La pista de patinaje sobre hielo es un gran teatro. Historias de amor, traiciones y tragedias. Con todo lo que hierve por encima parece mentira que no se derrita. Marina Anissina entrenaba con su compañero deportivo Ilia Averbukh. Talento. Danza. Rusos. La ecuación encajaba. Hasta que él se enamoró de otra patinadora y forzó un cambio de pareja. Anissina, despechada, envió sendas cartas a un patinador canadiense y a uno francés. El primero no respondió nunca. El segundo era un tal Gwendal Peizerat y su entrenadora lo tuvo muy claro. La rusa se mudó a Lyon para trabajar con Peizerat y competir por Francia. Los primeros meses, casi agua y aceite. Después se convirtieron en tiempo récord en una de las parejas más carismáticas. Eran distintos. Ella patinaba con su pelo rojo al viento. Más alta y fuerte que sus adversarias, era capaz de sostener a Gwendal Peizerat en el aire. Otros lanzaban mortales con música de fondo. Ellos bailaban. En los Juegos de Invierno del 2002 derrotaron a Ilia Averbukh e Irina Lobacheva.

En los Óscar se escuchará el nombre de Tonya, Tonya Harding. Esta norteamericana está acostumbrada a ser la mala del cuento. Era la gran promesa de su país. La mejor técnicamente. La obsesión de su madre parecía que iba a dar sus frutos. Pero en su camino se cruzó Nancy Kerrigan con su elegancia y su sonrisa. Kerrigan era para los estadounidenses la Julia Roberts del hielo. Harding, más huraña y menos esbelta y querida, entró en declive y fue procesada por organizar un ataque contra su rival en el que estaba implicado su marido. Fue lamentable en más de un sentido. Un tipo le propinó a Kerrigan un golpe en el muslo con un bastón. La intención era romperle una pierna pero la cosa se quedó en una lesión leve. La historia llegó a los tribunales. Harding pasó por realities varios e incluso llegó a vender un vídeo de contenido sexual con uno de sus maridos. Con todo este material han rodado una comedia. La tragedia fue para Sergei Grinkov y su esposa Katya. Se despidieron con un doble axel. Estaban entrenando y él cayó fulminado de un ataque al corazón.

Con todos los respetos, es difícil que el curling desate tantas pasiones.

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Fuego y hielo