José Luis Núñez, el constructor del Barça moderno

Marcó una época en un club que presidió de 1978 al 2000 y con el que ganó su primera Copa de Europa


Efe

Además del presidente más longevo de la historia del Fútbol Club Barcelona, José Luis Núñez fue, cuantitativamente, el más exitoso. Presidió el club desde 1978 al 2000, veintidós años en los que sentó las bases del Barcelona moderno, de esa poderosa máquina mediática y económica que es hoy, además de acumular 140 títulos entre todas las secciones.

Nació en Baracaldo, pero a los pocos meses, debido a la profesión de su padre, aduanero, se trasladó a Port Bou, primero, y muy pronto, en 1938, ya definitivamente a Barcelona, donde a partir de sus estudios de contabilidad y de la mano de su suegro, Francisco Navarro, fraguaría alrededor del ladrillo una ingente fortuna, hasta convertirse -según la leyenda- en el propietario de las mejores esquinas de la Ciudad Condal. Primero, como socio de su suegro para, posteriormente, anteponer su apellido al del padre de su esposa -Grupo Núñez & Navarro- y aprovechar el desarrollo inmobiliario español para afianzarse como uno de los constructores más prósperos del país.

Enfrentado a Jordi Pujol y a buena parte del nacionalismo catalán, se decía que Núñez había sido socio del Espanyol, pero al amparo de su creciente poder económico buscó en el Barça el reconocimiento de una sociedad que le trataba con un cierto desdén, cuando no como un intruso.

Fue elegido presidente del Fútbol Club Barcelona el 6 de mayo de 1978 tras sacar partido en las urnas de la enconada rivalidad entre los otros dos candidatos, Ferrán Ariño y Nicolau Casaus. Posteriormente, pactaría con Casaus, una persona de enorme prestigio en el barcelonismo, y con Joan Gaspart para formar un triunvirato con el que controlar de forma férrea todo lo que sucedía alrededor del barcelonismo y su entorno. A partir de entonces, el Barça dio un salto que le situó en el primer plano del deporte mundial, sentando las bases de una empresa moderna y poniendo parte de los cimientos deportivos que llegan hasta nuestros días. En ese tiempo, consiguió la primera Copa de Europa (1992), 7 Ligas, 6 Copas del Rey y 4 Recopas de Europa, pero quizá lo más importante es que dio una dimensión mundial a la entidad y aumentó el patrimonio del club, con la última gran ampliación del Camp Nou, el Miniestadi, el museo y la antigua residencia de La Masia y modernizando el Palau.

En el plano deportivo, de José Luis Núñez se recuerdan sus tensas relaciones con algunas de las estrellas, como Maradona o Schuster, y su casi enfermiza obsesión con los árbitros. Bajo su mandato se produjo también la traumática perdida de la final de la Copa de Europa disputada en Sevilla (1986) frente al Steaua y el motín del Hesperia (1988), cuando los jugadores -con el respaldo del entonces entrenador, Luis Aranés- pidieron su dimisión al sentirse engañados por los derechos de imagen y los pagos a Hacienda. Su poder se tambaleó entonces, pero resistió gracias a su inesperada alianza con Johan Cruyff y la costosa reforma de una plantilla que ganó la Copa de Europa y 4 ligas consecutivas.

La relación con el profeta del gol se fue deteriorando hasta una ruptura (1996) que marcó el principio del fin del nuñismo. «A Jesuscristo también le crucificaron», afirmó en el 2000, nada más presentar su dimisión en medio de una cruenta batalla en el barcelonismo. Once años después de desaparecer de la escena deportiva, en el 2011, fue condenado a 6 años de prisión por soborno a inspectores de Hacienda. El Supremo le redujo la pena a dos años y dos meses, por lo que en noviembre del 2014 entró en la prisión de Quatre Camins, donde permaneció 71 días antes de obtener el tercer grado. A la salida, con 83 años, retomó su actividad al frente del Grupo Núñez y Navarro hasta el pasado verano, cuando su salud ya no se lo permitió.

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