Tamara Abalde: «Quería crecer porque quería jugar»

Aunque el básquet le venía de familia, fue ella la que decidió jugar porque iban sus amigas del cole


Ha recorrido medio mundo y siempre tiene la maleta preparada para ir donde el baloncesto la lleve. Valencia es su nuevo destino y allí coincidirá con su hermano Alberto tras once años cada uno en una ciudad. Tamara Abalde (Ferrol, 1989) encarna la definición de ciudadana del mundo. Con una sonrisa en la voz, vive, y sobre todo disfruta, de una madurez deportiva que la ha devuelto, nueve años después, a la selección española.

-Zaragoza, Madrid, Navarra, Salamanca, Francia, Houston... Llevará bien lo de la maleta.

-Sí, me gusta mucho viajar y creo que es una de las cosas más bonitas que me ha dado el baloncesto. He podido vivir en muchos sitios y me ha servido para aprender idiomas y hacer amigos.

-¿Cómo se vive la vida desde 1,90 metros de estatura?

-¡Lo que no sé es cómo se vive desde más abajo! (risas). Estoy acostumbrada a que la gente de mi entorno sea muy alta y para mí es lo normal. ¡Para mí esta es la media!.

-¿De pequeña ya era mucho más alta que sus amigos?

-Tuve un crecimiento paulatino. Era alta, pero no la más alta del equipo o de los amigos, la diferencia fue que luego no paraba de crecer. Pero nunca fue algo que me acomplejase, al contrario, ¡yo quería crecer porque quería jugar!.

-¿Siendo hija de Alberto Abalde, estaba predestinada a la canasta?

-A mi padre le hizo mucha ilusión, pero no insistió excesivamente. Nací en Ferrol y cuando nos mudamos a Vigo, con 8 años, fui yo la que decidió apuntarse al equipo de baloncesto del cole sin comentar nada a mis padres. Fue porque mis amigas iban. Ahí empezó todo, y mi padre encantado. Luego, cuando va avanzando, vas yendo a selecciones y empiezas a tomártelo un poco más en serio, pero nació de mí.

-Su padre fue profesional y usted y su hermano también lo son. ¿El basket preside las sobremesas de los Abalde?

-Hay cada vez menos baloncesto porque mi hermano y yo necesitamos desconectar y no hablamos mucho del tema. A mi padre sí que le gusta mucho y a veces intenta sacarlo, pero lo desviamos bastante (risas). Se habla, pero comentando quizás aspectos de nuestra vida como jugadores, no meramente deportivos.

-Debutó en la élite siendo una cría, con 15 años. No parece que haya tenido una vida al uso.

-El deporte la ha cambiado bastante, he vivido la vida típica de las jugadoras profesionales. Coincido más con la vida de mis compañeras de equipo que con la de mis amigas del colegio. Desde muy jovencita los entrenamientos pasaron a ser una prioridad, empecé a, entre comillas, perder tiempo de ocio y otras cosas que me tocaban por edad por ese compromiso que adquieres al jugar, por entrar en una dinámica profesional. La vida cambia. Por ejemplo, solo pude ir un año presencialmente a la universidad, cuando estuve en EE.UU., el resto fue a distancia. La vida tiene cosas diferentes, y cuando eliges una, te pierdes otras.

-¿Y qué le ha dado el deporte?

-Muchísimas cosas, viajar, vivir en un montón de sitios, conocer culturas distintas, idiomas, conocer a mi pareja. Me ha dado muchos sentimientos de alegría, de aprender a sufrir, mis amistades, desde las del colegio a las profesionales, ser competitiva, jugar en equipo... Cuando deje de jugar van a pesar más las vivencias que lo que podría medirse en éxitos deportivos.

-Ha sido internacional absoluta cerca de 40 veces, quinta en Pekín, bronce europeo...

-De las experiencias más bonitas que me ha dado el baloncesto, una es jugar con la selección española. Desde pequeñita era un sueño estar con la absoluta. Pekín es uno de mis mejores recuerdos deportivos y personales.

-¿Qué pensó cuando la llamaron para esta convocatoria, nueve años después?

-Fue una sorpresa y una ilusión muy grandes. Ya no contaba con ello y para mí jugar con la selección es un regalo, estoy feliz.

-Hablaba de Pekín. ¿Los Juegos son tan mágicos como dicen?

-Es absolutamente mágico e indescriptible. Podría hablar una hora y no haría justicia. Es una de las mejores experiencias de mi vida.

-¿Le quedan muchos sueños pendientes?

-Con la madurez y la experiencia ves las cosas de otra forma y ahora mismo estoy disfrutando de mi vida como jugadora de baloncesto y de mi carrera con más consciencia. No tengo ninguna meta, simplemente estoy en un momento dulce y de disfrutar.

-¿El deporte femenino empieza a estar donde le corresponde?

-Todavía hay mucho camino por recorrer, pero pienso que estamos en la buena dirección. De unos años para aquí está habiendo una revolución en la sociedad y también en el deporte que era muy necesaria. Creo que se están dando pasitos hacia delante y las cosas van a mejor. 

En corto

-¿Qué ha estudiado?

-Estudié el grado de Turismo y ahora estoy con un máster en dirección de comunicación y relaciones públicas. El día de mañana podría dedicarme a ello. He empezado a hacer prácticas y a adentrarme en el mundo de la hostelería, en hoteles, que me gusta el tema de márketing y ventas, y he empezado por ahí. Hay que buscarse el camino.

-Una ciudad para vivir.

-¡Qué difícil! Cuando sepa la respuesta sabré dónde voy a vivir el resto de mi vida (risas). He viajado tanto que me cuesta pensar en comprometerme a vivir en una sola ciudad. No lo sé, pero probablemente esté bastante a caballo entre Vigo y Belgrado, porque yo vivo en Vigo y mi pareja en Belgrado, así que estamos destinados a viajar mucho.

-Un libro.

-La Catedral del Mar

-Un disco.

-Un recopilatorio de Alejandro Sanz o Juan Luis Guerra.

-Un concierto.

-Juan Luis Guerra en Tenerife con mi hermana y una amiga.

-Un dibujo animado.

-La casa de Mickey Mouse, que le encanta a mi sobrino.

-Un superhéroe.

-No soy yo mucho de superhéroes, pero Batman.

-Una serie.

-Friends, sin duda.

-Un color.

-El rojo.

-¿Cuántos idiomas habla?

-Español, gallego, francés e inglés, y estoy aprendiendo serbio, pero voy muy despacio. Algún día aprenderé.

-Una fobia.

-Me dan mucha grima las serpientes.

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