Scariolo dibuja el oro más táctico

El título era difícil de ver hace 15 días; hoy es real tras el torneo en el que el técnico y sus ayudantes dejaron una mayor huella


La persea de más valía cayó de forma inesperada en nuestro bando. Difícil de imaginar hace quince días que España sumase el segundo oro mundial de baloncesto. El primer cetro sin la presencia de Pau Gasol. Por eso es la conquista más valiosa de nuestro baloncesto. La más táctica. El paso que nos faltaba. Llevan rumiando unos cuantos profesores, nacionales e internacionales, que España se había terminado con la marcha de la generación de oro, léase Felipe, Pau, Navarro, Calderón y unos cuantos más. Les han pegado en la cara pero con muchas ganas. Mientras tanto España ha dado en el clavo a base de lo que mejor sabe hacer cada verano. Competir. Tiene nuestro equipo la maldita rutina de empezar perezoso, autocrearse problemas y poner en marcha el ventilador del «esto ya lo decía yo»...

Pero no. España creció de forma superlativa a cada paso. Argentina fue un muñeco. No tuvo ni la mínima oportunidad. Cero. Desde el salto inicial. Dicen que en las finales hay que arrancar bien y marcar el patrón. Ese 12-2 fue determinante. Ya nada fue igual. Es más, llegado el inicio del último cuarto pareció un deja vu del Mundial de Japón 2006 y hasta pensamos en una paliza. Pero Argentina se parece tanto a nosotros que jamás entregó la cuchara. A falta de dos minutos escasos, con 16 puntos abajo, dijo basta. Pidió clemencia. Ha sido un placer ver un rival tan respetuoso con el juego e inferior en el 90% del juego pero con un orgullo como nadie.

El rebote fue abrumador. Nuestro boquete principal se convirtió en aliado. Fue apabullante la superación española en ese aspecto. Preparó el partido Scariolo y su staff nuevamente al dedillo. Una verdadera lección del italiano. De largo sus mejores éxitos como profesional van ligados a este grupo. Ellos se llaman La Familia.

Se juntan los veranos y nos hacen soñar. Y este 2019 me parece irrepetible. Sé que Ricky se llevó además el MVP del torneo, pero puntualizar que el capitán del equipo, Rudy Fernández, ha sido mayúsculo en este torneo. Ha pasado de pensar en ser la estrella, a ser el mejor jugador de equipo en el mejor Equipo, con mayúsculas, del Mundo. Ni más ni menos. Marc, Claver, Pau Ribas, Willy, Juancho y Lull, chapeau. Ayer la sorpresa la tenían guardada para Oriola. Otra variedad táctica de Sergio Scariolo. Un Sergio y staff, de diez. Extraordinario.

Y un enorme chapeau a todos los jugadores de las horrorosas ventanas FIBA. La medalla también es de ellos.

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