Justin Thomas, otro fenómeno en la pandilla

Íntimo de Spieth y Fowler, e hijo y nieto de golfistas, corona una temporada de récords con un juego redondo


REDACCIÓN / LA VOZ

Primero Justin Thomas (Louisville, 1993) se vio predestinado para el golf por un asunto familiar; luego debió progresar al ritmo que marcaban sus mejores amigos y fenómenos mundiales; y ahora tenía que caer un grande en su palmarés, de tantos récords que encadenaba. Sucedió el domingo en el Campeonato de la PGA, después de remontar gracias a golpes con tanto suspense como su putt en el 10, que tardó una eternidad en caer del borde del hoyo, el chip que embocó en el 13 desde fuera del green y la valiente salida que le permitió un birdie en el 17 en una bandera muy protegida por el agua. Así se las gasta con solo 24 años, hasta convertirse en el cuarto ganador más joven del último grand slam del año, tras Jack Nicklaus, Tiger Woods y Rory McIlroy. 

Poco después de haber aprendido a andar, ya le llevaban al Harmony Landing Golf Club de Goshen, cerca de su casa. Al llegar al campo de prácticas, su padre se convertía en el profesor del club. El renacuajo prolongaba la saga familiar que inició su abuelo, Paul Thomas, que llegó a disputar el US Open y el Campeonato de la PGA. Justin pasó de conmover a los socios de su club a asombrar en los torneos estatales y a firmar un precocísimo debut en un torneo del circuito norteamericano, con solo 16 años. A los 20 se hizo profesional, a los 21 pasó al segundo calendario de importancia en Norteamérica, el Web.com, a los 22 triunfó en el CIMB Classic del PGA...

Pero cuando el pasado otoño empezó su temporada, su carrera no estaba a la altura de la de su pandilla. Problemas de tomarse las cervezas con tipos como Rickie Fowler y Jordan Spieth. Hasta que puso su talento a funcionar. Su juego largo, redondo, sin fisuras, tenía que darle alegrías parecidas a las de sus compañeros de entrenamientos. En solo cuatro meses, ganó tres torneos del PGA Tour. Incluido el Open de Hawái, donde firmó una tarjeta de 59 golpes. ¿Y los grandes? En el último US Open de Erin Hills se permitió soñar gracias a su 63 de la tercera jornada.

Un ascenso coronado en el green del 18 de Quail Hollow, el complicadísimo campo donde ganó el PGA. Allí entre el público le esperaban Spieth y Fowler para felicitarle. Y su padre. «Es valiente, emocional y agresivo», le corrigió su antiguo profesor en Goshen por la forma como se le escapó el US Open de Erin Hills. De aquella actuación incompleta nació su gran éxito hasta la fecha. «Aprendió mucho de aquel domingo. Tiene 24 años y aún vive su proceso de maduración, pero aún le falta», matiza su padre.

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