Nada enfría la rivalidad del derbi de Asturias

Oviedo y Sporting vuelven a intentar dirimir su eterna cuenta pendiente en mitad del temporal. Las dos aficiones esperan el partido con pasión y ansían un triunfo tras el empate de la primera vuelta. Los azules buscan consolidar su puesto en la zona alta y los rojiblancos necesitan ganar para volver a la pelea por el ascenso

El domingo 4 de febrero a las 18:00 se celebra el derbi Oviedo-Sporting
El domingo 4 de febrero a las 18:00 se celebra el derbi Oviedo-Sporting

Redaccion

Casi cinco meses después del primer derbi asturiano en catorce años, el que al fin los reunió en El Molinón el pasado septiembre, Real Oviedo y Sporting de Gijón se reencuentran este domingo en un nuevo intento de dirimir su eterna cuenta pendiente. El panorama es muy distinto ahora para los dos equipos y para sus aficiones, aunque la rivalidad sea la misma de siempre. No solo ha cambiado el tiempo, ya que de aquel partido jugado en las últimas semanas del verano se ha pasado a otro que se disputará en pleno invierno, con previsiones de frío, lluvia abundante e incluso cierto riesgo de nevadas a la hora de empezar, sino también las circunstancias que rodean el juego. El Oviedo de principios de la temporada, disminuido por las lesiones y aún con el mal sabor de boca del final de la campaña anterior, ha mudado en equipo ganador, adherido a las primeras posiciones de la clasificación, capaz de sumar nueve partidos seguidos sin derrotas y, por primera vez, en disposición de convocar a toda la plantilla sin ninguna baja. El sportinguismo, por el contrario, empezó convencido de que el descenso consumado en la primavera sería transitorio y con la ilusión de volver a primera en un solo año. El paso de las jornadas reveló hasta qué punto aquellas esperanzas llevaban a pasar por alto los obstáculos, se llevó por delante al entrenador que se sentó en el banquillo aquella tarde y también se ha cobrado víctimas entre los jugadores en el recién cerrado mercado de invierno. El nuevo preparador intenta reagrupar al equipo y lanzarlo hacia arriba en la tabla, pero la ventaja concedida a los rivales deja poco margen para la vida contemplativa. La visita al Tartiere , que se llenará, se presenta así en el camino como un enorme riesgo que, según el resultado, se recodará como una calamidad o como una oportunidad de redención.

Todo es más feo en ciertas esquinas sórdidas de las redes sociales, donde se antepone el griterío a la sensatez, pero fuera de esos ambientes mal ventilados los asturianos esperan el partido con cordura, rivalidad contenida dentro de los límites de la sensatez y la ilusión de recuperar los partidos entre los dos mayores equipos de la región en una competición profesional y con objetivos grandes en juego. El campo presentará su mejor aspecto en las gradas, con un lleno garantizado y 1.200 seguidores gijoneses que han adquirido las entradas reservadas para ellos por los anfitriones. Tanta demanda hubo en la ciudad de los visitantes, que el club las sorteó, aunque en la semana posterior a otra denuncia por cánticos racistas en las gradas de El Molinón el ambiente interno del sportinguismo también se ha caldeado a propósito de si la entidad ofrece privilegios a los ultras.

Fuera de ese ruido, también se han visto en los últimos gestos bonitos de hermandad entre aficionados. En la la intimidad de sus vestuarios, los entrenadores y sus plantillas han preparado el choque con sigilo y prefieren no dar pistas. Por los azules, Anquela ha convocado a toda la plantilla, incluidos el recién llegado delantero Olmes García y el recuperado mediapunta Diego Fabbrini, que no ha jugado ni un minuto en toda la temporada tras su grave lesión de rodilla antes de que comenzara la liga y al que el técnico empieza a ver en condiciones de jugar al menos algunos minutos. Por los rojiblancos, Baraja solo ha dejado fuera a los jugadores con ficha del filial. No entraron en la convocatoria ni Nacho Méndez ni Dani Martín, pero si los tres jugadores incorporados al final del mercado invernal ?Santana, Mesa y Guitián? y los dos laterales derechos, Lora y Calavera, recuperados de sus dolencias. Los dos técnicos hacen grupo de esa manera y reservan sus planteamientos para no dar pistas por anticipado. Hasta pocas horas antes del partido, no se conocerán los once titulares y los siete reservas por cada bando.

Había tanta expectación y tantas ganas de victoria en las dos aficiones, ansiosas de que los equipos volvieran a medirse tras casi una década y media sin oportunidad de presenciar el gran partido, que el empate de la primera vuelta no dejó del todo contento a casi nadie. Acaso un poco más al Oviedo por haber conseguido un punto en casa del rival y por haberlo hecho, además, tras empezar perdiendo. Los tantos de Carmona y Toché dejaron el marcador igualado e impidieron que nadie pudiera presumir de haber ganado. Ahora, los locales saltarán al campo con la confianza que da la lejanía de su último partido en la liga, que se remonta a mediados de noviembre, hace ya dos meses y medio. Los visitantes han encontrado con su nuevo entrenador una manera de despachar los partidos en El Molinón, y han solventado con éxito los cuatro que han jugado con él en el banquillo, pero han perdido en sus dos salidas.

La pasión ha vuelto a recargarse en estos meses y el encuentro de vuelta brinda la oportunidad de zanjar el asunto nadie sabe para cuánto tiempo. Del resultado puede depender, entre otras cosas, que los derbis tengan continuidad el próximo año o que vuelvan a desaparecer por un tiempo. Si siguen en primera o en segunda, o si el ascenso de solo uno de los dos equipos impone una nueva pausa en esa carrera sin meta que disputan azules y rojiblancos, se verá una vez contados todos los goles de la temporada, empezando por los de este fin de semana, que se desean abundantes. Tal vez los delanteros echen una ojeada al cielo antes de empezar para desear que la lluvia también se siente a ver el derbi y dé al césped una tregua para que luzca lo mejor posible y favorezca sus propósitos, pero los aficionados que solo piensan en ganar no están para excusas y exigirán a los suyos que luchen contra el adversario y contra los elementos, si en necesario. En esas condiciones, el entretenimiento no puede fallar.

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