La lección italiana del campeón

DEPORTES

BENJAMIN CREMEL | AFP

Simon Yates se proclama vencedor de la Vuelta y olvida su desgracia en el pasado Giro

17 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras doce días vistiendo el jersey rosa, Simon Yates llegaba este año como líder del Giro a la penúltima etapa de montaña de la ronda italiana. Frente al pelotón, un leviatán de 2.178 metros de altitud. La mítica Cima Coppi, techo histórico de la prueba italiana.

Fue ahí donde el británico comenzó a sentir que las piernas no respondían. De nada sirvieron sus dos victorias de etapa, su exhibición de casi tres semanas. Todo se diluía en los Alpes. Froome olió la sangre y se echó al monte. Atacó a falta de 80 kilómetros de meta y tiró. Primero rodeado de compañeros y después solo. En el Piamonte, el ciclista del Sky sentenció a lo grande el Giro. Fue una victoria como las del ciclismo de antaño, un ataque lejano y una llegada épica entre los restos de la nieve del invierno. Yates perdió más de 45 minutos en aquellas montañas y dijo adiós a todas sus opciones pero se convirtió, a la fuerza e involutariamente, en mejor ciclista.

El corredor del Mitchelton llegó ayer a Madrid vestido de rojo y lo hizo con el aval de la montaña. Se lo enfundó por primera vez en la Covatilla tras el primer ascenso duro de este año en la Vuelta, lo perdió entre las curvas de Galicia y lo recuperó cuando la carretera volvió a empinarse en los Picos de Europa. Y ya no lo soltó.

Con tan solo 26 años, Simon Yates se ha mostrado sólido y ambicioso. En la contrarreloj y, sobre todo, durante los puertos más duros. Es frío y calculador. E inteligente. El ciclista ha sabido convertir la crisis que pasó en Italia en experiencia. El ascenso al puerto andorrano de la Gallina, el último juez de esta vuelta, es una prueba de la recién estrenada madurez de este ciclista. Manteniendo un pedaleo constante en esa última subida y dejando escapar a Mas y a López para sellar sin sorpresas; ni agradables, ni desagradables, su primera victoria en una gran vuelta logrando de paso un registro histórico para su país. Nunca antes tres británicos habían conquistado Roma, París y Madrid en una misma temporada.

Hasta ayer, el mayor hito en el palmarés de Simon Yates era un sexto puesto en la Vuelta del 2016 y un séptimo lugar en el Tour del 2017. Brillaba, eso sí, su medalla de oro en el campeonato mundial de ciclismo en pista del 2013. Otra ejemplo exitoso de corredor multidisciplinar, ganador en el velódromo y en el asfalto.

Acierto también de su equipo. El Mitchelton-Scott confió en Simon como jefe de filas convirtiendo a su hermano Adam, cuarto en el Tour del año 2016, en gregario de lujo. El gemelo del ganador administró esfuerzos durante las primeras fechas de la carrera para llevar en volandas a su hermano y compañero en los puertos más duros de la última semana. Solo un corredor desconocido para el gran público como era -en pasado- Enric Mas pudo seguirles el ritmo. Ni Quintana, ni Valverde, ni Kruisjswijk. Ninguno de los señalados como principales amenazas de los británicos en las etapas decisivas pudo seguir la rueda de los dos ciclistas a los que, cuando la vuelta salió de Málaga, solo se les distinguía por el color de sus zapatillas. Un maillot rojo, más que merecido, hacia notar las diferencias entre ambos en el Paseo de la Castellana.

Nuevos y prometedores nombres del ciclismo han pedaleado sobre el asfalto español. Una carrera sobrada de emoción que no echa en falta el glamour galo.

El ciclismo español encuentra un nuevo referente en Enric Mas

con tan solo 23 años, Enric Mas ha firmado un sorprendente segundo puesto en la general de la Vuelta Ciclista a España. Ni Alberto Contador, ni Alejandro Valverde, ni siquiera Miguel Induráin lograron un éxito de esa dimensión con tanta precocidad. Tras perder tres minutos y medio en el alto La Covatilla, aquejado de un proceso febril, el ciclista balear llegó a la última semana demostrando que representa, junto a nombres como el de Marc Soler, el futuro del ciclismo español. Lo hizo además sin hombres fiables como escuderos en la montaña y con una victoria de prestigio en la etapa reina de la edición de la Vuelta de este año.

El corredor del Quick-Step fue la mejor noticia del pelotón para nuestro país junto a la victoria de Óscar Rodríguez en La Camperona. El también jovencísimo ciclista navarro del Euskadi-Murias -conjunto heredero del Euskaltel Euskadi- llevó a un equipo invitado a la ronda española hacia una victoria importantísima para el ciclismo de base español.

La encrucijada de Movistar

No pudieron ni Nairo Quintana, ni Alejandro Valverde, llevar a Movistar al éxito en casa. Fuera del podio de Cibeles, el maillot por puntos del murciano y la general por equipos parecen saber a poco para uno de los equipos con más solera del pelotón. Tras dos decepciones consecutivas en el Tour, la Vuelta de este año se prentaba como una gran ocasión para recuperar la fe en el proyecto. Quintana , tras ser acusado de conservador, quiso y no pudo. El propio ciclista lo reconoció, y a falta de dos etapas las opciones del equipo pasaban por Alejandro Valverde. Quedaba demasiada pendiente por delante para el insaciable corredor de 38 años que ahora afrontará la preparación para el próximo Mundial. Al igual que sucedió en la ronda francesa, Movistar partió con dos líderes en la contrarreloj inicial y llegó con ambos descolgados a la meta de los Pirineos. A los dos les queda un año más de contrato con el conjunto telefónico.

Un Sky distinto lejos de Francia

El equipo con más presupuesto de todo el pelotón mostró una cara distinta a la que acostumbra a exhibir en las carreteras francesas. Ni Froome, ni Geraint Thomas estaban presentes y solo Kwiatkowski y Jonathan Castroviejo repitieron. El pelotón se libró de la tiranía de los maillots blancos que no pudieron dominar la carrera como acostumbran en la ronda gala. El espectador lo agradeció y favoreció al espectáculo. El conjunto acabó décimo en la general por equipos y su corredor mejor clasificado fue David De La Cruz que finalizó decimoquinto.

El recorrido

La Vuelta Ciclista a España del 2018 ha sido una carrera divertida y emocionante que ha combinado recorridos inéditos con etapas clásicas deparando incertidumbre hasta el final. Las distancias mínimas entre los favoritos hasta la última etapa de montaña y la belleza del recorrido, especialmente durante la segunda mitad de la carrera, han hecho que la edición de este año vuelva a dejar a la competición en un gran lugar dando continuidad a la espectacular edición del año pasado. De las tres grandes vueltas, una vez más el Tour ha sido la que más ha decepcionado.

Un ciclista gallego en Madrid

Pablo Torres logró completar las 21 etapas entre Málaga y Madrid. El coruñés finalizó en el puesto 129 del total de 158 que terminaron el recorrido e incluso formando parte de una escapada en la etapa entre Mondoñedo y Estaca de Bares.

El ciclista del Burgos BH toma el relevo de Gustavo César Veloso, último corredor de nuestra comunidad en competir en la Vuelta entonces defendiendo los colores del equipo Andalucía.

Buena noticia para el ciclismo gallego, huérfano de corredores desde entonces.