El peso de la chaqueta verde del Masters de Augusta y Sergio García

El español no gana un título en EE. UU. desde su victoria del 2017 en Augusta, adonde vuelve tras fallar los cuatro cortes de los grandes del año pasado


De vuelta al Augusta National como campeón, un estatus vitalicio en las normas de uno de los clubes más exclusivos del mundo, Sergio García eligió hace 12 meses arroz con bogavante como menú para la cena de ganadores. Un acto donde compartir batallitas dos noches antes del Masters, rodeado en una concentración de leyendas del golf difícil de reunir en ningún otro contexto. Tiempo para compartir anécdotas, los achaques del abuelo Jack Nicklaus, la ingeniosa simpatía de Fed Couples, la seguridad de Gary Player y la elegancia y saber estar de Chema Olazábal. La velada forma parte del ceremonial del más joven de los grand slams, pero el que se ha dotado de una liturgia más característica que remite a la tradición y unos códigos propios. Sergio García ya lució su chaqueta verde de campeón y miembro honorario del club en dos de esas cenas. La prenda que, cuando ganó en el desempate el título del 2017, debía despojarle de la carga de ser el Poulidor del golf, el mejor jugador sin un major, consagrado por fin después de 74 intentos. Pero, de vuelta a Augusta, El Niño tardó menos de una ronda en constatar el peso de la chaqueta verde sobre sus hombros. Llegó al emblemático hoyo 15 y mandó su bola cinco veces seguidas al agua, para conseguir un hito (negativo). Un resultado de 13 golpes en esa bandera. Desde hoy (Movistar Golf, 21.00), dos años después de ganar el Masters, afronta el enésimo reto de ganar de nuevo un título, cualquier título, en Estados Unidos. No lo volvió a hacer desde aquel desquite en el hoyo 18 durante el desempate contra Justin Rose. Desde entonces, demasiada irregularidad -dos victorias en el Valderrama Masters, del circuito europeo-, frustración, salidas de tono y resultados discretos. Apenas un vigésimo primer puesto en el US Open como mejor resultado desde entonces en un major y cuatro cortes fallados en sus cuatro intentos en el 2018. Eso sí, un papel estelar en la Ryder Cup de París, convertido en el europeo con el mejor registro de todos los tiempos.

«El año está siendo consistente. He tenido dos o tres opciones de ganar, pero no se ha conseguido. En líneas generales estoy bien, trabajando duro e intentando mejorar al máximo», comentó al llegar a Augusta, como queriendo convencerse de su estado de forma.

Después de su triunfo en el Masters del 2017 García se empeñó en destacar que ya era igual de feliz antes de ganarlo. Hoy se reencuentra con el torneo sin una parte de la carga, la del campeón defensor, que descansa sobre Patrick Reed. Juega una de las primeras partidas del día (15.59, hora española), muy competitiva, sin venerables veteranos, sino que compartirá paseo con el sueco Henrik Stenson, con el que comparte una buena relación, y el estadounidense Tony Finau, una de las sensaciones del 2018.

El campo, pese al complejísimo sistema de mantenimiento que lo dota una especial dureza alrededor de las banderas, a la fuerza se ablandó esta semana por las intensas lluvias. Las consecuencias: greenes algo más receptivos y calles más pesadas y lentas.

El Masters, como siempre, es el grande con una lista más corta de jugadores pero, al mismo tiempo, el mayor número de focos de atención: las posibilidades reales de Tiger Woods de ganar su quinto título en Augusta, la opción de Rory McIlroy de redondear su Grand Slam, la increíble regularidad de Jordan Spieth en este campo, el debate sobre la vigencia de Phil Mickelson, la ambición de Jon Rahm...

Para ganar en Augusta suma puntos la experiencia en el campo, pero el torneo no premia tanto el estado de forma sino la capacidad para rendir justo en sus endiablados greenes. La jerarquía del ránking apenas pesa, al menos en los últimos años. Desde que en 1986 se creó el sistema de clasificación actual, solo ganaron cuatro jugadores que lucían el número uno (la última vez sucedió en el 2002 con Woods). Y por primera ocasión desde todos los anteriores ganadores del Masters están fuera del top-10. García, Rahm, Olazábal y Rafa Cabrera forman el cuarteto español en el primer grande del año.

El arte de hacer del golf un espectáculo

Manuel Piñero

El Masters, el más joven de los grand slams, estaba en los años 60 y 70 por detrás del resto: el US Open era el preferido para los americanos, el British para los europeos y el PGA surgía representaba el tercero en discordia. Pero Augusta ha sido el campeonato que mejor ha entendido el golf como un espectáculo moderno, vistoso, original. Por eso cada primavera engancha a un público que va más allá del habitual de golf. Es un show por la preparación del campo y sus rituales; y así ha enganchado al espectador joven. A todos nos encanta. Mi primer favorito, para mojarme, es Rory McIlroy porque está jugando muy bien y lo tiene todo para este campo. Si abrimos la apuesta, también veo entre los principales candidatos a Dustin Jonhson, Justin Rose, Justin Thomas y Louis Oosthuizen. Dos españoles cuentan para mí: Jon Rahm, quien lo tiene todo para ganar en Augusta, pero necesita terminar las últimas vueltas, algo que le está costando; y Sergio García, al que veo francamente bien, con varios torneos recientes entre los 10 o 15 primeros.

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