El Oviedo flota en el barro

Raúl Álvarez REDACCIÓN

DEPORTES

El delantero del Oviedo, Mossa (3i) celebra el primer gol de su equipo ante el Sporting durante el partido correspondiente a la vigesimoquinta jornada de LaLiga 1/2/3 de fútbol disputado en el estadio del Carlos Tartiere de Oviedo.
El delantero del Oviedo, Mossa (3i) celebra el primer gol de su equipo ante el Sporting durante el partido correspondiente a la vigesimoquinta jornada de LaLiga 1/2/3 de fútbol disputado en el estadio del Carlos Tartiere de Oviedo. Alberto Morante

Los azules imponen un juego enérgico y logran la victoria con dos grandes goles de Mossa

04 feb 2018 . Actualizado a las 20:44 h.

En el derbi del frío y la lluvia, el Oviedo supo flotar sobre el barro mientras el Sporting resbalaba hacia la derrota en un partido que nunca supo negociar en su terreno. Los azules compitieron con más vigor, consiguieron imponerse en el centro del campo y encontraron en Mossa al jugador genial del partido. Suyos fueron los dos goles de los suyos. El segundo fue extraordinario: un disparo lejano, enroscado y veloz que se dirigió en una curva imparable hacia la escuadra derecha de Mariño. Fue en el primer minuto de la segunda parte y ahí alcanzó el choque su punto culminante. Lo que quedaba fue peor. El campo aguantó mejor de lo previsto los sucesivos chaparrones que cayeron durante la tarde, pero hacia el final, con los jugadores ya agotados, era un obstáculo para cualquier intento de hacer un juego elaborado.

El Sporting, incómodo desde el principio, nunca pudo igualar el vigor y el empuje de los anfitriones. Sergio y Bergantiños no bastaban para dar hilo al juego ante las emboscadas de la presión del Oviedo. Sin embargo, por ese espíritu travieso del juego, rojiblanco fue el primer saque de espina del partido, apenas puesto en marcha el reloj. Y también el primer gol, poco después de que Mariño dejara una de esas buenas paradas que ha prodigado toda la temporada ante la primera manifestación de malas intenciones de Mossa. Bergantiños cortó una salida azul aún cerca del área local, Jony metió un gran pase a Santos, Herrero rechazó el disparo del punta uruguayo y, en el barullo posterior, entre malos despejes y resbalones, otra vez Jony cazó un remate que encontró acomodo junto a un poste.

Con ventaja pero sin la iniciativa, a los rojiblancos solo les quedó presenciar la crecida del Oviedo. No desplegaron los azules un gran juego. Habrá otras tardes para las florituras, pero con Berjón y Mossa convirtió la banda izquierda en una vía de acceso al área. En su primer derbi, a Montoro le tocó vérselas con el cuerpo de élite rival. De una combinación por esa banda llegó el empate ante una defensa que quizá pudo hacer más por taponar el disparo. Y, tras el descanso, la rosca infinita del segundo gol, que hizo delirar al Tartiere.

Tal vez sin ese tanto apenas regresados los equipos de los vestuarios el segundo tiempo habría sido distinto y el Sporting hubiera encontrado alguna fórmula para contrarrestar el planteamiento de Anquela. Pero, tal como sucedieron las cosas, el golpe dejó a los rojiblancos sin respuesta. Faltos de aire y de ideas, asistieron a un cuarto de hora de continuo despliegue azul. El acoso no dejó grandes oportunidades ni obligó a Mariño a lucirse, pero durante muchos minutos los gijoneses se vieron incapaces de superar la línea del centro del campo.

Baraja, desesperado, no esperó para hacer los cambios, porque en su equipo solo Jony daba señales de comprender lo que estaba en juego: el orgullo de Asturias y una temporada que va mucho peor de lo que se esperaba. Salieron Castro y Carmona, que poco se habían lucido, y entraron Rubén García y Nano Mesa en busca de mayor capacidad de hacer daño a la defensa local, que dejó algunos ejemplos de flaqueza sin llegar a sentirse verdaderamente intimidada. También se fue Bergantiños para que debutase Hernán Santana y el equipo intentase situarse más arriba. Pero fue en vano. Santos y Mesa  protagonizaron algunos estirones sin obligar a Herrero a intervenir.

Fue otra vez el Sporting triste que lejos de El Molinón se empequeñece. Y eso no es una buena idea en el Tartiere. El Oviedo se acerca al ascenso directo, lleva diez partidos sin perder y acentúa con el paso de los meses su aspecto rocoso cuando defiende y afilado arriba. Aarón o Folch estuvieron hoy más desdibujados, pero Linares peleó y Berjón y Mossa decidieron. Y, recuperados los lesionados, aún tiene capacidad de pegada en la reserva. Toché salió el último cuarto de hora a inquietar a los centrales del Sporting y el italiano Fabbrini, lesionado en agosto durante la pretemporada, jugó sus primeros minutos del año, los últimos del partido, y estuvo cerca del gol en el contraataque final, sin Mariño, que había subido rematar un córner, en la portería. Y esos segundos anteriores al silbato final lo dicen todo. El Sporting acabó desesperado y el Oviedo, eufórico en un campo que celebraba hasta la afonía que el derbi asturiano, quince  años después, hubiera encontrado un ganador. Fue justo.

La ficha del partido

Real Oviedo: Herrero; Johanesson, Forlín, Carlos Hernández, Christian, Mossa; Rocha, Aarón (Yeboah, 65’), Folch, Berjón (Fabbrini, 90’); Linares (Toché, 77’).

Real Sporting: Mariño; Montoro, Álex Perez, Fede Barba, Canella; Carmona (Mesa, 63’), Bergantiños (Santana, 67’), Sergio Álvarez, Jony; Castro (Rubén García, 55’) y Santos.

Goles: 0-1 (min. 21): Jony. 1-1 (min. 31): Mossa. 2-1 (min. 46) Mossa.

Árbitro: López Toca. Tarjetas amarillas a Mossa, Aarón y Johanssen, por el Oviedo, y Bergantiños y Carmona por el Sporting. Anuló un gol a Linares por un fuera de juego bien señalado.

Asistencia: 26.600 espectadores en el Carlos Tartiere.