El deporte asturiano, 14 veces grande

Pablo Carreño ha disputado la Copa de Maestros, el torneo más selecto del tenis mundial. Para sopesar la importancia de ese honor, esta lista propone un repaso, hecho en orden cronológico desde el más antiguo al más reciente, por los grandes logros de los deportistas del Principado


Redacción

1-. Los golpes del «Gitano» Jiménez (1973-1974)

Nadie se esforzó mucho con el apodo de José Antonio Jiménez. Gitano es por nacimiento y Gitano le quedó como nombre para el ring. Ahora es un jubilado de la mina después de años de servicio a Hunosa en el lavadero mierense de El Batán, pero también fue uno de esos deportistas que, mucho antes de que en España se crearan estructuras profesionales fuera del fútbol, surgían de la nada, destacaban en su disciplina y volvían al anonimato sin haber conseguido un gran beneficio económico. El gran momento de Jiménez, nacido en Oviedo en 1952, le llegó cerca de casa y antes de cumplir los 21. En Gijón, la noche del 12 de mayo de 1973, después de pegarse durante quince asaltos con el escocés Tommy Glencross, el jurado le declara ganador a los puntos y le proclama campeón de Europa del peso pluma.

Eran otros tiempos, los principales medios de comunicación aún se ocupaban del boxeo sin cuestionarlo y pronto empezaron a circular los reportajes sobre aquel chico que, de repente, era famoso. Ya había ganado campeonatos de España, pero faltaba poner una vida detrás de aquellos títulos. El periodista Faustino F. Álvarez la encontró en una chabola de San Lázaro y la contó en un reportaje publicado por ABC. Jiménez procedía de una familia con once hermanos y un padre que se extenuaba para mantenerlos repartiendo carbón para alimentar las calefacciones de muchos edificios de Oviedo. El Gitano fue campeón de Europa durante algo más de un año y defendió con éxito su posición en dos combates frente al francés Daniel Vermandere, al que derrotó a los puntos en Madrid, y el italiano Elio Cotano, a quien derribó al final de una pelea a quince asaltos en Zaragoza. Después, llegaron los malos tiempos. A su esposa y a él les nació un hijo muerto y también ha visto fallecer jóvenes a otros dos. En la década de los 90, pasó casi tres años en la cárcel por un asunto de drogas en el que siempre mantuvo su inocencia. Al final, el Tribunal Supremo anuló toda la causa y ordenó su libertad.

2-. Esplendor y pájara del Tarangu (1974)

Los resultados habían sido mejores dos años antes, cuando José Manuel Fuente (Oviedo, 1945-1996), el Tarangu para todos sus compañeros del pelotón, en una primavera de éxitos, ganó la Vuelta a España, cuya celebración aún no se había desplazado hasta las últimas semanas del verano, y a continuación acabó segundo en el Giro de Italia. Pero se recuerda más el asombroso año 1974. El Tarangu también ganó aquella Vuelta. Se permitió el capricho de ganar en casa, en el Naranco, y se llevó otra etapa en Los Ángeles de San Rafael. Nadie pudo con él. Ni Ocaña ni Thevenet, el ganador y el segundo clasificado del Tour anterior, ni una caída que lo mermó durante días y animó a otro mito de la carretera, el portugués Joaquim Agostinho, a asaltar la primera posición. Al final, Fuente ganó la carrera por solo 11 segundos de diferencia, una de las ventajas más exiguas que se han registrado.

Lo más espectacular, aunque no acabara en victoria, fue su Giro, sin embargo. Fuente, que no conocía el miedo, tenía en el Kas uno de los grandes equipos de la época y había establecido con sus exhibiciones en Italia su reputación de escalador sin igual, llegó decidido a pelear con Eddy Merckx, el más grande, aquella carrera. Y lo consiguió. Sus alardes en aquella edición de la carrera rosa están entre los más recordados y más difíciles de igualar en una gran vuelta. Ganó cinco etapas, regaló otra a su compañero Santiago Lazcano, asombró a todos en los Alpes y los Dolomitas, sometió a sus rivales... y acabó quinto en la general. Sucedió que una mala tarde de niebla y frío, camino de San Remo, el afán ganador de Fuente le jugó una mala pasada. Después de gastar fuerzas en poner fin a una escapada que no amenazaba su primer puesto, el puerto de Langa se le atragantó. Fue tal la pájara, de la que quedan testimonios en las fotos de la época, que Merckx, implacable, le aventajó en más de ocho minutos. Fuente se recuperó y ganó aún otras dos etapas después de su desplome, entre ellas su muy citada ascensión a las tres cimas de Lavaredo. Su fallido intento final en el Monte Grappa, en el que Merckx vio peligrar su triunfo final, aún sigue en la memoria de los italianos. Nunca se vio otro Giro igual.

3-. Las increíbles medallas de Herminio Menéndez (1980)

El día más raro fue aquel de 1975 en que una piragua con cuatro españoles a los remos se deslizó entre todos los equipos del bloque del Este, dominadores sin desmayo de las pruebas en los tiempos de la guerra fría, y ganó en la categoría de K-4 de los campeonatos del mundo de Belgrado. Para la organización yugoslava, el resultado era tan imprevisible que no tenía a mano ninguna grabación con el himno español, de manera que la entrega de medallas se alejó del ritual de costumbre. Pero Herminio Menéndez (Candás, 1953), que era uno de los palistas que impulsaban la embarcación, hizo cambiar en los años siguientes esa idea de que solo las federaciones comunistas tenían opciones a la hora del reparto de los premios. Cuando los medallistas olímpicos españoles eran tan raros como los premios Nobel -el segundo término de la comparación, por desgracia, sigue siendo válido-, Menéndez se subió tres veces al podio: una en Múnich, en 1976, y dos en Moscú, en 1980. Sus dos platas y su bronce inauguraron el largo desfile de éxitos del remo español, el mayor caladero de medallas del olimpismo nacional, que llega hasta Río 2016 y los éxitos de Saúl Craviotto, un catalán que se entrena en Asturias gracias al legado y la tradición establecidos hace 40 años.

De Moscú regresó Menéndez, después de una semana de gloria, con medallas en dos distancias distintas de la categoría K-2: plata en los 500 metros y bronce en los 1.000. Sobre él recayó la posibilidad de encabezar un equipo dividido por las decisiones de la federación y con la presión de confirmar en los Juegos los éxitos de los años anteriores. El candasín no falló. Al retirarse y hacer balance de sus logros, contaba siete medallas en campeonatos del mundo que sumar a sus tres metales olímpicos.

4-. Quini, gol a gol (1970-1987)

En la carrera de Quini hubo muchísimos más goles que títulos porque, antes de la revolución del 2008, España ganaba poco y los clubes asturianos nada. Solo en sus años de Barcelona levantó trofeos, pero al Brujo se le quiere igual en todas partes. Sirve incluso para apaciguar la fiebre localista de Asturias: nació en Oviedo (1949), se crió en Llaranes para dejar huella en Avilés y es el símbolo del mejor Sporting que ha saltado a los terrenos de juego. Su facilidad para hacer goles, bien conocida por quienes le rodeaban desde muy joven, se hizo evidente para toda España el día de mayo de 1970 en que llevó a la selección amateur (entonces aún se jugaban esos torneos) a un triunfo aplastante contra Italia: 0-6 en Viareggio. Él marcó cuatro de esos goles. Desde entonces, hasta su retirada a mediados de los 80, no dejó de marcar.

Fue cinco veces (1974, 1976 y tres temporadas consecutivas: 1980, 1981 y 1982) el máximo goleador de la primera división española, tres con la camiseta del Sporting y la dos últimas, con la del Barcelona. Solo Zarra, esa leyenda, lo consiguió más veces (seis). Y solo uno de los mejores jugadores que han existido, Di Stéfano, y uno de los goleadores más voraces que han pasado por España, guinda de un equipo que dejó huella en la liga, Hugo Sánchez, lo igualan. También Messi, que va ya por cuatro ligas como mejor anotador, puede igualarlo o superarlo. Pero no hay más. Esa es su muy selecta compañía. Y no dejó de ayudar al Sporting con otras dos campañas como máximo goleador en segunda división cuando, en los años 70, las cosas fueron mal dadas.

5-. Masángeles Rodríguez, medalla de oro sobre fondo verde (1992)

El hockey sobre hierba es tan minoritario en España que, en 1992, cuando la selección femenina asombró al país y al mundo y ganó el oro olímpico de Barcelona (aunque, para ser exactos, los partidos se disputaban en un estadio construido en Terrassa), solo 430 mujeres lo practicaban con licencia federativa. Aquel equipo, visto desde ahora, parece llegado del futuro, de un momento posterior en el que las mujeres se han incorporado con naturalidad y éxito a todas las disciplinas y ya aportan más medallas que los hombres. Pero, hace 25 años, era lo nunca visto: el primer plantel femenino español que ganaba algo en cualquier deporte. Y una asturiana, María Ángeles Rodríguez (Gijón, 1958), Masa o Masángeles para sus compañeras, lo vio desde dentro.

Fue el 7 de agosto. España ganó a Alemania por dos a uno con un gol definitivo de Eli Maragall, emparentada con el alcalde que había conseguido los juegos olímpicos para la ciudad, otro detalle casi de ficción en una historia que Álvarez vivió desde el principio y empezó mucho antes. España era un actor marginal en el deporte del stick y el césped y lo habitual era que sus equipos femeninos se llevaran palizas cada vez que se encontraba con Alemania, Holanda o Corea del Sur, las potencias del deporte. Pero el seleccionador, José Manuel Brasa, tenía un plan. Durante cuatro años, formó un grupo de 20 jugadoras que dejaron en segundo plano sus trabajos o sus estudios para centrarse en el hockey. Se entrenaron como forzadas, sobrevivieron a concentraciones en condiciones extremas de hambre, calor y humedad y, cuando por fin se presentaron en Barcelona, no estaban para tonterías. Solo les compensaba ganar. Y lo hicieron.

6-. El gol de Abelardo a Polonia (1992)

En la larga travesía entre las Eurocopas de 1964 y 2008, solo las categorías inferiores aliviaron la escasez de triunfos del fútbol español. Se recuerda especialmente la vibración del Camp Nou la tarde del 8 de agosto de 1992, el momento en que España derrotó 3-2 a Polonia y consiguió la decimotercera de las medallas de oro en los Juegos Olímpicos que organizaba en Barcelona. Abelardo Fernández, ahora leyenda en el campo y en el banquillo del Sporting, marcó el primero de los tres goles españoles con un cabezazo desde la esquina del área pequeña tras el saque de una falta y empató un partido en el que los polacos se habían adelantado. Los otros dos los marcó Kiko (en su camiseta de entonces se lee Quico) Narváez, el segundo justo a tiempo de deshacer otro empate y evitar la prórroga con un final estruendoso. El central, que también había marcado en la semifinal contra Ghana, no era el único asturiano de un equipo con un gran toque de Mareo. Manjarín y Luis Enrique, que ya había salido hacia el Real Madrid pero seguía siendo de la casa sportinguista, aparecen en las fotos de la época. El centrocampista también marcó en el torneo. Y en el banquillo estaba Vicente Miera, un cántabro adoptado como entrenador por el fútbol asturiano mucho antes de que Manuel Preciado pusiera rumbo de Santander a Gijón. Miera había pasado por el Langreo, el Sporting y el Oviedo antes de trabajar para la Federación. Todos contribuyeron a un triunfo con el que nadie contaba en los primeros partidos, disputados en Valencia, lejos del ambiente olímpico.

7-. Yago Lamela, salto al olimpo (1999)

En marzo de 1999, Yago Lamela (Avilés, 1977-2014) aún no había cumplido los 22 años y había llegado a los mundiales de atletismo de pista cubierta, que se disputaban en Maebashi, como un miembro indiferenciado del equipo español. Fuera de los ambientes de su deporte, era un desconocido. Pero el salto de longitud permite a los atletas que de verdad destacan en él, los pocos elegidos, alcanzar la gloria en un breve vuelo y las condiciones para que esa alquimia funcionara estaban presentes en el pabellón de la ciudad japonesa. Aquel día Lamela dio un brinco que le permitió avanzar 8,56 metros sin tocar el suelo antes de caer en el foso y obligó al cubano Iván Pedroso, otro saltador sin comparación, a conseguir unos enormes 8,62 para ganar el oro. Lamela se quedó con la plata y con la gloria de ser el mejor europeo de la historia. Pocos meses después, al aire libre, en Turín, igualó los 8,56 metros y en verano, en el Mundial de Sevilla, se marcó 8,40. De nuevo apareció Pedroso para apropiarse del oro, pero el futuro parecía de aquel joven alto, fuerte y potente que había pasado por los Estados Unidos y se entrenaba en casa en Asturias. La promesa nunca se materializó entre lesiones y sufrimientos, pero aquel salto japonés de 1999 queda en la memoria como el anunció de la aparición de un genio.

8-. Fernando Alonso, prodigio acelerado (2005-2006)

Dos veces campeón del mundo de Fórmula 1 a los 25 años, Fernando Alonso (Oviedo, 1981) llegó a la gloria con la misma velocidad que aplica al pilotaje. Si los últimos años, al volante de coches alejados de las prestaciones que permiten competir por las victorias, han desdorado su imagen, conviene recordar la fulgurante irrupción en el paddock de aquel chico prodigio de las categorías de desarrollo, donde se había hecho un nombre pilotando karts y coches de la Fórmula 3000, y su asociación con Flavio Briatore, que guió su desembarco en el circo y puso a su disposición un Renault ganador que Alonso no desaprovechó en el 2005 para destronar a Michael Schumacher, el campeón de los campeones. Aquel año ganó siete de los diecinueve grandes premios del campeonato y, cuando no ganaba, solía acabar entre los tres primeros: estuvo quince veces en el podio. El 25 de septiembre, en Sao Paulo, cuando aún quedaban otras dos carreras en el calendario, se aseguró de que ni Schumacher ni Kimi Räikönnen pudieran alcanzarle y se convirtió en el piloto más joven que conseguía ser campeón del mundo, como antes había sido el más joven en ganar una carrera, aunque nuevas promociones de competidores han conseguido mejorar esas marcas desde entonces.

El año 2006 fue el de los grandes duelos con Schumacher. Cada uno de ellos ganó siete carreras, pero Alonso fue más regular en los podios. Se recuerda el desenlace de la lucha por el título por la crueldad con la que el alemán se quedó impotente para seguir luchando en Japón. La estela de humo que dejó su Ferrari al rompérsele el motor fue la señal de su derrota y del segundo título para Alonso.

9-. El sprint más glorioso de Samuel Sánchez (2008)

Era uno de los primeros días de los Juegos Olímpicos de Pekín y, con la diferencia horaria, España estaba trabajando o camino de la playa, porque era agosto, el día 11. En la capital china, sin embargo, Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) estaba en la carrera de su vida. Se suponía antes de empezar que la victoria iba a estar entre los equipos de España e Italia, que en Alejandro Valverde y Paolo Bettini tenían dos rodadores formidables para una prueba de un día. Pero, como tantas veces en el ciclismo, los planes y la carretera no cuadraron bien. El luxemburgués Andy Schleck hizo trizas los pronósticos con un duro ataque desde lejos y el final parecía ofrecer un duelo entre España e Italia, aunque con otro dos protagonistas: Sánchez y Davide Rebellin. Además, Schleck y el suizo Fabian Cancellara, menos interesado en la neutralidad que en el interés propio, prometían un desenlace con muchos corredores buenos, rápidos, experimentados y con aspiraciones a la gloria olímpica. Así que Sánchez empezó a sprintar desde lejos, con fuerza, sin miedo a nada y sin mirar atrás. Su punta de velocidad fue inalcanzable para los demás. En este 2017 en que llega al ocaso de su carrera entre acusaciones de dopaje, bien está recordar que el ovetense fue grande cuando más difícil era y más importaba.

10-. David Villa, máximo goleador del Mundial (2010)

En las fotos de la época más gloriosa que ha dado hasta ahora el fútbol español siempre habrá un sitio destacado para David Villa (Tuilla, 1981). El langreano, que marcó 59 goles en sus 98 partidos con la selección, era con frecuencia el punto final en los largos discursos con el balón de los equipos escogidos por Luis Aragonés y Vicente del Bosque. Fernando Torres en Viena y Andrés Iniesta en Johanesburgo robaron los focos por marcar los únicos goles de las finales que dieron a España los títulos de la Eurocopa del 2008 y el Mundial del 2010, pero fueron las dianas de Villa las que llevaron al equipo español a la posición desde la que poder disputar las finales. En Sudáfrica, suyos fueron cinco de los ocho goles que marcó el equipo, entre ellos los que eliminaron a Portugal en los octavos de final y a Paraguay en los cuartos. Junto con el alemán Thomas Müller, fue el máximo anotador del campeonato. Es el español que más goles ha marcado en fases finales de mundiales (nueve: tres en el 2006, cinco en el 2010 y uno en el 2014) y el máximo goleador del equipo español desde que se juegan partidos internacionales.

11-. La primavera fantástica de Juan Mata (2012)

El 1 de julio del 2012, la selección española de fútbol completó su asombrosa tacada y, al ganar 4-0 a Italia en Kiev, consiguió su tercer gran título seguido. Juan Mata (Burgos, 1988, pero quién discute que es ovetense) no fue titular en aquel partido, pero cuando salió al campo en sustitución de Çesc Fábregas se las arregló para aprovechar su cuarto de hora de juego y marcar el último gol, el que redondeaba el resultado y el campeonato. Fue un tiro relativamente sencillo tras una buena dejada de Fernando Torres. Para él era también un dorado punto final al que tal vez haya sido, hasta ahora, el mejor año de su carrera, precisamente junto a Torres en el Chelsea. Antes de llegar al campeonato de selecciones, los dos habían ganado con el equipo londinense, en un mes de mayo triunfal, la final de la Copa inglesa (2-1 contra el Liverpool) y la Champions League. El gran título europeo, el primero para el club, llegó en un partido memorable en Múnich y contra el equipo local. Al Bayern no le valió jugar en casa. El partido acabó 1-1 y se decidió en una tanda de penaltis. Mata tiró el primero de su equipo y lo falló. Pero, al final, no importó. El Chelsea marcó otros cuatro, los alemanes fallaron dos y el asturiano siguió sus dos meses de gloria: tres títulos en menos de 60 días. La afición blue le escogió como el mejor de la plantilla al final de la temporada.

12-. Ángela Pumariega infla la vela (2012)

A popa de un velero de la clase Elliot, manejando el foque por detrás de sus compañeras gallegas Tamara Echegoyen y Sofía Toro, la regatista Ángela Pumariega (Gijón, 1984) se convirtió en los juegos de Londres en la segunda asturiana en ganar un oro olímpico. Echegoyen, patrona de aquel barco, se había empeñado contra todo (incluida una Federación que jamás creyó en aquel proyecto) en formar una tripulación para ganar en esa categoría y lo consiguió. Las tres deportistas, que escogieron para ellas el nombre de Xiquitas Team, se deslomaron durante tres años de intensa preparación física y técnica para estar a la altura de la regata al mejor de cinco mangas que las enfrentó en la última carrera al equipo australiano el 12 de agosto del 2012. Fue una competición apasionante que no se resolvió hasta los metros finales de la última carrera en el campo de regatas de Portland-Weymouth encrespado por un viento persistente. En aquellas condiciones, a pesar de su escaso peso, una dificultad en su disciplina, Pumariega y sus dos compañeras demostraron una toma de decisiones y una velocidad que dejaron boquiabiertos a los espectadores neutrales.

13-. Julio Egocheaga escala el mundo (2002-2014)

En mayo del 2014, con la sorpresa que acompaña a las novedades en los deportes que no están continuamente en el escenario, llegó desde Nepal a las redacciones de los medios de comunicación asturianos la noticia de una proeza. El alpinista Jorge Egocheaga (Oviedo, 1968) había hecho cumbre a 8.586 metros en el Kanchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo, un coloso con cinco picos situado en una remota área fronteriza entre India y el propio Nepal. Era el final de un trayecto que había empezado en el Everest doce años antes y que había convertido al asturiano en el quinto montañero español (y en la trigesimotercera persona de todo el mundo) en ascender los 14 ocho miles del planeta (todos en Asia), ese reto físico y técnico que solo un puñado de elegidos consiguen cumplir. De Egocheaga, siempre alejado por decisión propia de las entrevistas, los premios y los homenajes, no se saben muchas cosas, pero sí que es médico y un deportista generoso que ha participado en rescates muy complicados para no dejar a nadie atrás.

14-. Pablo Carreño entra en la aristocracia del tenis (2017)

Aunque su súbita aparición en la Copa de Maestros de Londres por la lesión de Rafa Nadal haya acabado de forma abrupta, Pablo Carreño (Gijón, 1991) ha hecho del 2017 el año de su ascenso a la aristocracias del tenis mundial. Acaba el año como uno de los diez mejores según la clasificación de la ATP, aunque paradójicamente, ha jugado menos finales y ganado menos torneos que en el 2016. El año pasado llegó hasta el último partido en cuatro competiciones y se impuso en dos. Esta temporada logró el título en Estoril, pero se le escapó el de Río de Janeiro. La diferencia, sin embargo, está en sus actuaciones en los cuatro grandes, en los que ha pulverizado sus límites y avanzado hasta altura que nunca había conseguido. No participó en Wimbledon, pero en Australia llegó a la tercera ronda, en Roland Garros a los cuartos y en el US Open a la semifinal. En esos diez días fantásticos de Nueva York demostró que puede jugar con la misma precisión y dureza mental que los mejores. Lo bueno de Carreño es que su carrera está en plenitud y que aún pueden llegar logros mayores que incluir en una lista como esta.

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