Un corazón nuevo que late a pedales

Un accidente en un entrenamiento en moto abocó a Santi Chao a un trasplante que superó gracias a la bici, con la que se cuelga medallas


Santiago Chao pilotaba su moto de enduro en un entrenamiento. Tenía entonces 29 años, estaba recién casado, con su mujer embarazada de seis meses, y se ganaba la vida como capataz forestal en Lugo. Aquel día, el destino le guardaba sobre las dos ruedas una mala pasada, en forma de accidente, que cambiaría su vida para siempre. «Noté un golpe muy fuerte en el pecho. Me llevaron en ambulancia a Burela y me quedé esa noche en observación. La mañana siguiente me hicieron un electro e, inmediatamente, pasé a la UCI. Ya estaba muy mal. Yo ya no lo supe, pero estaba muriéndome, mi corazón se iba apagando», recuerda. Han pasado, desde entonces, diecisiete años.

«No se sabe si se produjo un infarto por el shock del accidente o si el golpe presionó las arterias principales del corazón e hizo que se quedara sin riego. El problema iba degenerando cada vez más, hasta que a los tres meses me llegó el trasplante como una urgencia 0. Ya no se sabía si aguantaría diez minutos o dos días. Mi corazón funcionaba ya solo a un 8% de su capacidad». El órgano de un donante le dio una segunda vida.

«A partir de entonces me centré mucho más en el deporte por dos motivos claros, no solo por la exigencia del propio trasplante, también por una cuestión psicológica [estuvo dos años en tratamiento] y fue una válvula de escape fundamental. Me costó un mundo adaptarme, no fue como para alguien que está enfermo y sabe que espera un órgano. Yo un día estaba completamente sano y al día siguiente me estaba muriendo», describe.

Campeón de contrarreloj

Volvió a subirse, tiempo después, a una moto de enduro y se refugió en el atletismo y la bicicleta. En el 2016 se presentó a los Nacionales para trasplantados en la modalidad de contrarreloj. Se llevó la plata, que revalidó al año siguiente. Entonces se proclamó también campeón de España de los 100 metros lisos. Sus méritos le daban la oportunidad de acudir a los Europeos y a los Mundiales. Pero la cartera lo frenó: «Económicamente no puedo permitírmelo. Me hubiese gustado ir. El problema que tenemos en nuestra modalidad es que no van los que logran las mejores marcas, van los que tienen dinero, y yo vivo de una pensión».

Este pasado año, decidió desistir de los Juegos Nacionales y emprender otro reto personal que tenía en mente: «Hice la Transpirenaica -un exigente recorrido en bicicleta de montaña que atraviesa los Pirineos de este a oeste- por mi cuenta, con otro compañero, como experiencia de supervivencia y sin contar con ningún apoyo externo. Completamos el recorrido de casi 1.000 kilómetros en dos semanas». Este verano quiere aumentar el desafío. Pretende recorrer en bicicleta los más de 1.500 kilómetros que separan Lannion -en la Bretaña francesa- de Viveiro, dos villas hermanadas.

«No compito para ser campeón del mundo. Me ayuda mentalmente y a depurar medicación», matiza. A sus 46 años, confiesa que prefiere mantenerse enganchado al deporte que a las quince pastillas diarias que necesita.

Cinco gallegos trasplantados piden ayuda para competir

El caso de Chao no es único en Galicia. Junto a otros cuatro deportistas trasplantados han puesto en marcha una campaña de crowdfunding que trata, a través de otro tipo de donaciones -las económicas-, de ayudarles a proyectar sus méritos deportivos en competiciones. «Son cuatro días con todos los gastos a tu cargo. Vamos representando al equipo nacional y nos tenemos que pagar nosotros hasta la camiseta que pone España». Quien habla es Carlos Iglesias. Tiene 52 años y hace ocho que este coruñés convive con un riñón donado.

«Andaba en bicicleta y me costaba un mundo, me quedaba sin fuerzas. Veía que mis compañeros avanzaban y yo no era capaz. La recuperación al día siguiente era un calvario. La función renal me fallaba». Los primeros síntomas los había tenido ya con una artritis reumatoide a los 24 años.

El nefrólogo requirió a Carlos Iglesias que practicase deporte: «Cuando estaba con la diálisis se cruzó el golf en mi camino. Una amiga me lo recomendó y hasta entonces nunca me habia llamado la atención. Me sigue acompañando y me obliga a mantenerme en forma». Participó en los mundiales del 2017 y en los nacionales del 2018. Allí coincidió con Carlos Sánchez, un pontevedrés, que ejerció como oficial en el ejército -participó en misiones en Kosovo, Pakistán o Afganistán- y que renació el 2 de enero del 2014 gracias a un nuevo hígado. «No fumaba, no bebía y una hepatitis C me puso fecha de caducidad».

El deporte se convirtió desde entonces en una nueva forma de vivir para Sánchez. El lanzamiento -de jabalina, peso, bola y disco- le ha permitido coronarse entre los mejores del mundo. Se colgó un oro y una plata en el último mundial y logró otras tres medallas, una de cada color, en los últimos europeos. Y no está dispuesto a detenerse aquí.

El coruñés Javier González, con un doble trasplante de hígado, que también compite como golfista, y el lucense José Carlos Millares, que se vio abocado a un trasplante de hígado y otro de riñón, que lo hace como atleta, completan esta nómina de gallegos que buscan en la web microdearena.org un pequeño impulso para que su ilusión de seguir representando a España en lo más alto no les dinamite el bolsillo. 

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