La crisis es contagiosa


Pese a la creciente costumbre de anticipar las crisis al mínimo contratiempo, este fin de semana será necesaria una ayuda extra para tratar de poner un orden lógico en todas las heridas que se pueden abrir. Para cuestionar a Valverde o a Simeone, o a ambos, o poner en duda el papel de un Real Madrid que quizá se apresuró a renovar a Solari tras superar cuatro trámites. El asunto no reside tanto en saber que equipo saldrá líder después de la jornada trece -Barcelona, Atlético, Sevilla o Alavés- como cuál se mete en un lío. Incluso, en una cita como la del Metropolitano, de tradición espectacular, parece secundario el debate sobre el apasionante duelo de estilos de los últimos años o resolver la duda de si el Barcelona -con Vidal en el lugar de Rakitic- se asemejará más al Atlético del Cholo o si los locales, en su afán por aprovechar la oportunidad de dar un golpe encima de la mesa, apuestan por la pelea a campo abierto, por recortar esa distancias que en la pretemporada se antojaba menor que en épocas pasadas.

Lo cierto es que este Atlético-Barcelona parece más cargado de importancia que en el pasado reciente, por la sorprendente igualdad en el grupo de cabeza y porque, al fin y al cabo, el cada vez más pragmático Barça se ha dejado por el camino 12 de los 36 puntos en disputa. Una derrota más le acercaría al terreno de lo inadmisible, ese que le costó el puesto a Lopetegui en el Madrid y el mismo que puede atravesar un Simeone al que comienza a no alcanzarle con ganar de cualquier manera, quizá porque la idea tenga todavía más que ver con el escudo y el sudor que con el juego, por más que reclame un Balón de Oro para Griezmann, se gaste 70 millones en Lemar o presuma de tener al mejor portero del mundo.

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