Tony Bland y los otros 95 muertos de Hillsborough


Para alguien que considera una cola de embarque, una barra libre en fin de año o un encendido de luces navideñas algunos de los peores lugares del mundo para estar, imagino el nivel de horror vivido en Hillsborough el 15 de abril de 1989 y sudo.

El Liverpool, protagonista 4 años antes en Heysel, volvió a darse de bruces con la tragedia. Está vez con los muertos en su grada.

En aquel segundo alud humano perdieron la vida 96 aficionados reds. Aunque para las autoridades inglesas fueron 95. Porque el número 96 —se llamaba Tony Bland— sobrevivió malamente hasta el año 1993. Las heridas de Hillsborough lo mataron, aunque fue la eutanasia —la primera aplicada en el Reino Unido— la que acabó con su vida.

Pero para la ley, como si hubiese sido hincha del Everton o del United. De acuerdo a la legislación de 1989, un delito de muerte prescribía si el fallecimiento llegaba un año y un día después de los hechos encausados. Un año y un día, muy british.

Los malos de aquella historia fueron los policías. Los malos, que no los culpables según la justicia.

Todo está grabado. El superintendente Roger Marshall trataba de sacar la cabeza para respirar a contracorriente, en plena riada de camisetas rojas. Los aficionados habían llegado tarde a Sheffield porque la M-62 estaba en obras. También por los controles que pararon a los miles de coches procedentes de Liverpool para confiscarles el alcohol y cosas peores.

El superintendente Roger Marshall, desesperado y primando vivir al operativo, pidió a su superior y responsable del operativo que abriesen los accesos. David Duckenfield autorizó a abrir las compuertas de la presa humana. Allí entró todo el que quiso. Resultado: 95 muertos, 766 heridos, un futuro cadáver y 30 años de pleitos que terminaron esta semana.

David Duckenfield ha sido declarado no culpable de negligencia grave en el homicidio involuntario. Su cara al salir de las cortes, donde le esperaban los derrotados familiares de las víctimas, no era de alivio. El policía de Hillsborough cometió un error. Uno gravísimo que le costó una condena de 30 años de tribunales. Siempre paga el maquinista.

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