Un grande, siempre dispuesto a competir

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A medida que un fenómeno va haciéndose más veterano suele ir volviéndose más selectivo. Sucede en todos los deportes. No es solo una cuestión física, sino también mental, puro instinto de protección. Competir poco significa exponerse menos, reducir distracciones, mantenerse en eso lo que los cursis llaman ahora la zona de confort.

Nadie podrá decir que Fernando Alonso no ha asumido riesgos en los últimos tiempos. Sin necesidad de demostrar nada ha dado un vuelco a su trayectoria y ha ampliado el foco de la atención mediática en España. Su prioridad continúa en la fórmula 1, en la que mantiene un caché de leyenda pese a no acertar a elegir un equipo ganador. Pero ahora salpica su calendario con grandes eventos, como hizo con las 500 Millas de Indianápolis, y, sobre todo ahora, con el Mundial de resistencia. El cambio de formatos, coches y pilotajes someten sus conocimientos a una constante actualización. En estas nuevas aventuras es donde ha demostrado una vez más que es uno de los grandes pilotos de todos los tiempos.

Sin el seguimiento en España de otros formatos, su papel en el Mundial de resistencia eleva su dimesión como piloto. Su papel en el triunfo de Toyota en las 24 Horas de Le Mans resulta capital, con una demostración portentosa en el tramo nocturno. Para la triple corona le falta la victoria en las 500 Millas de Indianápolis. Ahora cobra significado su experimento del año pasado. A punto de cumplir 37 años Alonso vuelve a empezar. Solo Graham Hill pisó el camino que ahora transita el español, hacia la inmortalidad en el automovilismo mundial. 

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