Rafa luce un tenis casi perfecto


Tres lecciones magistrales ha impartido Rafa Nadal a tres talentos de la nueva generación, como De Miñaur, Tiafoe y Tsitsipas. Ha ido de menos a más sentando cátedra, porque por jerarquía el mejor de los tres es el griego y lo ha aplastado en todos los sentidos. Con el servicio, con la derecha, con su agresividad, con los cambios de ritmo y de direcciónes, con su intensidad, con su seguridad...

Nadal ha jugado al mejor nivel de toda su vida sobre pista dura y eso denota una confianza tremenda en las mejoras en su saque, en su vocación de agresividad y en su forma de entender el juego a partir del parón tras el US Open. Los ajustes funcionan a la perfección.

Ya intuíamos que el drive cruzado con peso de Nadal castigaría el revés de Tsitsipas. Para encontrar respuesta, con un golpe a una mano, se requieren más partidos frente al mallorquín. Así le pasó a muchos otros.

Tsitsipas fue un digno rival por su elegancia en la adversidad. Encajó la paliza con estoicismo, algo infrecuente. Cuando vienes de ganar a Federer y de verte señalado como uno de los verdaderos favoritos, y queda tan en evidencia la diferencia de juego frente a tu verdugo, podían aflorar malos gestos. En cambio, el griego lo intentó hasta el último juego, cuando ya vio que no había forma de parar a Rafa.

Sería una suerte para Nadal que ganase Pouille, pero Djokovic es favorito indiscutible en esa semifinal. Aunque, si hay un sitio propicio para sorpresas es Australia, y Nole ya mostró este año algún síntoma de bajón físico en Melbourne, otro matiz que puede facilitar un marcador inesperado.

Con toda cautela, apuntar que el Nadal que borró a Tsitsipas sería favorito ante Djokovic al 75%, un porcentaje insólito en los últimos años sobre pista dura.

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