El indomable Jon Rahm

El «coach» mental del vasco respalda la valentía del nuevo número 2 del golf mundial para fijarse el reto de ser el más grande y su naturalidad en el campo


REDACCIÓN / LA VOZ

Hay un móvil en el País Vasco que recibe llamadas desde el corazón del circuito de la PGA en cualquier momento del día. A un lado de la línea, el nuevo número dos del ránking mundial de golf, Jon Rahm (Barrica, Vizcaya, 1994), al otro el coach mental y emocional vitoriano Joseba del Carmen. Uno suele agarrar el teléfono para pedir consejo, y el otro trata de dar soluciones desde la distancia a un fuera de serie, un volcán, en un deporte tan solitario y exigente a nivel psicológico como el golf. La conferencia se estableció por última vez el domingo pasado, tres días después de la fabulosa ronda de 62 golpes (-10) del jugador vasco, y poco antes de atacar la última vuelta, la remontada que terminó con su triunfo después del cuarto desempate en el CarrerBuilder Challenge, en el Stadium Course del PGA West, en La Quinta (California). Su segundo título en el circuito americano para un total de cuatro, la enésima confirmación de su estatus en la aristocracia del golf actual. 

Lleva semejante año y medio como profesional, que ya a nadie le sorprende la evolución de Rahm, récord tras récord, por precocidad y regularidad. A la espera de su primer grand slam, sus números solo encuentran comparación con los de Tiger Woods, Jack Nicklaus, Jordan Spieth, Rory McIlroy. Su juego creativo, valiente y de swing corto («a menos movimiento, menos margen de error») ya no sorprende. Indomable, se sale del molde por su ambición y su carácter. Aristas que pule Del Carmen desde hace cuatro años. El coach vasco, que ronda el hándicap 2 de juego, cerca del nivel profesional en golf, respalda el carácter de Rahm. Empezando por su descaro para fijarse el objetivo de ganar 19 grandes (uno más que Nicklaus), ser número uno, convertirse en el mejor jugador de siempre... «¡Si no lo verbalizas, cómo lo vas a ser! No puedes ser algo sin sentirlo. Si lo dice porque lo siente, no hay problema en eso», argumenta el coach de Rahm, que descarta que sus declaraciones le generen un bumerán de responsabilidad. «Decir las cosas le compromete consigo mismo, más que con los demás. Ponerse metas altas ayuda a conseguir los objetivos. Me gusta soñar en grande y él se motiva con eso porque es un grandísimo competidor», explica Del Carmen, que también trabaja con equipos como el Alavés. 

 

De chaval, la obsesión de Rahm por ganar y un carácter volcánico le generaron tensiones. También en la Universidad de Arizona State, donde Tim Mickelson, el hermano de Phil, pronto cortó la parte más airada de su comportamiento. Después de patear su bolsa de palos, le puso como penitencia subir y bajar durante horas las escaleras del estadio del equipo de fútbol americano. Rahm acabó agradeciendo el castigo.

Camino del triunfo el domingo, su vuelta de 18 hoyos previa al play off no arrojó ni un bogey. Pero ni así se borró de la cara de Rahm la crónica emocional de su vuelta. Con muecas espontáneas, que otros días se convirtieron en enfados o lanzamientos del palo. Del Carmen prefiere esa «naturalidad» a la búsqueda impostada de un comportamiento frío. «Es cierto que no debe tirar el palo, su forma de canalizar la ira, la rabia. Pero tampoco tiene que reprimir sus emociones. Sacar la tensión con pequeños gestos te libera y te relaja para poder competir al 100%. La rabia es la mejor energía para salir adelante, para crecer. No me gustan los autómatas», razona el coach vitoriano.

La «confianza» de Seve, el modelo permanente

Del Carmen trabaja con Rahm a distancia, igual que su entrenador de swing de siempre, Eduardo Celles, afincado también en el País Vasco, aunque acuerdan juntos parte de la planificación. «En su etapa universitaria, seguíamos un trabajo más pautado. Ahora hablamos cuando hay una necesidad, pero en diciembre en la pretemporada siempre hacemos un trabajo de base». Después tienen las videoconferencias y las llamadas a su servicio. El teléfono del coach vasco sonó también a finales de junio. Su evolución había sido tan espectacular, que a mitad de año, convertido en top-10 mundial, ya se sentía medio sin objetivos. Unos días después de charlar con Del Carmen, ganó el Open de Irlanda con seis golpes de ventaja sobre el segundo. El pasado enero, convertido en número cuatro del mundo, volvió a telefonearle desde Hawái, para pedirle remedio a un tema de agarrotamiento con el putt. Y volvió a funcionar. «En este tiempo, simplificando mucho, su evolución más relevante está en su madurez interior y en su equilibrio», entiende Del Carmen. 

Pero no hay varitas mágicas. Aunque el talento y la valentía de Rahm parecen emparentarlo con Seve Ballesteros, un icono con un impacto tan grande dentro y fuera del campo que parece una osadía compararlos. «Seve siempre fue su ídolo y un modelo porque representaba la naturalidad en su máxima expresión. Creía en él, en que todo es posible, y esa confianza la transmitía en todos los poros de su piel», razona su coach. Al genio de Pedreña lo venera Rahm como fuente de inspiración.

¿Número uno en dos semanas?

Rahm podría ser número uno mundial dentro de 13 días, después de dos torneos. Solo tres jugadores en toda la historia llegaron al 2 antes que él: Tiger Woods, Jordan Spieth y Rory McIlroy. Y solo Woods necesitó menos intentos, 17, para alcanzar su cuarto título. El vasco ya ganó el Farmers Insurance Open, el Abierto de Irlanda y en Dubái en el 2017 y el CarrerBuilder Challenge este año.

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