Es España, no Yugoslavia


Hubo un tiempo en el que, en cuestión de baloncesto, apetecía ser yugoslavo. En los años ochenta y noventa aquellos equipos balcánicos eran insumergibles. Las circunstancias eran lo de menos. No importaban ni el momento ni el lugar. Encontrárselos en un grupo, en una eliminatoria o en una final era como tener un encontronazo con Al Capone en Chicago. Los rivales soñaban: este año parece que son demasiado viejos, al siguiente puede que nos toque contra unos mocosos... Pero no importaba, seguían siendo una pesadilla. El Joventut sufrió uno de los episodios más crueles de aquel síndrome cuando cayó en el último suspiro de la final europea frente al Partizán de Belgrado con un triple imposible de Djordjevic. En el baloncesto femenino desde hace unos cuantos años el dentista es España. Nadie quiere jugar con ellas. No importan las ausencias ni los ránkings de la FIBA. Mejor compartir cancha con cualquier otro. Porque esta selección se agarra a la vida como nadie, con esa defensa, con ese ritmo, con ese espíritu de equipo. Con su corazón ellas han destrozado a anfitriones de grandes torneos, doblegándolos en la cita de su vida, han reventado a favoritos y se han convertido en la bestia negra de Francia. Cuando ha hecho falta, también han ganado sobre la bocina, a lo Djordjevic: lo hizo Anna Cruz con aquella inolvidable canasta en los Juegos de Río que eliminó a una Turquía que ya se veía en semifinales. Dos única selecciones españolas, la masculina de hockey sobre patines y esta femenina de baloncesto, han logrado construir un ciclo tan glorioso, con un camino de medallas tan asfaltado. Y menos con esta naturalidad, con capitanas que comentan que no tienen que darse mucha importancia en la vida porque tan solo meten «canastitas». Cuando se rompa el hechizo, que algún día llegará, esperemos que ninguna niña tenga que escuchar de nuevo que el baloncesto femenino es una especie de brilé.

Una plata en este Eurobasket 2019 también habría sido histórica, un nuevo podio, otro metal en el palmarés de esta selección que cuenta sus campeonatos por títulos. Pero, claro, no era suficiente. No para esta España.

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Es España, no Yugoslavia