Ferrer arroja la muñequera

Anuncia que el US Open ha sido su último «grand slam» tras abandonar su partido contra Nadal: «No es que no quiera, es que no puedo», sentenció

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La muñequera blanca voló al medio de la pista del estadio Arthur Ashe y fue un símbolo de lo que estaba viviendo: para David Ferrer era la despedida de los grand slam nada menos que contra Rafael Nadal, pero una lesión en el sóleo izquierdo lo obligaba a abandonar por primera vez en 208 partidos en torneos grandes. «Si uno lo piensa así es mucha mala leche», reconoció Ferrer, después la caída 6-3, 3-4 y abandono, con una sonrisa de resignación. Se trataba de toda una paradoja para un guerrero que no se guardó ni una gota de sudor para competir ante rivales más fuertes, más grandes y hasta más talentosos durante 18 años.

El año que viene disputará algunos torneos, pero el US Open era su último grand slam. Y la fortuna lo había puesto ante el mejor adversario: Nadal en el estadio Arthur Ashe. «Para mí es un premio tener la oportunidad de jugar con Rafa Nadal en la pista central del Abierto de los Estados Unidos», había dicho antes del duelo el tenista de 36 años y que alzó 27 títulos.

Y Ferrer comenzó a la altura de las circunstancias, incluso mejor de lo que se podía esperar para un duelo entre el campeón, defensor y máximo favorito y el jugador 148 del ránking. Ya en el set inicial aparecieron las primeras molestias. Pero aguantó. Al inicio del segundo sintió un tirón en el sóleo y supo que era el principio del fin. Con atención médica logró superar dos amagos de retirada. Hasta que con ventaja 4-3 no hubo razones para más. Ferrer volvió a acercarse a la red, esta vez de forma definitiva, abrazó a su rival y se fue hacia su silla. Fue entonces cuando lanzó la muñequera blanca al medio de la cancha, la imagen simbólica de la emotiva noche neoyorquina.

Ya más tranquilo, el enojo se aplacó. «No quiero dramatizar algo que no va a empañar mi carrera. He dado un buen nivel de tenis y he jugado en la pista central con Rafa Nadal», valoró Ferrer. Luego, con un tono de voz suave, con la tranquilidad y con la serenidad para elegir la palabra justa para cada momento, Ferrer disipó cualquier tipo de dudas respecto a los motivos de la retirada. «No me voy con odio al tenis ni con ganas de no tocar una raqueta. Al contrario. Me voy porque no puedo jugar más de uno o dos partidos seguidos. No es que no quiera, es que no puedo», se sinceró el tenista de 36 años. Y se fue bajo los aplausos de los periodistas que poblaban la sala principal de conferencias pasada la medianoche en Nueva York.

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