Nadal habita otra dimensión

Aplasta a Tsitsipas, rendido a su excelencia, y disputará el domingo su quinta final en Australia


Cada mes de enero, Rafa Nadal afronta una nueva hoja de calendario con el mismo propósito, jugar más agresivo, ocupar una posición avanzada dentro de la pista, acortar los puntos... Pero su instinto de jugador de tierra termina moderando el plan cuando se plasma frente a los rivales más potentes. Esta vez va en serio, con una propuesta valiente que le ha plantado en la final del Open de Australia con solo 12 horas y 12 minutos en pista. El partido que mejor representa esa evolución de su tenis es el de las semifinales del Open de Australia, una exhibición incontestable.

A sus 32 años, tiende estos días a la perfección, instalado en la excelencia justo cuando la lógica menos hacía esperar una reaparición tan asombrosa en Melbourne. Con un tenis exquisito se acercó a esa utopía de hacerlo todo bien sobre una pista de tenis. Durante tres sets portentosos, otra vez sin dejarse una sola mancha, sometió a Stefano Tsitsipas, como hizo con Tiafoe, como había realizado antes con De Miñaur. Rostros nuevos, jugadores emergentes reducidos a una caricatura por un tenista diferente al resto. Su triunfo por 6-2, 6-4 y 6-0 le planta en la final del Open de Australia del domingo (Eurosport, 9.30) sin desgaste y con la confianza disparada. En el último partido se enfrentará con el ganador del duelo entre el serbio Novak Djokovic, sin duda el rival más temible para Nadal, y el frances Lucas Pouille (viernes, Eurosport, 9.30).

No es una hipérbole contar que Nadal lo hizo (casi) todo bien. Un repaso rápido a la muy maniquea película del partido lo confirma. Sirvió con ese nuevo gesto que le permite caminar hacia adelante con una eficacia muy alta. La prueba es que no cedió una bola de break hasta el anecdótico último juego ante un tenista desafiante como Tsitsipas, que golpea esa derecha con violencia, con un gesto y una empuñadura que recuerdan al mejor Del Potro. Cuando Nadal conectó ese reinventado primer saque, ganó el 85% de los puntos, con una media de 183 kilómetros por hora. De fondo, se movió con la agilidad de un adolescente y el hambre de un debutante, mientras repartía ganadores con ángulos imposibles para el larguirucho Tsitsipas. Desenfundó también el revés, con el efecto sorpresa de ese golpe corto y afilado a la esquina del cuadro de saque. Por eso aplastó el español al griego con 28 ganadores y solo 14 errores no forzados. Porque es ahora Nadal un tenista que no espera, sino que busca el punto cuanto antes. Y, a falta de pasar la prueba definitiva este año contra un Djokovic, un Del Potro o un Federer, parece convenido de mantener ese libreto valiente y ofensivo.

Casi sin querer, tan sobrado iba Nadal, que terminó en la red 22 puntos, más que Tsitsipas, que abrió el partido con un saque-volea que se quedó en anécdota. Así se escribe el proyecto más sólido del español para conseguir el segundo título de su carrera en Melbourne. Diez años después de aquel emotivo triunfo sobre Roger Federer, que terminó llorando durante la entrega de premios. Será su quinta final, alguna disputada andando por el dolor, como aquella ante Stan Wawrinka en el 2014, otra frustrada ya antes por lesiones como la que sufrió ante Ferrer en el 2011. Pero no hay rastro de queja en el mallorquín. «El deporte no está en deuda con nadie, aunque sí que es verdad que en este torneo he sufrido momentos muy duros por lesiones», indicó un Nadal que evita referirse a su tenis como el mejor de su vida. Aún así, Tsitispas, un prodigio de 20 años, fue incapaz de procesar lo que tenía enfrente: «Era como jugar en una dimensión de tenis completamente diferente», comentó el griego antes de añadir: «[Nadal] juega un estilo de juego diferente al del resto. Tiene el talento que ningún otro tiene. Nunca he visto que alguien tenga algo así, provoca que juegues mal».

Asombra Nadal a orillas del río Yarra después de pasar cuatro meses sin disputar partidos oficiales, desde que cayó lesionado en Nueva York durante el US Open. Su baja, incluido un paso por el quirófano para una intervención en el tobillo, la terminó aprovechando para cambiar la mecánica de su servicio y convencerse de que debía dar un giro más agresivo a su tenis. Ahora opta a su decimoctavo grand slam en 25 finales. Se quedaría a solo dos títulos de los 20 de Federer. Otra dimensión.

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