Israel recibe el Giro entre medidas de seguridad y el caso Froome

Más de 2.000 kilómetros separan la peculiar salida de esta edición de la meta en Roma


Por estos días, la Ciudad Vieja de Jerusalén ofrece un impresionante telón de fondo: miles de policías, fuerzas de seguridad y guardias privados patrullan las calles del histórico lugar, que el viernes recibirá la etapa inaugural del Giro d'Italia, la primera grande ciclista del año.

El prólogo de 9,7 kilómetros, que dará inicio a la competición y marcará la primera aventura del Giro fuera de Europa, incursionará en el terreno montañoso de la Ciudad Santa. Los desafíos son evidentes, sobre todo en materia de seguridad.

Desde hace años Israel repele ataques con cuchillos de palestinos, por lo que la situación es tensa incluso en días normales, y más aún en el arranque de la edición 101 del Giro.

En las recientes protestas en la Franja de Gaza, las confrontaciones entre los soldados israelíes y palestinos tuvieron lugar durante semanas y dejaron un saldo de casi 50 muertos y miles de heridos entre los segundos.

Pero la seguridad no será el único tema en territorio israelí, que ofrecerá interesantes etapas como el recorrido de 167 kilómetros, ya el sábado, entre Haifa y Tel Aviv, y el trayecto a través del desierto hacia el sur, los casi 230 kilómetros de Beersheba hasta la costera Eilat, con el termómetro rozando los 40 grados.

Froome en el punto de mira

El doping del británico Christopher Froome también ocupa la atención en la previa de la carrera. El líder del equipo Sky, que busca ganar la prueba por primera vez en su carrera, reiteró su inocencia sobre su supuesto caso de doping en la Vuelta a España del año pasado, cuando en su orina se encontró más del doble de los niveles permitidos de salbutamol.

A casi ocho meses del control positivo, el británico todavía no pudo explicar las razones del alto nivel de presencia del medicamento que habitualmente se utiliza para combatir el asma, pero tampoco recibió una sanción por parte de Unión Ciclista Internacional (UCI). Hasta que el organismo no se expida, Froome está habilitado para competir.

«Sé que no hice nada malo», repitió hoy Froome en una rueda de prensa antes de la tradicional competencia, que por primera vez comenzará fuera de Europa. «No hay ninguna razón por la que no debería estar aquí», remarcó el británico de 32 años.

Froome, que ganó de forma consecutiva el Tour de France y la Vuelta el año pasado, aspira a ganar por primera vez el Giro, carrera en la que no participa desde 2010, cuando fue descalificado por viajar tomado de una motocicleta.

«Estábamos preocupados por la seguridad antes de venir a Israel, pero aquí está todo genial», dijo el británico sobre la carrera. «Espero que el inicio del Giro sea una inspiración para los jóvenes ciclistas locales y que algunos de ellos se conviertan en campeones del futuro», dijo el cuatro veces ganador del Tour.

Albergar la competencia, la más importante que tuvo lugar hasta ahora en la historia del país, tiene desde luego su precio. Según datos del Ministerio del Turismo, el costo total de tener la carrera asciende a 27,6 millones de euros. De esa suma, un cuarto es aportado por el Gobierno y el resto viene de patrocinadores.

En esa medida, Israel espera que el evento impulse el turismo, además del interés por el ciclismo. Solo en visitantes por el Giro, el país recibirá alrededor de 10.000 aficionados.

La logística será también vital, y representará otra de las grandes cifras. El lunes, después de las tres etapas en Israel, el transporte aéreo desde Eilat hasta Catania, un trayecto de 2.000 kilómetros, tendrá que llevar alrededor de 880 bicicletas (más de 22.000 ruedas).

En total, según medios israelíes, habrá cuatro aviones de pasajeros y otros tres de carga en el pequeño aeropuerto de Ovda.

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