Un ascenso impulsado en España

La Graiera y La Gomera vieron dos de los tres primeros títulos de un pegador al que apasiona el béisbol

.

redacción / la voz

Durante años, La Gomera recibió a un variopinto grupo de promesas del golf en busca de una plaza en el circuito europeo. A través del Challenge Tour, con premios que no siempre cubren los gastos, los profesionales pueden acceder al calendario principal. En el campo canario, tras un viaje largo, recaló Brooks Koepka en junio del 2013. Un año antes, al dejar la Florida State University, no logró la tarjeta del PGA Tour y decidió probar experiencias en Europa. En La Gomera, reverso del gran espectáculo del golf que suponen los grand slams, pocos jugadores llevan cadi, para ahorrar gastos. «A primera hora del sábado, Koepka se machacaba en el gimnasio del hotel. Cuando lo vi aparecer, pensé que había fallado el corte, como yo. Ya era un tío enorme, corpulento. Pero al regresar a casa y comprobar quién había ganado el torneo, me encontré con su cara. Cada vez hay más jugadores a los que les gusta machacarse ya antes de salir a jugar». La anécdota la rescata el profesional coruñés José Luis Adarraga. Koekpa, que el domingo ganó el US Open en Erin Hills igualando el mejor resultado bajo par en la historia del torneo (-16, como Rory McIlroy en el Congressional en el 2011), había ganado otros dos torneos antes del título en Canarias. Uno en Peralada en el 2012 y otro en Padua. Pero en La Gomera venció con -24 y diez golpes de margen sobre el segundo, la victoria más abultada en 25 años de Challenge Tour. 

Así que de España Koepka salió disparado. En unas semanas se le abrieron las puertas para el resto del 2013 en el circuito europeo. Y de regreso a Estados Unidos comenzó a enlazar notables resultados. Porque la regularidad es la marca de un jugador que en el PGA Tour solo había ganado el Phoenix Open hasta su éxito en Erin Hills. Integrante del equipo americano que recuperó la Ryder en el 2016, salta ahora del vigésimo segundo al décimo puesto del ránking mundial.

Hereda el gen competitivo de su tío abuelo, Dick Groat, que jugó tanto en la NBA como en las Grandes Ligas de béisbol. Quizá por eso un día soltó en Golf Digest que «el golf es aburrido» en comparación con los otros deportes que practicó de chaval. Ese cuerpo fornido que trabaja en el gimnasio le permite lanzar la bola a 300 metros. En Erin Hills rozó esa media con el driver, confiado en un campo que permitía escapadas. «Las calles eran tan anchas que podías fallar y aún así estabas dentro». El título lo acarició con el palo más corto: «La forma como pateé esta semana también fue increíble». 

Koepka arrancó el domingo en segundo lugar a un golpe de Brian Harman, pero dos birdies rápidos le dieron confianza para terminar con un festival de juego y cuatro impactos de ventaja sobre el japonés Hideki Matsuyama y el propio Harman.

Valora este artículo

0 votos
Tags
Comentarios

Un ascenso impulsado en España