Nadal y Nole, claros favoritos en el US Open que comienza mañana

El buen momento de ambos tenistas les coloca un escalón por encima de Federer, Thiem o Medvedev


Fuegos artificiales, shows, música, ruido, grandiosidad, calor, humedad... Son algunas de las características del último Grand Slam de la temporada. Así como Roland Garros ha sido siempre, (y así continúa), el torneo por excelencia de la tierra batida, y Wimbledon el templo de la hierba con unas características y peculiaridades especiales, el US Open tiene más similitudes con el Grand Slam australiano. Ambos se juegan con mucho calor y humedad; ambos comenzaron disputándose en hierba y han acabado jugándose en superficies sintéticas; ambos han cambiado de sedes hasta asentarse en el Flinders Park de Melbourne y en Flushing Meadow de Nueva York; ambos comparten que al ser el primero y el último de la temporada, es más difícil predecir el estado de forma en el que llegan los jugadores. En el australiano después de la pretemporada, y en el norteamericano, ya tras muchos torneos disputados. En los dos, predominan los espectáculos, el ruido, y un extraordinario ambiente fuera de las pistas.

Sin embargo, el US Open, al igual que Nueva York, la ciudad que lo alberga, es incomparable en grandiosidad. Tanto en instalaciones -con la impresionante pista central, la Arthur Ashe-, como por el bullicio del recinto, en el que proliferan lugares de entretenimiento, tiendas, cafeterías, restaurantes con espectáculos y música... Todo en un fantástico ambiente que se acrecienta en la jornada nocturna.

Pionero en muchos aspectos, el US Open fue el primero en igualar los premios en las pruebas masculinas y femeninas, conseguido en 1973, (¡34 años antes de que lo implantase Wimbledon!), gracias al movimiento de presión que ejercieron un grupo de jugadoras, con Billie Jean King a la cabeza, y que supuso un hecho histórico en el deporte mundial.

También fue el primero en programar jornada nocturna y en reglamentar el que hubiese tie break en el quinto set; en experimentar el uso del reloj en pista para regular el tiempo entre puntos, y en destacarse como el torneo con mayor dotación en premios, 57 millones de dólares, un ocho por ciento más que en la pasada edición. Inaugurado en 1881 en Newport, es el único Grand Slam que se ha jugado en tres superficies diferentes: hasta 1977 en hierba, durante un breve período de tres ediciones (1975-77) en tierra, y desde 1978 hasta la actualidad en superficie sintética.

Palmarés inalterable

En lo que el torneo neoyorquino no se diferencia mucho de los otros tres grandes de la temporada es en su palmarés de los últimos años, dominado en todos ellos por Nadal, Djokovic, Federer y Murray, con Wawrinka, Del Potro y Cilic como esporádicos intrusos en el aplastante dominio ejercido por el español, el serbio, el suizo y el británico. Anderson y Nishikori, también lograron alcanzar una final, hecho que no consigue ningún norteamericano desde que lo lograra Roddick en el 2008, siendo el jugador de Nebraska el último en conseguir ganar, en el 2003, antes de que Roger Federer dominase durante cinco años consecutivos. El suizo no volvió a proclamarse campeón desde entonces, perdiendo las finales que disputó en el 2009 ante Del Potro y en el 2015 ante Djokovic.

Después de 11 años, la pregunta es, ¿puede el fenómeno suizo volver a ganar en Flushing? Lo vemos muy improbable. Roger llega con una preparación muy corta, y para ganar tendría que superar a cinco rivales en condiciones atmosféricas y de superficie mucho más duras que en Londres, Y si lograse alcanzar las semifinales, muy probablemente superar consecutivamente a Djokovic y Nadal, hecho que nunca ha logrado. De todas formas, descartar al fenómeno suizo, tras su impresionante retorno, sería una temeridad. Tiene un buen calendario hasta la cuarta ronda, en la que si llega tendrá que superar como posibles rivales a partir de entonces a Goffin, Raonic o Coric y Nishikori. La dureza de los partidos que dispute marcarán sus posibilidades en el torneo.

El físico de Medvedev

Novak Djokovic, por su parte, defiende título y es sin duda, al igual que Rafa, el gran favorito. Vencedor ya en la edición del 2011, disputó 4 finales más en el 2010, 2012, 2013 y 2016. Muchos analistas comentan que tiene el peor cuadro, pero a mí no me lo parece. Es cierto que tiene por su lado jugadores peligrosos como Quarrey, Anderson o Wawrinka, y Fognini o Medvedev en cuartos, pero veo difícil que ninguno de ellos pueda sorprender al serbio en partidos a cinco sets. El ruso que acaba de ganarle en Cincinnati, está haciendo una gran temporada, pero hay que ver tras el desgaste de tantos partidos en qué condiciones llega a un torneo tan exigente en lo físico. A Novak le ganó jugando al límite, algo difícil de mantener en un partido largo.

En cuanto a Rafa, llega en un excelente estado de forma, y es aspirante a todo. Comienza el torneo frente a un rival peligroso, el australiano Millman, que eliminó a Federer el pasado año y perdió en cuartos de final ante Djokovic. Si como es previsible supera al australiano y con una segunda ronda más fácil, el español tendría como posibles rivales a Verdasco o Chung en tercera, Isner, Cilic o Struff en cuarta, y Kachanov, Zverev o Tiafoe en cuartos. Si alcanzase las semifinales, su rival saldría de una parte del cuadro con muchos aspirantes entre los que destacan Tsitsipas, Bautista, Thiem, Auger, Kyrgios, Monfils, Gasquet y Simon.

En definitiva, que a diferencia de la prueba femenina en la que cualquiera de las favoritas puede ser eliminada a las primeras de cambio, y en la que es muy difícil pronosticar quienes alcancen las rondas finales, en la masculina Rafa y Nole son claros favoritos a disputar la final. Un escalón por debajo hay que situar a Federer, y después, comprobar si Medvedev, Tsitsipas, Kachanov, Zverev, Auger, Kyrgios o Thiem son capaces de desbordar a los eternos dominadores del circuito.

Armada española

Dieciséis españoles disputarán el cuadro final, once en la prueba masculina y cinco en la femenina, en donde una vez más la atención estará en comprobar el rendimiento que puede ofrecer Garbiñe Muguruza.

Lo que es seguro es que nadie se aburrirá, porque el US Open garantiza el espectáculo y también la incertidumbre de si será el primero en ver explotar a los jóvenes desbancando a Djokovic, Nadal o Federer o continúa la disputa entre los tres grandes en seguir engrosando su palmarés.

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