Quien crea que el partido de esta noche (20.30 horas, Teledeporte) de España contra Alemania en el Mundial de balonmano es un mero trámite, permítame que les diga que nada más alejado de la realidad. Es cierto que con unas semifinales definidas, la trascendencia disminuye y podemos pensar que la concentración de los jugadores de igual modo, pero no así el compromiso. Compromiso desde la fatiga con el futuro más inmediato y con un horizonte ya cercano que nos anuncia el momento clave de la vida de un deporte con clara vocación olímpica. Compromiso con el grupo y con la responsabilidad de un país que como mal menor quiere ver a los suyos luchando por el quinto puesto. Compromiso individual con el deber y el afán de superación intrínseco al espíritu de cualquier gladiador. Y créanme que los nuestros si algo se merecen es nuestra confianza y todo nuestro compromiso como amantes del deporte con una selección que sabe disfrutar cuando vienen bien dadas y aprender cuando toca lamerse las heridas.
Claro que esto del balonmano es un deporte de equipo donde el rival también tiene mucho que decir. Enfrente una selección anfitriona que sigue saboreando la victoria in extremis ante los croatas, donde tuvo que vaciarse totalmente para rentabilizar el matiz arbitral claramente decantado del lado germano. En el Mundial del 2007 sufrimos, en cuartos de final junto a los franceses en semifinales, el mayor atraco que se recuerda a este nivel. La agresividad permitida y consentida ante los croatas, la diferente escala a la hora de la aplicación del juego pasivo por poner algún ejemplo, no podía acabar peor que inventándose una falta en ataque que a la postre significaba el pase a semifinales de los anfitriones y el final de nuestras esperanzas, ante el éxtasis de los 19.000 espectadores y alcanzando un 32 % de cuota de pantalla. Precisamente por tener este deporte potencial para convertirse globalmente en un deporte de masas, y no solo en el continente europeo, es necesario una revisión seria y profunda de la estructura que imparte justicia. Esto no es nuevo. Sucede en muchos deportes, pero los hay que trabajan para minimizar el error humano. Con los medios tecnológicos actuales existe la obligación ética. Leonardo Da Vinci decía que la justicia requiere poder, inteligencia y, lo más importante, voluntad. Claro que a lo mejor esto va en dirección contraria a la cuenta de beneficios y seguramente no parezca la política deportiva más adecuada.
En un partido normal las variables a controlar son muchas y diversas. Las hay incontrolables y hoy estas serán las que definan el partido. Se conocen hasta los tatuajes y no caben sorpresas tácticas. Los alemanes querrán ser primeros para evitar en semifinales a su compañera organizativa y nosotros tenemos el compromiso de una victoria que insufla moral y prestigio.
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