Cristiano Ronaldo, grande y vano


Pónganse en la tesitura de elegir a los cinco mejores futbolistas de los últimos treinta años. Con toda seguridad, nombres como los de Maradona, Zidane, Ronaldo (el brasileño), Messi y Cristiano Ronaldo aparecerían en la inmensa mayoría de selecciones. Dando por bueno ese repóker, cabe plantear un nuevo interrogante: ¿De los cinco, cuál es el que menos calidad atesora? Muy probablemente la mayoría de las respuestas apuntarían a Cristiano Ronaldo. Si la pregunta fuese ¿cuál de los cinco es el más metódico y más fuerte mentalmente? De nuevo, muy probablemente, las respuestas apuntarían a Cristiano Ronaldo. Es el más inconformista. De ahí aquella pregunta que le hizo Simeone en su día a su ayudante, el Mono Burgos: ¿Para un equipo normal, a quién ficharías, a Messi o a Cristiano?

El portugués se gana a pulso su sitio entre los más grandes. Lo sostienen las cifras, los goles, el rendimiento, la voracidad. Y el engreimiento. El que demostró en grado superlativo tras conquistar la Champions en Kiev, cuando dijo sobre el césped: «Ha sido muy bonito estar en el Real Madrid». El que evidenció en el Wanda al indicar con los dedos de la mano el número de Champions en su palmarés. Y poco que decir del incalificable gesto que dedicó a los aficionados rojiblancos en Turín, que le valió la misma sanción que el de Simeone en la ida, a pesar de una notable diferencia entre ambos: uno no iba contra nadie, el otro sí.

Ha ganado mucho con el Manchester. También con el Real Madrid. Y ahora con la Juventus. No tanto con la selección, donde no está tan bien acompañado. Porque no responde tanto al perfil de jugadores que hacen mejores a los demás cuanto al que necesita que los demás lo busquen para poder brillar. Si conquista la Champions con el conjunto italiano probablemente se arrogará buena parte de los méritos y sacará ese perfil vano que a menudo lo acompaña. Se lo habrá ganado.

Cuando su carrera termine, y por cómo se ha cuidado y se cuida, le queda recorrido, si hubiera manera de hacerle una analítica difícilmente encontrarían restos de autocrítica y saldrían altos índices de CR7. Cuando no es protagonista se disgusta. No le basta con ganar. El día que no lo sostengan las matemáticas encontrará poco consuelo en la filosofía.

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