Los quince inadaptados


Últimamente, la televisión trabaja mucho esas series en las que bailan bien apretados el drama y la comedia. Dramedias para unos. Tragicomedias de toda la vida para otros. Eso es la final de la Copa Libertadores. Allí donde no cubre el llanto debería llegar la risa. Ese duelo a dos partidos que no acaba nunca, suspendido en todo lo que no sea fútbol. «Decimos con demasiada facilidad que hemos tocado fondo. Lo hicimos en el 2015 cuando atacaron con gas pimienta a los jugadores de River en la Bombonera. Pues no. No tocamos fondo entonces. Argentina nunca toca fondo». Ese era el lamento compartido en una radio nacional. Lo peor siempre es aquello que espanta pero no sorprende. En Argentina entra dentro de la rutina que miles de personas acudan a un estadio sin entrada y monten una avalancha para acabar viendo gratis un partido. «Unos van con el ticket y otros con el palo», aseguran los periodistas. También ocurrió en el frustrado River-Boca. Mientras, algunos extienden el mito de los «quince inadaptados». El tono de este relato oscila entre el cuento y la verdad universal. Cinco lobitos. Diez mandamientos. Y quince inadaptados. Es la falacia de que los incidentes se deben a un grupito improvisado de maleantes que sufren ataques puntuales de ira. ¡Cuánto ruido para quince macarras! Quince hiperadaptados. Porque la verdad es que son muchos más y se adaptan perfectamente al funcionamiento del sistema, como todo buen parásito. Conocen los pliegues de la piel para instalarse y chupar. Es un problema cuando el sistema se rasca y encuentra en la casa de un líder de la barra brava de River 300 entradas para la final y siete millones de pesos en efectivo. Se ve que esa gran pasión necesita combustible. Héctor Caverna Godoy, como buen ultra, al club rogando y con el mazo dando.

Hay argentinos que sospechan que la curva en la que apedrearon en autobús de Boca era «zona liberada». La expresión proviene de la dictadura militar. Cuando los grupos que secuestraban a ciudadanos estaban actuando en una determinada calle, se le llamaba «zona liberada», porque la policía dejaba hacer. Hasta los fantasmas se pasean por esta tragicomedia.

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