Garbiñe Muguruza necesita cambiar

Fernando Rey Tapias

DEPORTES

MARISCAL

La carta de su antiguo entrenador, hablando de valores cuando rompieron, retumba ahora por las tristes escenas con su técnico

05 nov 2018 . Actualizado a las 13:39 h.

Hace poco más de un año, Garbiñe Muguruza alcanzaba el número 1 del ránking de la WTA, confirmando las expectativas que la situaban entre las principales aspirantes a suceder a Serena Williams en lo más alto de la clasificación del tenis femenino. Con un buen físico y un gran arsenal de golpes ganadores, a la hispanovenezolana no le hizo falta ganar muchos torneos para hacerse con la victoria en dos grand slams, Roland Garros 2016, y Wimbledon 2017. En el 2015, ya había avisado al alcanzar la final del torneo londinense. Sin embargo, cuando más se esperaba de ella, su rendimiento ha caído en picado hasta bajar al puesto 18 de la WTA, consecuencia de sus pobres resultados del 2018, con un solo título, y sin lograr pasar la segunda ronda de ningún grande, a excepción de Roland Garros, donde perdió la semifinal ante Halep.

 Aparte de lesiones y derrotas inesperadas, las desavenencias públicas con su actual técnico, Sam Sumyk, han mostrado ante la televisión una falta de entendimiento, y sobre todo de respeto entre ambos, que hace poco comprensible la continuidad de su relación.

La formación de Garbiñe se desarrolló desde los seis años en la escuela de Luis Bruguera, entrenando en su etapa cadete y júnior con el vigués Alberto López, al que tuve de alumno en la escuela infantil gallega. En el 2010, cuando estaba 330 en el ránking, comenzó a entrenar con Alejo Mancisidor. La relación de cinco años entre ambos acabó tras jugar Garbiñe la final de Wimbledon en el 2015. En una carta de despedida, el técnico vasco, sin una crítica directa hacia su jugadora, mencionaba que sus padres le habían inculcado los valores de la humildad, el respeto y el trabajo, y que las diferencias y esos valores no le permitían creer y seguir en el proyecto. Mancisidor mencionaba tres palabras clave: el trabajo, no solo necesario para que el talento pueda alcanzar la cima, sino también para mantenerse en ella; la humildad, imprescindible para la superación, y el respeto, como norma básica de educación y convivencia.