El día que Rod Laver logró su segundo Grand Slam auténtico

El 9 de septiembre de 1969 ganó el US Open. Había logrado los 4 majors como amateur, y ahora repetía como profesional, mientras su mujer esperaba para dar a luz en California


Pecoso, bajo de estatura, zurdo, con un gran antebrazo, rápido, ágil, innovador, dotado de una gran técnica en todos sus golpes, la trayectoria de Rod Laver (1938 Rockhampon, Australia), es la de uno de los jugadores más grandes de la historia del tenis. ¿El más grande? Creo que es imposible comparar generaciones separadas en el tiempo, y sobre todo en tan distintas circunstancias de facilidades de materiales, raquetas, superficies, alimentación, equipos de entrenamiento, etc.

Pero lo que es indudable y totalmente objetivo es que el zurdo australiano es el único jugador que junto con Donald Budge en 1938, ha logrado ganar el Grand Slam (los 4 grandes en el mismo año), y lo ha hecho en dos ocasiones, en 1962 y en 1969, algo que nadie ha conseguido repetir hasta la fecha.

Pero no queda ahí la hazaña de Laver. En aquella época, los jugadores no eran profesionales, sino que solo les cubrían los gastos. Ante esa situación, Jack Kramer, el que fue un gran campeón norteamericano y una de las personas más influyentes y determinantes en la historia del tenis, fundó en 1954 su propio circuito, fichando a varios de los mejores jugadores de la época, y formando la famosa troupe de Kramer, de la que formaron parte González, Rosewall, Gimeno, Trabert, Darmon,… y que dieron la vuelta al mundo jugando en multitud de ciudades. Al ser profesionales, no se les permitía jugar los grand slams, ni representar a sus países en la Copa Davis. Laver firmó con Kramer en 1963, por lo que estuvo seis años sin poder jugar ninguno de los grandes hasta que en 1968 se unieron profesionales y amateurs y en 1969 volvió a ganar los cuatro grandes, pero esta vez con más mérito, ya que no faltaba ningún jugador.

Considerado el número 1 en el campo amateur en 1961 y 62, lo fue en el profesional desde 1964 a 1967, y cuando se produjo la unión y se inició la era open, Rod volvió a ser considerado número 1 en 1968 y 1969.

Para situarnos en la realidad, hay que tener en cuenta que nos referimos a una de las mejores épocas de la historia del tenis, en la que los australianos, bajo la batuta de Harry Hopman, ganaron nada más y nada menos que 16 Copa Davis en 22 años. «No les enseño a jugar, simplemente les pongo en forma para que puedan ganar», decía el mago australiano, que luego se trasladaría a EE.UU.. Una época en la que proliferaban jugadores de un nivel excepcional, como Pancho González, Rosewall, Emerson, Gimeno, Santana, Pietrangeli, Olmedo, Newcombe, Roche, Arthur Ashe, Tony Trabert, Neale Fraser, etc.

Pancho González, con su gran envergadura, tenía un saque formidable que le permitía ser preciso en la volea. Rosewall un revés excepcional, Santana la magia, Pietrangeli el toque, Emerson un físico portentoso, Ashe la elegancia y la táctica, pero el más completo e innovador de todos ellos fue Laver, que dominaba todas las facetas e incluso comenzó a imprimir top spin a sus golpes, efecto poco conocido entonces.

En 1962 pasó sus mayores apuros en Roland Garros, donde tuvo que remontar 3 partidos a 5 sets ante Mulligan, Fraser y Emerson. Ante Mulligan llegó a tener que salvar una pelota de partido en contra.

En 1969 le ganó la final de Australia a Gimeno, la de Roland Garros a Rosewall y la de Wimbledon a Newcombe. Le faltaba Nueva York, donde para aislarse de la tensión, renunció al hotel oficial y aceptó la invitación de Charlton Heston para alojarse en su casa de Manhattan. Allí estuvo acompañado por su amigo el jugador neozelandés McDonald, que además de esparrin, cocinaba para él y le mantenía distraído para soportar la presión, ya que en aquellos momentos se sumaba la propia del acontecimiento, a que su mujer Mary estaba a punto de dar a luz en California.

Tras superar a Ralston, Emerson y Ashe, el rival en la final fue su compatriota Tony Roche. Llovió toda la semana y las pistas estaban húmedas. Aquel 9 de septiembre, Roche se impuso 9-7 en el primer set. Laver, que no se encontraba cómodo, pidió poder jugar con unas zapatillas de clavos al juez árbitro. Este aceptó, y Rod ganó con facilidad los 3 sets siguientes.

Laver siguió jugando a gran nivel, manteniéndose en los primeros lugares del ranking (en 1974 con 36 años era el cuarto del mundo).

Una vez retirado, el gran campeón australiano ha dejado tras de si no solo sus records, sino también la estela de un formidable jugador, que unió a sus excepcionales resultados, una técnica que inspiró a muchos de los siguientes campeones, (Sampras entre otros) y una exquisita deportividad que le han granjeado no solo admiración por su juego, sino también la simpatía y el respeto de todos los aficionados.

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