Una vida en la cumbre


Los teléfonos, bien entrada la noche, apenas ya sonaban en la redacción. A esas horas en los periódicos solo se espera para contar algo de verdad importante. Y el debut en un Campeonato del Mundo de aquel chaval al que primero le dijeron que se estaba jugando la vida, luego le impidieron competir y más tarde acabaron por aceptar a regañadientes valía la pena. La carrera sub-23 generaba un cosquilleo en todos los que habían seguido su caso. ¿Sería tan bueno como aseguraba su círculo de confianza? Sin retransmisión en directo por televisión, ni redes sociales ni smartphones, la información sobre la prueba de Queenstown llegaba por teléfono. Por la cadena clásica. Un contacto a pie de carrera, otro al lado opuesto de la línea, y apenas unos detalles cada cierto tiempo. Cada mensaje alimentaba el nerviosismo. Podía ganar. Ser el mejor. Arrasar con 20 años en el Mundial sub-23 pese a que apenas había podido rodarse antes en pruebas de máximo nivel.

Pero quién podía imaginar en aquel 2003 todo lo que acabaría consiguiendo Javier Gómez Noya. Porque en el deporte, en realidad, uno nunca sabe si al mismo tiempo que nace una estrella, surge en la misma generación un puñado de fenómenos. Mientras él se entrenaba en Pontevedra, quizá hubiese un chaval velocísimo corriendo al mismo tiempo por una playa en la Gold Coast australiana, o un mangallón esculpiendo sus músculos de hombre de hierro en un gimnasio de Alemania. Alguno podía haber faltado en aquel Mundial de Nueva Zelanda.

Javier no volvió a competir más con los pequeños. Desde entonces prefirió enfrentarse a los mejores sin importarle su edad. Muy pronto se convirtió en uno de ellos. De una forma tan rotunda que hoy acumula diez podios del Mundial de distancia olímpica. Sus cinco títulos esbozan la pegada de un mito. Pero su permanencia en la cumbre desde aquel día del 2003 en Nueva Zelanda hasta ayer, aunque esta vez no terminase con el trofeo en la mano, suponen otra hazaña inédita hasta hoy en el triatlón.

El próximo mes de enero, dará sus primeros pasos para convertirse también en una estrella del ironman. Un viaje sin retorno para la mayoría, aunque quiera dejar abierta la puerta a un regreso a la distancia corta para los Juegos de Tokio. Otro maravillosa travesía, a lomos de su audacia, hacia lo desconocido.

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