Mismo enemigo, distinto plan

Arranca el curso en la NBA con los Warriors como rival a batir y LeBron como gran reclamo


Se acabaron los campus, las sesiones de fotos y los días de la prensa. Se acabaron las giras por China y las visitas exóticas -es fácil ganarse el adjetivo de exótico en un país tan ensimismado- de equipos extranjeros desfilando entre paliza y paliza por los pabellones americanos. Se acabaron las minutadas para los suplentes y para los que apuraban sus opciones de firmar un contrato. Se acabaron, en definitiva, las pruebas y con ellas el verano que en la NBA remata bien entrado el otoño. Por fin. Esta madrugada vuelve el baloncesto y la liga, que vende el espectáculo con maestría, mete a cuatro de los gallos de golpe en el corral. Philadelphia y Boston abrirán el telón en el Este. Oklahoma y Golden State, vigente campeón, se encargarán de hacerlo en el Oeste.

Será lo mismo de siempre y será totalmente distinto. Lo de siempre, porque el enemigo seguirá siendo el que era. Una dinastía -la de los Warriors- con la que todos tratarán de acabar. Pero el larguísimo verano ha dejado el tablero totalmente revuelto. Mismos villanos, mismos aspirantes, pero distintos ejércitos.

El Oeste

Buscando el efecto LeBron. No es la paciencia una virtud de la afición del equipo más glamuroso de la NBA. Cinco temporadas llevan Los Angeles Lakers sin clasificarse para los play off. De largo, su época más oscura. Este nivel de tragaderas por parte de sus aficionados solo ha sido tolerado al asumir que estos polvos son la indigesta resaca de la gran fiesta de sus vidas. La descomposición de un equipo campeón y, por encima de todo, la factura a pagar tras los últimos años de baloncesto de Kobe Bryant. Era hora de salir del lodo y la maquinaria se puso en marcha desde el mismo momento en el que LeBron James dio el «sí, quiero».

Las inmediaciones del Staples Center rinden honores al mito que viene. Gigantescas fachadas que los patrocinadores del jugador se han encargado de engalanar con su cara y sus nuevos colores además de con las zapatillas o los auriculares de turno. «Soñaba con convertirse en leyenda así que empezó a hacer cosas legendarias. Después decidió llevar sus sueños al Oeste». Eslóganes mesiánicos para la primera incursión de LeBron en esta conferencia tras años dominando la costa Atlántica. El Rey rodeado de una corte de jóvenes promesas y de veteranos con carisma. Los expertos y las casas de apuestas, menos optimistas que los publicistas, auguran a los de púrpura un final de temporada entre el cuarto y quinto lugar en la Conferencia Oeste. De momento, más ruido que nueces para los analistas pero en Los Angeles no triunfará ningún proyecto que no consiga acaparar antes la luz de los focos.

Por encima de ellos -y dependiendo de la proyección- equipos como los Jazz de Ricky Rubio, Oklahoma City Thunder, los Houston Rockets y, por supuesto, los Golden State Warriors. Si Steve Kerr afina a DeMarcus Cousins y la salud acompaña, parece imposible que alguien les tosa su tercer título consecutivo.

El Este

Tres aspirantes a la sucesión. Comenzaron el curso con los deberes hechos pero todo fue un desastre la temporada pasada para Boston Celtics. En el primer partido del año pasado, Gordon Hayward, flamante fichaje, se partía tibia y tobillo. Se repusieron de ese golpe y ganaron partidos. En marzo cayó lesionado Kyrie Irving, estrella indiscutible, y siguieron ganando hasta finalizar segundos en el Este y alcanzar las finales de conferencia. No pudieron con los Cavaliers de un LeBron que, in extremis, hizo cumplir el guión de otra final ante los Warriors. Pero este año será otro cantar. Cleveland será un equipo intrascendente en el devenir de la competición y Boston, junto a Toronto Raptors y Philadelphia 76ers son los grandes favoritos a reinar en el año I después de James.

El año pasado, durante el martirio, los de Boston lograron encontrar un camino entre la desgracia en el que Jayson Tatum, un novato, se acaudilló como guía. Pero sobre todo encontraron un estilo de la mano de Brad Stevens. El quinteto de los de verde asusta. Sus aspiraciones dependerán del encaje de Kawhi Leonard en unos Raptors que le han dado la patada a DeMar DeRozan para hacer hueco al talento del ex de San Antonio, que viene de un año blanco tras su ejercicio de rebeldía frente a Popovich, y de la madurez del proceso de los Sixers. Parece que este es el año.

Poco más a la hora de buscar pelea por el liderato aparte del atractivo de ver a los Bucks de Antetokoumpo. Persiste el problema en el Este que vive la paradoja de afrontar una temporada de más emoción, competitividad y espectáculo a costa de perder al mayor talento visto en la Conferencia en los últimos quince años.

Los españoles

La mayoría de edad de Gasol. Con 38 años, Pau Gasol afronta este curso su decimoctava temporada en la élite del baloncesto mundial. Y las cosas no pintan demasiado bien. La retirada de Ginobilli y la salida de Tony Parker del equipo suponen el punto y final a la época dorada de la franquicia texana que siempre ha sabido reinventarse. Se han movido con inteligencia para amortiguar la lógica caída pero la reciente lesión de larga duración de Dejounte Murray complica el reto de acceder por vigésimo segunda temporada consecutiva a los play off.

Willy Hernangómez buscará minutos para crecer en Charlotte mientras que Abrines y Juancho Hernangómez tratarán de aprovechar las lesiones de Andre Roberson y Michael Porter para convencer a sus técnicos.

Marc Gasol será el estandarte sobre el que los Grizzlies traten de reencontrarse con su identidad y Calderón buscará minutos en su regreso a Detroit.

Ricky, Ibaka y Mirotic serán importantes en equipos de peso y un ex de la liga española como Doncic buscará hacer presente de su portentoso futuro.

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