Bronca de taberna en un salón de té

Las constantes interrupciones y acciones violentas marcaron un clásico faltó de alicientes


Estaba señalado un Barça-Real Madrid, pero finalmente se interpretó en el Camp Nou la simulación de un Girona-Getafe al que no acudieron los dos equipos más violentos de la Liga, sino quienes se ubican en el lado opuesto del escalafón. Posición de privilegio que ayudó a explicar el pseudoclásico de ayer. Una pelea tabernaria que contó con la complicidad del encargado de arbitrarla y un escenario excepcional. Casi 100.000 aficionados ávidos de festejar un doblete sin pasillo acabaron celebrando un empate tramposo que un buen número de jugadores concluyeran de prestado gracias a esa norma bien sabida por la que un zarpazo de Luis Suárez o un plantillazo de Casemiro tienen mejor acogida que un pisotón de Antunes o un empujón de Stuani. Solo así se explica que futbolistas como Bale o Piqué alcanzaran limpios de tarjetas el vestuario al concluir la primera mitad.

No hubo roja (ni amarilla siquiera) para el galés, que plantó sus tacos en el gemelo de Umtiti. Tampoco vio amonestación el central culé cuando aplaudió en la cara del colegiado la expulsión de Sergi Roberto. Al primo de la noche lo cazaron en un descarado guantazo a Marcelo sucedido después de que Suárez y Ramos se calentaran cuerpo a cuerpo, de que Alba midiera el cuello de Módric palmo a palmo y de que Messi desagraviara a su colega uruguayo plantando un pisotón al capitán del Real Madrid. El argentino, especialista en interpretar cada leve movimiento del cuero, no acertó sin embargo al medir la distancia entre el empeine del rival y el balón.

Como la primera parte de la trifulca acabó con once jugadores visitantes y solo diez locales en juego -las amarillas a esas alturas se repartían tres a dos-, en la segunda las dos acciones polémicas favorecieron al anfitrión. Hernández Hernández no apreció falta de Suárez a Varane en la acción del 2-1, ni penalti de Alba sobre Marcelo poco después.

Hubo por lo demás notables intentos de presión organizada del bando de Zidane y un par de combinaciones de mérito de los de Valverde. Puntuales exhibiciones de reflejos de Navas y Stegen, un buen centro de Sergi Roberto, un par de quiebros fenomenales de Messi, y un extraordinario zapatazo de Bale. Detalles breves y un último clásico para Iniesta. La bronca se detuvo un momento para que el Camp Nou pudiera despedir al de Fuentealbilla fingiendo que allí se había al fútbol que le gusta a él

Empate en un clásico descafeinado pero lleno de polémica

Colpisa

Cristiano Ronaldo se marcho lesionado en un duelo marcado por la expulsión de Sergi Roberto

El que pensara que iba a ser un clásico tranquilo seguramente no haya visto un partido entre estos dos equipos en su vida. Pese a los 15 puntos de diferencia entre el campeón y el Real Madrid, y que nada había en juego para ninguno de ellos, al duelo no le faltó de nada: tanganas, polémicas, expulsiones. y por supuesto, goles, cuatro, y algunos de bellísima factura. Lo que viene siendo un clásico de toda la vida.

La locura del Camp Nou acabó en tablas tras más de 90 minutos vibrantes, eléctricos entre dos equipos a tumba abierta que compensaron de la mejor forma posible los muchos errores que cometieron en lo puramente táctico. El Madrid sale reforzado para su final de Champions, mientras que el ya campeón de Liga mantiene una jornada más esa condición de invicto que va camino de ser más que histórica. Jugó el Madrid toda la segunda mitad con uno menos y no fue capaz de doblegar al líder. Se queda pendiente el equipo blanco del tobillo de su estrella que no jugó el segundo tiempo por lesión. Mientras, el Barça sigue sacando a relucir de lo que es capaz incluso sin su mejor versión.

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