Entre Keylor Navas y Benzema

El portero y el ariete sostuvieron a un extraño Real Madrid que jugó con el resultado y sin el balón


El partido de vuelta en el Bernabéu tuvo dos nombres propios en el conjunto blanco, los de Keylor y Karim, dos jugadores a quienes el entrenador ha defendido contra viento y marea. Retribuyeron esa confianza con dos expedientes sobresalientes. Benzema no es un futbolista indolente. Es distinto, un delantero que juega para los demás, de esos que congelan el tiempo cuando tienen el balón en los pies porque interpretan, piensan y sorprenden. Y si las musas están de su lado, se vuelven doblemente peligrosos.

El francés firmó ante el Bayern de Múnich el que probablemente haya sido hasta la fecha su mejor y más completo partido de la temporada. Escondió y acunó el esférico, buscó apoyos en sus compañeros y ayudó como nunca. Es raro verlo en el área propia, pero esta vez bajó con determinación para ayudar.

Oportunista

A su repertorio le añadió una cualidad que no suele ser habitual, la del oportunista, la de sacar petróleo de dos gruesos errores del rival. En el primer gol le buscó la espalda a su par casi sin pretenderlo. En el segundo, Tolisso se acogotó, el portero se enredó y Benzema se encontró con un regalo inesperado. No es el francés un jugador que se reivindique. Cuando fue sustituido, aceptó el cambio, recibió la ovación de una grada que supo reconocer su contribución y devolvió el aplauso.

En el otro extremo del campo, Keylor Navas se vio ante un partido de esos que se ajustan a sus cualidades porque el Bayern porfió, empujó, apretó mucho, tiró con frecuencia. El arquero echó mano de reflejos, su mejor característica. Y no cometió errores. Antes al contrario, los dos goles encajados fueron dos lanzamientos a bocajarro en los que el equipo no estuvo fino a la hora de achicar. En el primero, a Sergio Ramos le falló el gesto acróbatico al tratar de sacar un centro en difícil posición. En el segundo, no hubo ayudas y sobraron los espacios para los jugadores del Bayern, en este caso para James.

El nefasto partido del Real Madrid sin balón propició que el guardameta costarricense tuviese más trabajo que nunca. Lo solventó con seguridad, con el añadido de ser valiente en el juego aéreo, en los muchos balones que el conjunto alemán colgó sobre el área blanca. El colectivo de Zidane es tan difícil de clasificar que nunca se sabe por dónde va a sobresalir. Un día aparecen Lucas Vázquez y Asensio, en alguno que otro el instinto afilado de un Cristiano Ronaldo que pasó por las semifinales con poco peso, otras veces son los laterales los que rompen con sus subidas al ataque, y de Modric siempre se puede esperar lo mejor.

Pero muy pocas veces coincide que son el Benzema y Keylor Navas los grandes protagonistas, uno con sus goles y el otro con sus paradas. Porque entre uno y otro el Real Madrid fue un equipo que corrió sin criterio, que dejó muchos espacios al Bayern, que no terminó de adueñarse de la posesión para hacer daño. Y a pesar de todos los pesares está por tercer año consecutivo en la final de la Champions, la cuarta en cinco años. Misterio blanco.

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