesto de habitual. «Conmigo marcó siete goles aquella temporada. Destacaba y no fui el único que pensó que llegaría lejos. Con esa calidad, todos coincidíamos en que iba a triunfar», sostiene el míster de aquel filial. 

Cedido al Espanyol

El equipo se fue a Segunda B, lastrado por un mal comienzo de curso, pero Lucas recibió un nuevo empujón. «Buscábamos un perfil como el suyo. Lo vimos y nos llamó la atención», rememora Sergio González, entrenador del gallego en el Espanyol. Después, se lanza a glosar: «Es el futbolista total. Un jugador en extinción, al que le gusta abrir el campo, actuar pegado a la línea, aprovechar su cambio de ritmo, su regate, su centro... Encima ha mejorado mucho en la toma de decisiones. Además, disfruta aprendiendo y recibe muy bien cualquier corrección. Alguien así no tiene techo». El elogio no acaba ahí: «Ojo, que a veces lo defensivo pasa desapercibido, porque a la gente le gusta el fútbol de ataque y se queda con eso, pero que Lucas esté en el campo es un alivio para su lateral. Es una pasada cómo trabaja y ayuda en la recuperación. Vino al Espanyol a pelear por un sitio y acabamos dando las gracias por haberlo podido tener».

Y es que, asegura el técnico, «condiciones tenía infinitas. Se veía muy claro que iba a subir. Ya no sé si hasta asentarse en el Madrid, pero al menos para un equipo con aspiraciones europeas». El caso es que volvió al Bernabéu, y sí, se ha asentado allí. Tanto que el curso pasado participó en 33 encuentros (anotó cuatro goles), disputó y ganó una final de Champions, y en este lleva ya una docena de partidos y una ampliación. El contrato que concluía en el 2020 tendrá a partir de hoy un año más de duración. Para cuando termine, habrán pasado tres lustros desde Celestino, bajo la lluvia, en Feáns, viendo entrenarse al chaval.