Un «best-seller» de altura y un estilista de las cimas

J. C. Gea OVIEDO

DEPORTES

Reinhold Messner y Krzystof Wielicki
Reinhold Messner y Krzystof Wielicki FPA

Reinhold Messner y Krzysztof Wielicki encarnan dos formas de entender un deporte, pero comparten el mismo espíritu de ambición, autoexigencia y carisma en las cumbres

16 may 2018 . Actualizado a las 22:47 h.

Si, en vez de ser gigantes del alpinismo, Reinhold Messner y Krzysztof Wielikci lo fuesen de la literatura, el primero sería uno de esos autores colosales -un Cervantes, un Shakespeare, un Goethe o un Thomas Mann- que consiguen la rarísima proeza de ser a la vez pioneros y best-sellers destinados a trascender su tiempo. A Wielicki le podría cuadrar más bien el rol del poeta de vanguardia o el prosista un tanto experimental, a la vez purista y renovador, un estilista que abre rutas arriesgadas pero de modo simultáneo se gana también los corazones de los lectores y acaba convertido en clásico viviente, como ha sucedido por ejemplo con tantos líricos de su lengua polaca: Milosz, Herbert, Szymborska… La comparación es caprichosa, sin duda, pero quizá valga para acercar un poco al profano al extraño y fascinante mundo donde ambos han logrado ser titanes y en el que también se emplean términos parecidos a esos para describir lo que un hombre o una mujer son capaces de hacer cuando se enfrentan a la tarea de escribir en la montaña sus propias rutas hacia esas alturas donde aún se tienen los pies en la tierra pero ya se tienen también en el cielo.

Novelesco, carismático y tempestuoso

Messner es seguramente el más conocido de los alpinistas de la historia. A ello han contribuido sus proezas tanto como su presencia carismática, masiva y a menudo tan tempestuosa como una ventisca en lo alto del monte. También una historia personal en la que la gloria, desde el primer momento, está trenzada con la tragedia y con una sombra de tormento que solo hace unos años el alpinista de Val de Funes logró sacarse de encima. El hombre que hizo que se le forjara una improbable palabra a medida y que fue el primero en merecerla -«catorceochomilista»- perdió en 1970 a su hermano menor y cómplice de escaladas, Günter, en el primero de esos 14 ochomiles: el Nanga Parbat. A lo largo de los años, fue tachando cimas pendientes en su inédito programa para conquistar el resto de las cumbres mayores del planeta, algunas de ellas repetidamente. Fue además el primero en ascender en solitario al Nanga Parbat, el primero en conquistar sin oxígeno el Everest junto a Peter Habeler -ambos logros en 1978-,el primero en regresar al Everest para coronarlo a solas (1982) y el primero en encadenar en los Gasherbrum el ascenso consecutivo de dos ochomiles sin hacer parada en el campo base. Su filosofía la resumía en una frase, a propósito de la masificación y conversión del alpinismo en una forma especializada (y muy rentable) de turismo: «Es alpinismo, pero no esstá basado en la propia responsabilidad».

Pero, además de consigo mismo y con su equipo, Messner tuvo que cargar con otro peso para lograr esa impresionante ristra de proezas. Compañeros de aquella escalada al Nanga Parbat le acusaron de ser poco menos que el culpable directo de la muerte de su hermano, por abandonarlo para ascender en solitario, eligiendo la gloria frente a la responsabilidad. Ni la pérdida de una parte de sus manos en la búsqueda de Günther, según el relato de Reinhold que no todos creyeron, consiguió apartar esa sospecha. Hubo que esperar a que un hallazgo fortuito de un fragmento de fémur al pie del Nanga Parbat y las técnicas de ADN confirmaran, con la ayuda de otros restos como unos jirones de ropa, que la versión de Messner de que ambos habían coronado juntos y descendido después a la desesperada por la vertiente de Diamir, donde su hermano fue arrastrado por un alud. Los tribunales refrendaron su razón frente a las versiones, entre otros, del alpinista Max von Kienlin (quizá desairado porque su esposa decidió dejarle plantado por el arrebatado alpinista tirolés).