Luis Enrique, fútbol sin mano izquierda

El nuevo seleccionador español acredita su solvencia como técnico, pero vive en conflicto permanente


Luis Rubiales quería a una persona autoritaria, que apostará por el buen fútbol y que además le diese un toque más vertical al juego de la selección española. Un perfil que, al parecer, cumple al pie de la letra Luis Enrique Martínez (Gijón, 1970), desde ayer, nuevo seleccionador de España tras el fracaso del Mundial. El nuevo seleccionador firma por dos años, hasta la Eurocopa del 2020.

«Tenemos dos años intensos, importantes, y desde el punto de vista de la dirección deportiva, este nuevo seleccionador cumple todos los parámetros», comentó el presidente de la federación al anunciar el nombramiento de quien, enfatizó, fue el único candidato al banquillo al que se dirigieron. «No hemos hablado con nadie más, solo con Luis Enrique».

«Lo que me gusta es el compromiso de dejar pasar otras oportunidades económicas mucho más altas porque quería ser seleccionador», dijo Rubiales en referencia a un preparador que estuvo en la órbita del Chelsea y que no tendrá cláusula de rescisión ?aunque sí de penalización en caso de ruptura unilateral del contrato?, como sí la tenía Lopetegui ?dos millones de euros, aunque no se ejecutó porque fue despedido? y que llegará a la selección con su propio staff técnico: Robert Moreno, como segundo entrenador; Rafel Pol, como preparador físico; y Joaquín Valdés, como psicólogo.

Tras una vida balompédica entre Sporting, Real Madrid (club al que acabó odiando) y Barcelona, su carrera como entrenador la desarrolló entre el Barça B (al que llevó a Segunda División), el Roma (en donde tuvo más de un enfrentamiento con Totti), el Celta y el Barcelona. Con parones para la bici y el triatlón, sus otras dos pasiones.

Balaídos fue su puerta de entrada a la Primera División. Cogió al Celta después de una milagrosa salvación la campaña 2012-13 y tras acabar en puestos de descenso la primera vuelta, fue capaz de dejar al equipo en la novena posición. En ese año en Vigo, con Nolito y Rafinha como principales estiletes, acreditó solvencia en la parte balompédica. Desde su atalaya ?ordenó construir un andamio para seguir los entrenamientos que a día de hoy sigue de pie? supo rectificar un inicio con la defensa tan alta que cada error era un gol en contra, hasta equilibrarlo y convertirlo en una estructura solvente, modificando un 4-3-3 con apariencia inicial de dogma de fe. Incluso indultó a Orellana, que pasó de descartado a jugador básico a partir del mes de noviembre.

Lo que no pudo enderezar Luis Enrique fue su carácter, arisco y distante con todo el mundo, especialmente con la prensa, desde su llegada. Sus salidas de tono, sus respuestas cortantes ?incluso con preguntas amistosas? y sus respuestas evasivas fueron un clásico a lo largo de todo el año. «En mi día libre hago lo que da la gana», espetó a los presentes cuando fue pescado por las cámaras en su casa de Gavá cerrando su acuerdo para entrenar al Barça sin finalizar la Liga y estando vinculado al Celta.

Rubiales sabe que esta guerra Lucho la lleva de serie también en el nuevo cargo. «Sabemos que Luis Enrique tiene carácter y que ha tenido algunas cuestiones con la prensa. Intentaremos llevarnos todos bien. Pero esperamos que el ambiente interno sea el mejor y también espero que el externo. Intentaremos que la relación, aunque sea escasa, sea la mejor posible», indicó.

Al presidente de la federación le cegó del asturiano su capacidad de liderazgo y, seguramente, el currículo amasado en su época de entrenador del Barcelona: dos Ligas, tres Copas del Rey, una Liga de Campeones, una Supercopa de España y otra de Europa y un Mundial de Clubes. Nueve títulos en tres campañas para una etapa a la que puso fin en junio del 2017.

Una tarjeta de presentación que le permite volver a un sitio conocido. Luis Enrique fue oro olímpico con España en Barcelona 92 y el puñetazo de Tassotti en el Mundial de Estados Unidos, en 1994, es una de las imágenes icónicas de la historia del fútbol español.

Molina, nuevo director deportivo de la selección

El exguardameta del Deportivo José Francisco Molina es el nuevo director deportivo de la Federación Española de Fútbol (FEF), centrado en la selección absoluta, cargo en el que sustituye a Fernando Hierro, que rechazó seguir tras la prematura eliminación de la selección española en el Mundial de Rusia, donde tuvo que tomar también el mando como técnico a raíz de la destitución de Julen Lopetegui.

«Por su conocimiento del fútbol, por su idea de modernidad, de implantar una idea muy parecida a la gente que está en la federación, consideramos que es la persona idónea», subrayó Rubiales en la rueda de prensa que ofreció junto a Molina.

El exguardameta agradeció la confianza depositada en él y afirmó su «ilusión» por trabajar en la FEF, a la que queda vinculado por dos años, con la vista puesta ya en la Eurocopa del 2020. Trabajará codo con codo con el nuevo seleccionador, Luis Enrique. «Se abre una nueva etapa en la FEF y esperamos poder seguir con los éxitos de la Federación, de la selección, durante los años que estemos aquí», apuntó el exfutbolista.

Nacido hace 48 años en Valencia, Molina es un profesional de acreditado prestigio en el mundo del fútbol, donde completó una exitosa carrera como guardameta en equipos como Valencia, Alzira, Villarreal, Albacete, Atlético de Madrid, Deportivo y Levante, donde se retiró en el 2007. En ese último equipo coincidió con Rubiales, su nuevo jefe en la Federación.

Fue nueve veces internacional con España, debutando el 24 de abril de 1996. Viajó a las fases finales de la Eurocopa de Inglaterra 1996 y Países Bajos 2000, así como al Mundial de Francia 1998.

Ahora regresa a la selección en un momento de reestructuración tras los sinsabores vividos en las últimas citas. Se le cuestionó a Molina sobre si hablaría con Piqué para que el zaguero reconsiderase su adiós a la selección. «Es un extraordinario jugador, me gustaría que siguiese, pero es el seleccionador el que decide. Con el primero que tengo que hablar es con el seleccionador», comentó Molina, que, eso sí, expresó su deseo de que «ningún jugador renunciase a la selección».

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